no son más que pedazos de una casa
que ya no tiene puertas y quien pasa
por ellas siente lágrimas confusas.
Lloran desde lo antaño las ventanas
y por sus gotas pasan mil visiones.
El que se asoma ve los corazones
de lo que fueron éticas humanas.
De lo que había ya no hay. Hoy es distinto
el mundo: casas, cuevas, pasajeros;
amigos, ambiciones y tequieros.
Sin puertas la memoria es laberinto
y quien se acuerda vaga en un estado
prohibido y fantasmal, en el pasado.
Glauco