Andando por la vida en las pasiones
del vino, de la dádiva, del ruego,
los pasos se encaminan hacia el luego,
dejando en el ayer los corazones.
Andando el devenir de las razones,
del sol, de lo pirético, del riego,
los pasos se detienen en el fuego
que da a nuestras pestañas sus visiones.
Andando en el sendero del perdido
los pasos son manchones en la arena.
Andando en las excusas de la pena
los pasos manipulan el olvido.
Por eso, y más que nada, para andar,
es justo que aprendamos del amar.
Glauco