La brisa se convierte en flor de lodo
si el viento no la vuelve de sí mismo.
La flor de lodo yace en ese abismo
donde todo lo muerto mata a todo.
El lodo petrifica a las gotitas
y, grave, las revuelca contra el suelo;
infierno de desear volver al cielo,
de hojar y deshojar las margaritas.
Así, las gotas son monstruos de barro,
estalactitas contra el cielo muerto,
un corazón con el dolor abierto,
un alma desgarrándose al desgarro.
Libera el monstruo la gota de brisa
que tal vez vuelva a ser una sonrisa.
Glauco