I
En el solsticio la luna,
la del círculo polar,
por fin se pone a bailar
pues la luz no es sólo una.
Se cena y se desayuna,
se recuesta y se levanta,
se contiene y se atraganta,
como en la playa un ola.
La gente ya no está sola
durante las noches blancas.
II
El sol conoce a la noche
y la noche se enamora,
sabe que a partir de ahora
todo acto será derroche,
cada beso será un broche
que sellará los amores.
Tiempos enamoradores
son los de las noches blancas
que sacan de entre las zanjas
los sentimientos mejores.
III
Un muchacho solitario
disfruta el nocturno día
henchido en la compañía
de la cual carece a diario
Convertido en emisario
de la alegría matutina,
por la penumbra camina
cantando cantos de amor.
No existe nada mejor
que la nueva noche albina.
IV
Una muchacha olvidada,
que reconoce la sombra,
no se alegra ni se asombra
con la mañana estrellada,
no piensa ni siente nada
hasta que las dos estrellas,
olvidando su querella,
le hacen mirar a los ojos
a alguien lleno de despojos
pero con un alma bella.
V
¿De qué podrán platicar
dos chicos desconocidos?
¿Se sentirán confundidos?
Es duro de imaginar
el no saber saludar;
no saber si es de mañana,
no saber si la lejana
luna está alumbrando el día.
Se charla por la alegría
de estar las bocas cercanas.
VI
El sol y la luna juntos
juntan hombres y mujeres,
convierten llanto en placeres,
y todos nuestros asuntos
ya no se tratan por puntos.
Lástima que poco dura
la noche con su blancura.
De nuevo la soledad
se regresa a su lugar:
hombre solo y sin cordura.
VII
La soledad es eterna
para el alma alrevesada
qué camina enamorada;
es una experiencia alterna,
más violenta, menos tierna.
Algunas veces arranca
(cuando arranca se atrabanca)
un suspiro desahuciado
de un muchacho enamorado
de la fugaz noche blanca.
VIII
Y así se marcha fugaz,
con la rotación terrestre,
la luna blanca y silvestre
dejando la mañana en paz.
El sol recoge su haz,
dejando la noche oscura.
Las noches blancas no duran
tampoco la compañía.
¡Soledad de porquería,
nos abraza con locura!
IX
¡Se acaban las noches blancas
como se acaba la vida!
No hay entrada ni salida,
no hay ni una mentira franca,
no hay abismos ni barrancas,
sólo hay triste soledad
y un deseo de caridad
que hacía el confín se abalanza.
Sólo queda la esperanza
de conocer la verdad.
X
La verdad sólo se espera
como se espera el eterno
rotar que marca el retorno
de la luna mañanera
y del sol que desespera
por no poderse dormir,
no poderse confundir
con una pequeña estrella.
La verdad es siempre bella,
da esperanza de vivir.
XI
Dios dió el regalo del tiempo
dando al cielo dos lumbreras,
con ellas duermen las fieras
y medimos los momentos.
El tiempo no es movimiento
para el Verbo primitivo:
el movimiento es creativo
y el tiempo es realizador.
La luna ofrece el candor
del sol, de noche, cautivo.
XII
Días eternos, blancas noches,
sobre las aguas del puerto,
sobre los vivos y muertos,
sobre caballos y coches,
causan locura y derroche,
pues el mundo se ilumina,
luciendo como acerina;
adornando el cuello terso
del infinito universo
la noche blanca termina.
Glauco
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