Presentación

Presentación

sábado, 22 de junio de 2019

La belleza de Eva

¡Ay, Eva, di por qué fuiste atrevida
y comiste del fruto de la ciencia!
Lo comiste esperando ver la vida
como Dios; recibiste la consciencia,
recibiendo con ella la salida
y perdiendo a la vez la quintaesencia.
¡Ay, Eva, di por qué te lo comiste,
y no conforme a tu hombre sedujiste!

El árbol de la ciencia cayó al suelo
al tiempo que marchaba la serpiente,
dejando tras de sí un rastro de duelo
salido del pensamiento incipiente.
Eva creyó poder llegar al cielo
y sólo se ganó un mundo caliente.
Hechizada por el conocimiento
no pudo ver en éste un gran tormento.

Con el fruto deseado y saboreado
quisiste ver lo que antes no habías visto,
y viste a Adán desnudo, recostado,
para las artes amatorias listo.
Seducción era instinto y no pecado.
Pedístele a tu hombre dar un mordisco
al fruto del saber del bien y el mal,
aquello que volvió hombre al animal.

La belleza no vino de la rama
que daba sostén al fruto prohibido,
le vino de la mano de la dama
al primer hombre que aún no había caído.
La vida en el pecado se hizo drama
y se hizo un caminar adolorido.
Cualquier hombre que busque la belleza
confundirá a la mujer con su presa.

Glauco

viernes, 21 de junio de 2019

¡Ay, Homero!

Homero en sus cantares de la Ilíada
nos lleva por las cóleras de Aquiles.
Homero, tú que entre tus héroes vives,
dinos cómo es la vida imaginada.

Homero en los cantos de la Odisea
nos lleva por las astucias de Ulises
Homero, que en boca de Ulises dices,
dinos que la experiencia nunca es fea.

¡Ay, Homero, quisiera ser tus ojos,
que sin ver han podido verlo todo!
Quisiera estar contigo codo a codo.

¡Ay, Homero, sólo somos despojos
de un mundo que al andar no comprendemos!
Por eso es que tus cantos los leemos.

Glauco

jueves, 20 de junio de 2019

Judeca

El alma se deshace y se congela
en un campo de hielos sempiternos.
La queja como viento helado vuela
sobre el malo trifronte de los cuernos.
Él se encarga de que la muerte duela
y el dolor y el tormento sean eternos.
Se posa sobre el centro del cocito
cimbrando enormes penas con un grito.

La traición es esa puerta de entrada
a una casa donde el mal no tiene fin.
Ptolomeo y Antenor llevan la espada
del engaño y la traición como Caín.
Ellos tienen su casa congelada
y de par en par la puerta para el ruin.
Una cuarta morada está en las crudas
fauces del maligno. Ahí vive Judas.

La mansión de tres bocas hace espacio
para tres habitantes memorables,
uno de ellos ostenta el nombre Casio,
autor de estratagemas despreciables.
El otro es masticado muy despacio:
es Marco Junio Bruto el inombrable.
Ambos conspiraron contra César,
la traición es su más grande destreza.

En la casa del centro es masticado
el más grande traidor del firmamento:
entregó para ser crucificado
a aquél que por amor nos dio su aliento.
Por haber a Dios hijo traicionado
le fue dado el más grande sufrimiento.
Esa alma se deshace y se reseca
compartiendo su nombre a la Judeca.

Glauco

miércoles, 19 de junio de 2019

Búsqueda

Miles de veces tu nombre he buscado.
Entre hojas, renglones, piel y tinta
que la gracia de otros ha creado
voy pasando los ojos y la vista
y no encuentro algo de significado
que al menos me ponga sobre la pista
para, así, poder escuchar tu voz,
que al hablar sea una plática de dos.

Te he buscado, también, en los paisajes
cuando el cielo se viste de cerezo
enfundado de boreales ropajes,
y me pregunto ¿cómo has hecho eso?
Encuentro nubes rosas cual follajes
mas no encuentro respuestas a mi rezo.
Te busco y te busco y no te encuentro;
quizá no estás afuera sino dentro.

Recurro a buscar pistas en la cara
que miro cada día frente al espejo.
De a poco la simetría se separa
bajando y levantando el entrecejo.
Ahí se encuentra, detrás de la mirada:
el alma revelando ser reflejo,
misterio de creador y la creación,
del Dios que hizo uno solo fe y razón.

Tampoco encuentro a Dios en mi mirada,
tampoco lo veo en la mirada ajena,
no lo encuentro en la cierva vulnerada
ni lo encuentro sobre la mar serena
caminando hacia una muerte asegurada.
No está en la huella de la gente buena
ni está en el perdón de la gente malvada.
No encuentro lo que busco y no lo sé,
sólo lo busco porque tengo fe.

Glauco