posaron su punzón sobre la piedra.
Volviéronse película de hiedra;
la trama de millones de cabellos.
Allí la sombra dibujó siluetas
y las siluetas provocaron estro,
y no hubo Ave María ni Padre Nuestro
que mitigara, en la moral, las grietas.
Redescubierta la piedad sexual
que siendo noche se volvió deseo
y en el deseo volvióse todas horas,
tuvo su nacimiento el natural
flujo donde quisimos ser paseo
de la germinación de las esporas.
Glauco