Del fuego que le da vida a la fragua
una frágil tormenta nebulosa
condensa sobre sí la misteriosa
visión que al mismo fuego vuelve agua.
El flujo de ese fuego va a los brazos
y en ellos reconstruye realidades.
No son los brazos las extremidades,
son agua transformando los zarpazos.
El fuego entre las manos se malea
y hace a los dedos flechas y tornillos
y al puño curación, plato y martillo.
El flujo hace prolífica la idea,
la hace visible en este mundo ciego.
En el flujo del agua brota el fuego.
Glauco