y de pronto nos enceguece el frío.
Nada huele y el viento está vacío,
allí en ello la timidez nos duele.
Algo queda después de lo extraviado:
una huella, un patrón, un traumatismo.
El adiós se deshace de lo mismo
y lo mismo en lo mismo se ha quedado.
Compasión, ¡compasión para el de afuera!;
¡compasión para aquel que permanece!;
es la ausencia una fe que se padece.
A la flor no le importa que se muera
su calor con la métralla del frío,
vive igual que nos hábita el vacío.
Glauco