sin saber si el aparato
nos dio un corazón ingrato.
Vamos de poco viviendo
sin escuchar el tremendo
aullido de nuestra muerte.
Vamos mirando la inerte
lágrima del fin del mundo
sin contemplar el segundo
en que cayó, ya sin suerte.
Muriendo sin porvenir,
sin paz ni imaginación.
Muriendo sin tentación
que nos lleve a descubrir
el fruto que da el vivir.
Muriendo agitando ramos
para los seres que amamos
y muriendo por un quién
aunque no sepamos bien
si sólo de a poco vamos.
Glauco