Presentación

Presentación

lunes, 9 de marzo de 2026

Las luces del ocaso

A las luces del ocaso
les pedí parir mi sombra 
encima del suelo raso 
con su luminosa alfombra. 

Cítricamente radiantes 
me dieron más que el proyecto
de mi sombra. Palpitantes, 
dieron marcha a mi trayecto. 

Y en mis ojos nada claro,
nada malo, nada bueno, 
todo simple, todo raro, 
todo vacío, todo lleno. 

Y así seguí mi derroche:
marcando en el sol mi paso
con su paso hacia la noche…
con las luces del ocaso. 

Glauco

domingo, 8 de marzo de 2026

La fiesta

Nada vuelve a ser igual
tras vivir un nuevo día.
Es descanso. Es alegría.  
Es llama antinatural. 
Es fundación seminal
de la mítica respuesta
a la pregunta. Es apuesta
por el bien y por lo eterno.
Es girasol en invierno. 
Es vivir en una fiesta. 

Todo es la bendición 
de amarnos sin comprender
el ser hombre o ser mujer.
Todo es purificación 
si se apresta el corazón 
al momento divinal
que invoca al verso manual
de amar para revivir
y en todo poder decir
“Nada vuelve a ser igual.”. 

Glauco

sábado, 7 de marzo de 2026

Recuerdo

Varias veces vi sobre la vitrina
una figurita de porcelana;
varias veces vi tras de la ventana
una línea de pelusita albina.

Varias veces vi doblando la esquina
una sombra pálida, casi arcana;
varias veces vi muerta a la mañana 
entre olor a muerte y a gasolina. 

Y sé que lo vi porque alguien me dijo
que eso sucedió, que yo lo vivía.
No recuerdo el mes ni el año ni el día.  

Volví a ser feliz. Volví a ser el hijo.
Volví pa' olvidar que nunca me fui. 
Volví a recordar lo que a veces vi. 

Glauco

viernes, 6 de marzo de 2026

Para morir

Digámosle a quien oiga que hay que amar. 
No importa que se mueran nuestros ojos
ni menos que acabemos en rastrojos
si envenenamos el acariciar.

Seamos algo de beso, algo de vuelo,
algo de pez, algo de jardinera,
algo de jacaranda, algo de fiera,
algo de madre y dios y algo de hielo. 

¿Qué cuesta algo de amor en este mundo? 
¿Qué cuesta?, dime ¿qué? ¡Que alguien me diga!
¿En dónde están la fe, la vid, la espiga? 

Oigamos el “te quiero” más fecundo,
ése que nos invita a vivir menos
amando, porque amar nos hace buenos. 

Glauco