Todavía de madrugada
gotea la luz en el túnel
y decanta la esperanza
en magnética impaciencia.
Hay mucha gente que baja
pero más gente que sube.
Me derrota la paciencia
de esperar para subirme
a esta clepsidra de ausencia
hecha de luz y tardanza.
La espera se torna intensa
cuando uno espera morirse.
Todos vamos y venimos.
Todos venimos y vamos.
Somos asfaltos heridos,
oscilación del temblor,
temerosos inquilinos
del amor que nunca damos.
De repente llega el tren
y el reloj de luz se acaba.
Temblor y heridas se ven,
luego de verse se van
sin preguntar quién es quién.
y al devolverme a mi cara
todavía es de madrugada.
Glauco