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martes, 28 de junio de 2016

Nillius in verba-Palabras al viento (Convocatoria)

Nillius in verba    Palabras al viento

Por el motivo de celebrar un año de "Los Nombradores mudos" Se hace el llamado a todos los Nombradores y público en general para realizar un artículo sobre la escritura. Enviar a más tardar el 15 de agosto de 2016 al correo dondelaslucestocanlatierra@gmail.com

Los Nombradores Mudos

sábado, 26 de marzo de 2016

Sobre la otredad

Sé que todos en algún momento hemos olvidado cosas que, creamos o no importantes, influyen en el modo en el que pensamos o actuamos frente a tales o cuales situaciones. Por ejemplo, el otro día olvidé que no había lavado trastes en días y me molesté porque mi abuela me había insinuado ´sutilmente´ que hiciera algo de quehacer. Pero hoy, en este breve escrito, quisiera recordarles otra cosa. Algo que sin duda sabemos pero no siempre tenemos presente y por ello a veces desdeñamos a otros y sentimos que odiamos a quienes habitan con nosotros: ¡Hora que me acuerdo, el otro (rico, pobre, drogadicto, enfermo, loco, gordo, tonto, guapo, inteligente, etc.) es parecido a mí! Pero esperen, tampoco digo que todos somos totalmente iguales, porque la diferencia es clara. Sin embargo, aunque viniera Aristóteles y nos recordara que algunos hombres nacieron amos y otros esclavos, yo, en lo personal, defendería a los esclavos diciendo que quien tenga mentalidad de amo no significa que puede mofarse, maltratar, y hacer demás cosas denigrantes a los (supuestos) esclavos. Pero bueno, esto dejémoslo para otro escrito. Por ahora quiero enfocarme en el pensamiento, muchas veces olvidado de que “el otro es como yo (o tú, o él, o quien sea)”.


Ahora, ustedes como lectores pueden llegar a pensar que con lo antes dicho acabo de proclamarme cristiana mocha o hippie-mugrosa debido a que en cierto modo estoy diciendo que todos somos hermanos, hijos de la madre naturaleza/Dios, y es cierto, pero la verdad es lo de menos. Con esto quiero decir que este pensamiento no es parte de ninguna ideología, o tal vez sí, pero yo lo veo más como algo que ya tenemos dentro, no es necesario razonarlo demasiado para ver lo necesario de tal. Hablo del respeto y de la valoración a los otros hombres. No me parece correcto voltear a ver al vagabundo con mirada de quien está en el zoológico; no me parece justo ver al drogadicto como basura; tampoco cuando insultamos por placer, cuando golpeamos, cuando mandamos porque simplemente queremos; ni me parece el dejar de escuchar al gordo simplemente porque pensamos que lo único importante que cruza por su mente es la elección entre chocolate y fresa. Pero la realidad es que muchas veces lo olvidamos, consciente o inconscientemente, y esto afecta nuestra relación con los otros, nos jerarquiza con argumentos que no son válidos. Incluso al sentirnos superiores porque pensamos que nosotros, como pacifistas conscientes, nunca dejamos de tener presente que el otro es como nosotros, caemos un poco en este pensamiento no correcto, seguimos denigrando a aquellos que lo olvidan y los vemos con cara de desapruebo. Pero ¿saben qué? Lo confieso, yo también lo he olvidado y he tardado en tarde cuenta, me arrepiento pero a veces se escapa. Lo importante es identificar esos momentos e impedir que se vuelvan a repetir. El ejercicio es constante, no se nos debe escapar de la mente. Pero ¡bah!, me doy por bien servida con que me lean y lo piensen un poco.


sábado, 12 de marzo de 2016

En el último brindis

Se tornaba el último día del año y, como de costumbre, se reunieron las personas más importantes de mi vida. Y quise, por esa gran importancia que significan, que fueran testigos de mi promesa. La melancolía se apoderaba de mí en ese momento. Cada minuto que corría del año y se despedía me decía que estaba sin una pareja a quién amar. Ese reproche me recordaba en el “tic-tac” que un año más terminaba, ¿y yo? Seguía en las mismas condiciones que al principio. Así que decidí terminar con los reclamos. En los primeros minutos que trascurrían del nuevo año prometí ante todas esas personas decir que “sí” a la primera propuesta amorosa.

Tenía presente que este año presentaría disponibilidad para el amor. La apatía y los peros quedarían fuera de mí. Sin embargo, como una especie de magia, días después llegó una propuesta. La confusión se apoderó de mí, pues algo que había esperado llegaba en el momento adecuado pero, por favor, no de esa persona. Así que no pude cumplir con mi promesa. Sé que había acordado en eliminar los “peros” y las escusas, ante ello sólo me queda mostrar la cara expresando derrota. Mi imposibilidad de no cumplir con mis promesas. Aunque, al menos en este momento, no podré.

El remordimiento regresó a mi vida, como algo característico de mí, lancé reclamos diciendo al cosmos: ¿por qué esa persona? Fui comprendiendo que el problema no se trataba de “x” o “y” persona, sino en una actitud caprichosa, la respuesta se reduce a que ni yo sé lo que quiero. Conforme al paso de los días la resignación se convirtió en la nueva tentación. Me convencí de que en mi afanoso capricho me quedaría esperando, pues resulta necesario atender otros asuntos, ocuparme de cosas que tienen importancia y dejar el capricho para después. Ya que de berrinches y caprichos no se come.

Poco a poco me desprendí de aquella tentación a resignarme. Y el panorama se aclaró, esa persona no llegó en el momento preciso, aunque haya sido una coincidencia y fuese paralela su propuesta con mi promesa, pues su petición no era honesta. Confirmé que la confusión invadía a esa persona y no a mí. Los involucrados en esta historia comenzamos a armar el rompecabezas, la pieza clave era la inseguridad y confusión. Por una parte, la versión se tornaba en indiferencia hacia esta tercera persona. Mientras que por otra, comenzaba un romance, pero no conmigo. Y finalmente, en lo que a mí me compete, recibí la propuesta de brindar una oportunidad.

Para poner punto final, el capricho y la inseguridad no viene de mí, sino de quien lanza propuestas en privado. Pero en público muestra actitud de entusiasmo y enamoramiento en una tercera persona. Aunque no fue tan desagradable esta experiencia, pues he confirmado que sí puedo amar, que no se trata de un capricho más. Y he recuperado la credibilidad en mi palabra, aunque he de reconocer que ese tipo de promesas son absurdas. Pues el amor no se reduce a un reto o juego de azar, ya que el permanecer en esa postura sólo devela una actitud de capricho y, en ese afán, el amor se aleja de mis posibilidades.



martes, 9 de febrero de 2016

Disfrázate de lector de periódicos


Recomendaba Chesterton (cito de memoria) que aquel que quisiera comenzar o mejorar su ejercicio literario, leyera los encabezados de los periódicos, sin leer el contenido, y que a partir de los títulos escribiera algo. El consejo de Chesterton nos obliga a aceptar varias cosas mientras se realiza o incluso antes de comenzar a hacer el ejercicio. La primera de ellas, y quizá más importante para cualquier hombre, es que se nos hace patente el alejamiento que tenemos con el mundo que vivimos, pues antes de comenzar a escribir bajo el precepto de Chesterton, una duda nos asalta ¿dónde conseguir el periódico? Es evidente que en un puesto de revistas, pero ¿dónde hay uno? Bueno, ya encontramos uno. Ahora, ¿cuál de todos los diarios he de elegir? Recuerdo que me recomendaron uno, pero… bueno, me llevo este periódico. Creí que maniobrar con las grandes hojas era fácil, mejor leo en casa, aquí todos ven mi torpeza. Ya en casa comienzan otras dudas, se muestran otras torpezas, ¿por dónde comenzar?, ¿cómo se divide un periódico?, ¿cualquier título? Quizá en medio venga algo importante. Se lee el encabezado, y no se nos ocurre nada, porque hace referencia a alguien que ni conocemos, ¿quién será, qué habrá hecho?, difícil escribir algo así, mejor otro título. Cuando por fin encontramos un título lo suficientemente vago como “¡De nuevo a la cárcel!” hay un cierto dejo de incomodidad (el que se queja es el espíritu de escritor: ‘¡No quiero ser un apocado!’) al escribir algo de eso, porque es muy amplio, se puede ir a la cárcel por muchos motivos. Además, si lo que se desea es mejorar escribiendo, cómo mejorar mi talento si sólo escribo de lo fácil. Quizá si leo el periódico sepa un poco más de qué puedo escribir, quizá así mi talento o al menos mis ganas de continuar aquí se reaviven, después de todo, un escritor también gusta de leer, ¿no?

Resulta que el consejo de Chesterton nos obliga a no hacer caso de su consejo. Pues siguiéndolo seguiremos ensimismados, sin saber nada, ni poder mejorar nada. Divagaremos mucho, sí, asunto importante para el artista novato, pero no para quien busca algo. Chesterton sigue dando consejos disfrazado de Domingo.


martes, 29 de diciembre de 2015

Felices oportunidades


El año nuevo es una celebración que en muchos países, culturas, razas, etc., es de suma importancia pues, sin excepción, representa una nueva oportunidad de ser todo lo mejor que no hemos podido en años pasados; una nueva oportunidad de acercarnos más a la perfección; de lograr todo lo que queramos. La oportunidad, creemos, está en la novedad, es como encontrar diez pesos y tener la oportunidad de gastarlos, o como ir a la universidad y tener la oportunidad de ser un profesionista. Siendo así, digamos lo que digamos vivimos más inmediatamente que reflexivamente. En este respecto la reflexión siempre es una visión hacia el futuro, pues no vivimos la inmediatez según la reflexión presente, sino con base en la pasada, haciendo de la reflexión presente la base de nuestro futuro. Pero dejando de lado ese respecto, sigamos con el año nuevo, que es una inmediatez larguísima, pues es la inmediata oportunidad llena de inmediatas oportunidades, o dicho en otros términos, es la inmediatez que de inmediata no tiene nada. Así, después de todas estas vueltas revueltas, quisiera hablar tantito de tres cosas que del año nuevo me parecen interesantes. Dos ya las mencioné: la inmediatez y la oportunidad; y la tercera: el hecho de desearnos feliz año nuevo, ya que son las tres cosas que más se ven en estos días y creo que vale la pena echarles un vistazo.

Una oportunidad por sí misma es tomada como buena, pues en eso consiste lo oportuno, lo que es bienvenido, lo que es grato ver llegar, lo que hace mejor la situación actual. En este sentido la oportunidad escapa de nuestros planes, aspiraciones, expectativas, etc., porque no estuvo considerada desde el inicio en nuestro curso de acciones, haciendo la vida bastante más complicada, pues aunque sea un bien lo que nos cae, nos modifica el trazo; es como tener bien delimitada la línea al hacer un dibujo y de pronto tener un chispazo de inspiración que nos hace ir hacia otro lado del papel. La oportunidad es un bien del que no sabemos nada, y del que al parecer no podemos saber nada –no en el momento–, de poderlo saber se impide ésta. Un año nuevo es la oportunidad de tener oportunidad, es la insipiencia de la experiencia; es tan paradójicamente inmediato.

Es lo inmediato lo que no podemos ver venir, pues llega, así, de un solo golpe, como esos golpes de frío bajo la noche en que ilusamente nos abotonamos la chamarra o el abrigo después del ventarrón. Lo inmediato, entonces, es la sorpresa más sorprendente, dado que no vemos nada de él. Así de inmediato es el año nuevo, pues pasa ante nuestros ojos, y nunca lo vimos de frente, lo vimos venir e ir, pero jamás de frente; igual pasará con este próximo 2016. Dicho de esta forma suena a que andamos por la vida tan azarosamente que más nos valdría no haber nacido, ya que, con lo dicho, parece aseveración que somos incapaces de saber cualquier cosa. Afortunadamente la oportunidad convierte la inmediatez en perpetuidad: aunque es inmediata, al tomarla se vuelve eterna. Lo mismo pasa con el año nuevo, se convierte en eterno año tras año. Por lo tanto sí podemos saber qué pasa con nosotros mismos, pues nos tenemos ahí para siempre con todo lo que está en el medio. El azar no es incipiente sino omnisciente, dado que si en el destino tenemos el conocimiento del que  escapamos, en el azar tenemos el conocimiento de lo que no queremos escapar, pues ni sabemos qué es, pero queremos. Sólo nos resta echarle, como dice Héctor Ulloa “Don Chinche” en voz de Julio Jaramillo, cinco centavitos de felicidad.

Desear feliz año nuevo es desear felicidad no durante unas horas o un día sino para siempre en esa oportunidad inmediatamente eterna. Por eso en el festejo del año nuevo encontramos algo más que una borrachera o un disgusto familiar, encontramos la fuerza para seguir viviendo, felices en este mundo tan extraño para nosotros. Seremos muy felices gracias a todos –así parafraseando a Zósimo.


¡Feliz año nuevo, amigos míos, venidos y por venir! ¡A reflexionar sea dicho, pues!


martes, 22 de diciembre de 2015

Venite adoremus


Aún mejor que hallar un lugar pintoresco bajo la arquitectura de Dios, esa vegetación que embellece cualquier recinto y poblado, es poder hallar a quien vive sin exigir nada, contentándose con el amor del prójimo e imitando los pasos del Maestro, en este caso, de Jesucristo. Mejor retrato de lo anterior se puede hallar en La navidad en las montañas de Ignacio M. Altamirano. Atravesando sus páginas se recuerda la sagrada celebración de los pueblos cristianos, la Navidad. Pero cualquier lector también consigue olvidar sus penas y sentirse feliz al contemplar el cuadro que pinta en dicha obra para los no creyentes. Muchos celebran Navidad, siendo cristianos o no siéndolos, pero todos amamos y sufrimos en esta vida. Altamirano recoge el siguiente villancico de una gitanilla que le dice augures a María, a propósito del niño Jesús, pero enmarcando la vida del hombre en general:

Una gitana se acerca
al pie de la Vírgen pura,
hincó la rodilla en tierra
y le dijo la ventura.

“Madre del amor hermoso,
—así le dice a María—
a Egipto irás con el Niño
y José en tu compañía.

Saldrás a la medianoche,
ocultando al sol divino;
pasaréis muchos trabajos
durante todo el camino.

Os irá bien con mi gente;
os tratarán con cariño;
los ídolos, cuando entréis,
caerán al suelo rendidos.”

Mirando al Niño divino
le decía, enternecida:
“¡Cuánto tienes que pasar,
Lucerito de mi vida!

La cabeza de este Niño,
tan hermosa y agraciada,
luego la hemos de ver
con espinas traspasada.

Las manitas de este Niño,
tan blancas y torneadas,
luego las hemos de ver
en una cruz clavadas.

Los piececitos del Niño,
tan chicos y sonrosados,
luego los hemos de ver
con un clavo taladrados.

Andarás de monte en monte
haciendo mil maravillas;
en uno sudarás sangre,
en otro darás la vida.

La más cruel de tus penas
te la predigo con llanto:
será que en tus redimidos,
Señor, hallarás ingratos.”

Con esto nos damos cuenta que no basta celebrar Navidad, sino vivir la Navidad, aprender la sublime comunicación del espíritu humano con el Creador del Universo. Sólo resta desearles Feliz Navidad con el siguiente verso:

La Nochebuena se viene;
la Nochebuena se va,
y nosotros nos iremos
y no volveremos más.


miércoles, 9 de diciembre de 2015

Star Wars VII: El despertar de la fuerza



En poquísimos días llegará a la pantalla grande la séptima entrega de la gran historia de hace mucho tiempo en una galaxia muy, pero muy lejana… Star Wars Episodio VII: El despertar de la fuerza. En torno a este nuevo lanzamiento Mauricio González Lara tiene una perspectiva clara sobre dicha cinta: “es una versión corporativa de la película”. En efecto, ni la historia y la dirección estarán a cargo del creador de la saga, George Lucas, y más importante aún, Lucasfilm pertenece a Walt Disney Company desde 2012, sin embargo, ¿todavía queda un hito de esperanza para los seguidores de los Caballeros Jedi?, ¿Debe la historia de Luke Skywalker terminar en Endor quemando los restos de su padre Darth Vader? No hay que ignorar todos estos aspectos pero, ¿cabrá preguntarse si acaso las historias deberían tener un final, en este caso, absoluto?, ¿La muerte del héroe debe marcar el final de toda historia posible?

Recordemos que la primera entrega fue llamada, sin más, Star Wars, en 1977, teniendo como principal argumento el aprendizaje del joven Luke a cargo de Obi-Wan Kenobi sobre la Fuerza, es decir, lo que le da poder a un Jedi. Habiéndose extinguido los Jedi (a excepción del Maestro Yoda y Obi-Wan Kenobi), Luke vendrá a ser una nueva esperanza para restaurar el equilibrio luchando contra el Lado Oscuro de la Fuerza. La trilogía que narra los eventos anteriores a este suceso nos ayuda a entender la inclinación de Anakin Skywalker (padre de Luke) hacia el Lado Oscuro y sus fieles, los Sith. Como resultado la República Galáctica se ve fragmentada y el Imperio, a manos de Darth Vader (converso Anakin) bajo la sombra de Lord Sidious (El Emperador) y los ejércitos Clones, comienza a diseminarse a través de toda la galaxia.

Aunque para los Jedi su fin es extinguir a todos los Sith y evitar al máximo que un Jedi sea seducido por el poder del Lado Oscuro de la Fuerza, ¿no se estará insinuando que siempre debe prevalecer el Bien contra el Mal? Pero, preguntémonos, ¿el bien siempre triunfará sobre el mal? De ser así, una séptima entrega sería irrelevante, pues gracias a Luke Skywalker ya no quedan más seguidores del Lado Oscuro. Además de que Luke es el único que puede derrocar a Darth Vader dado que, como su hijo, nadie más puede convencerlo de que todavía hay bondad en su corazón. Fin de la historia. Pero recordemos que la profecía decía “restablecer el equilibrio en la Fuerza”. Un equilibrio no tiene inclinación predilecta sobre un lado de la balanza. En otras palabras, no deben existir únicamente los Jedi o los Sith en un mundo regido por la Fuerza, sino coexistir gracias al equilibrio. Y de haber una séptima entrega, ¿Luke no consiguió establecer dicho equilibrio en la Fuerza?, ¿O debería Leia (hermana gemela de Luke) alcanzar ese propósito como hija del legendario y Elegido Jedi Anakin Skywalker.

La Fuerza, esa energía que rodea todas las cosas y se concentra en un Jedi provoca que las pasiones sean desbordadas a un extremo catastrófico, pero también consigue breves lapsos de paz y estabilidad entre los hombres. ¿Estarás de acuerdo en una séptima entrega de dicha historia bajo estos rubros?, ¿También consideras que dicha película es una versión corporativa?, ¿Qué piensan al respecto.