que eleva nuestra plegaria,
más allá del firmamento,
a la gratuidad agraria.
Todo es querer y sentir
y alabar y desprender
y cosechar y blandir;
un espejo de mujer,
una mecedora de hombre,
un resplandor, una boda;
un desconocido nombre
y una voz que lo acomoda.
Ver con el agua en la piel
y encontrar al extranjero
en la invención de Morel
con el calé romancero.
Ser la fragua del misterio
que sella fuego y sudor.
Ser llave del monasterio
donde se reza al vapor.
Todo lo necesitado
es hábito, grito y rito,
es herida en el costado.
Sentir amor es gratuito.
Glauco