Presentación

Presentación

viernes, 13 de febrero de 2026

Yo hablo de amor

Yo hablo de amor porque al amor me aferro,
al tímido saludo, al fiel abrazo,
al mágico recuerdo en el ocaso
que canta para mí y mi testaferro. 

Yo hablo de amor porque al amor encuentro
en un reloj que pasa y no me lleva,
en una breve gota donde abreva 
la paz, la conjunción, la voz y el centro.

Yo hablo de amor porque al amor le ofrezco
las armas, las canciones, los temores,
las vistas, los recuerdos, los errores, 

las aves, el silbido, el aire fresco,
las letras, las pestañas y el fulgor…
Yo hablo porque tan sólo hablo de amor.

Glauco

jueves, 12 de febrero de 2026

Tal vez la incertidumbre

Tal vez la incertidumbre es el comienzo
de todo sentimiento que nos viene
del premio de morir, del brote intenso
de no saber y ser muerte perenne. 

Tal vez tras un error del sacerdote
al darnos nombre, somos uno mismo:
un vate, un docto astrónomo, un quijote;
un emisario errante del cinismo. 

Tal vez hubo algo más en la escritura
de todas las canciones del conjuro,
que toda la pasión en sí perdura
y todo ser en sí es, en sí, inseguro.

Tal vez hay algo más en la certeza,
tal vez un ágil ojo, juez de aquello
que, tal vez, muere atado a la sorpresa.
Tal vez la incertidumbre es algo bello. 

Glauco

miércoles, 11 de febrero de 2026

Cada vez que te recuerdo

Cada vez que te recuerdo 
la boca me sabe a menta. 
Eres momento que muerdo 
y que el olvido no cuenta. 

Con la menta eternamente,
ando un imposible cuento. 
No soy un hombre durmiente,
soy buscador de tu aliento. 

Y tú me hablas. 
Y tú me dices. 
Y tú me lloras. 
Y tú me quieres. 
Y tú me abrazas. 
Y tú me vistes. 
Y tú me añoras.
Y tú me mueres. 

Te contengo cada vez
que es como todas las veces:
vienes, me hablas y me ves 
y yo espero que me beses. 

No soy el mismo que intenta
encontrarse, yo me pierdo
en las sílabas de menta
cada vez que te recuerdo.  

Glauco

martes, 10 de febrero de 2026

Somnoliento

Los párpados, del sueño, enamorados
se abrazan al ingrávido revés
de arriba que es abajo; son los pies
que van hacia el saber de los cansados. 

Al paso de las páginas se aferran:
los libros, los instantes, las visiones.
Se aferran desde el antes a prisiones
robadas que de sueño no se cierran. 

Nos matan tantas horas sin el grave
momento del descanso. Nos lacera
la angustia, y el saber, de tal manera

Que nada se nos muestra como suave. 
Se siente todo y uno en el sopor
del sueño que se abraza en el amor. 

Glauco