En tu silencio me agoté del ruido.
En tu silencio conocí el sonido.
En tu silencio me sentí atrapado.
No puedo descifrar lo silenciado.
No puedo hacer que suene lo perdido.
No puedo amanecer sobre tu oído.
No puedo germinar lo pronunciado.
No puedo, en tu silencio, hacer vibrato.
En tu silencio no rezo tu credo.
No puedo no callar. No. ¡No! ¡No puedo!
Y sigo en tu silencio siendo ingrato:
buscando, para ti, cantar el rezo
de un silbido escapándose de un beso.
Glauco