Soplar la liviandad de viejos besos.
Bordar la desazón de los decesos.
Vibrar los sentimientos detractores.
La mínima pasión nos aprovecha
para pararse en medio de la plaza
y ver lo que la excita y la desplaza:
la vida, su ignición, la rauda brecha.
De no saber estamos poseídos.
No sabemos besar y no queremos
saber si en él está lo que tenemos
No sabemos sentir y los olvidos
nos llagan, nos hacen opositores
de ver la congestión de los vapores…
Glauco