tiene tiempo suficiente
para ver venir la muerte.
Tiene el corazón abierto
al don de lo que es incierto:
la luz al final del puente.
Por eso mientras se muere
va sintiéndose contento
de forcejear en el viento
como quien reta a la suerte.
Y en todo dice muy fuerte
“Miren que me estoy muriendo.”.
Glauco