ese rayo que sin tocarnos roza.
Estremece la paz, liba y destroza
el sencillo ritual que está en mirarlos.
Son los besos sudor imaginario
derritiendo en los ojos la sabrosa
sensación de olvidar la cara hermosa
que conforma el silencio con los labios.
Se diluye la sal en la saliva
y el intruso rizado adorna el grueso
y menguante durazno que da el beso.
La lujuria en miradas está viva.
La lujuria divinas vidas cuenta.
La lujuria en los labios nos alienta.
Glauco