las rutas del cariño y del desdén.
Nos ata a la prisión de mal y bien
y en la atadura frágil nos desquicia.
No es propio del cristal enloquecer
ni es propio del cristal resquebrajarse.
Traslúcido permite que al pararse
delante todos, todo, puedan ver.
El brillo y los colores se habilitan
trayendo en su fulgor besos azules,
terrenos carmesí y blancos pirules.
El vidrio y sus caricias nos excitan.
No hay una cosa más efervescente
que ver cristal y un mundo diferente.
Glauco