les pedí parir mi sombra
encima del suelo raso
con su luminosa alfombra.
Cítricamente radiantes
me dieron más que el proyecto
de mi sombra. Palpitantes,
dieron marcha a mi trayecto.
Y en mis ojos nada claro,
nada malo, nada bueno,
todo simple, todo raro,
todo vacío, todo lleno.
Y así seguí mi derroche:
marcando en el sol mi paso
con su paso hacia la noche…
con las luces del ocaso.
Glauco