Sin mar, sin horizontes, escondida,
detrás de lo que cae en gravedad,
la brisa se convierte en tempestad
y trae, para las nubes, despedida.
¿En qué paraje, en qué olvidado techo
se centrará la mar disminuida
por la erosión, lo grave y la caída?
No sé, pero algo de ella cae al pecho.
El mar dentro del mar de nuestro alivio
da espera por la ausencia a nuestra voz.
Vemos al cielo y decimos adiós
mientras el corazón se vuelve anfibio.
Mucho nos da la lluvia y mucho pide.
La nube se desdá y también se despide.
Glauco