Pero si hubiera amor, más algo habría;
tus cejas, tus pestañas: la armonía
de ver la vista y ver en la mirada
el tono del placer y la alegría
de ser una sonrisa pronunciada.
Y justo por todo esto la morada
de amor no es la palabra es la empatía.
Nos hablan del amor los naturales
caminos, los distópicos canarios,
las estaciones de los calendarios
y las velas danzantes nocturnales.
No sabemos hablar el mismo idioma,
la palabra de amor, así, se asoma.
Glauco