en rápidos disparos
de piel,
de coqueteo,
de mítico perfume;
la luna de tus ojos es deseo
de ver los días más claros,
más pecador y fiel.
Fantástico el cristal donde imagino
que tras la enfermedad
del corazón
que sufro desde el día que tus palabras
me atravesaron; eran tuyas.
No. Por favor, no huyas.
Mis mágicas tristezas son macabras
pero soy confusión
del azar y el destino;
de algún modo me gustas de verdad.
Espero que al dormir
se calle para mí lo que me inquieta:
poder aquí vivir
sin ser sólo por ti cierto poeta.
Glauco