traen la sed que no perdona,
son el pecado temprano,
son el beso que traiciona.
Sin trabajo, sin la paz…
Sólo el amor ilusiona
con que puede darnos más
ese beso que traiciona.
Esto es nosotros mismos:
mismo sitio, misma zona;
mismo yo, mismos abismos;
mismo beso que traiciona.
Vivimos en la cornisa
de la pasión que obsesiona.
Vivimos siempre de prisa
tras del beso que traiciona.
No es maligna la traición
si en el eros erosiona,
si convierte al corazón
en el beso que traiciona.
Glauco