Presentación

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miércoles, 10 de octubre de 2018

Manzana envenenada

Mordiendo la manzana envenenada
se nos pasa la vida cada día,
mordemos la vida con alegría
sin saber que estamos mordiendo nada.

De un rojo seductor y apetitoso
se baña como un día se bañó el Nilo.
Sucumbe ante los dientes y su filo,
esparciendo su néctar venenoso.

La lengua siente el dulce forcejeo
de la cáscara, del néctar y la pulpa
contra ese sentimiento de la culpa.

La fruta no es la fruta que yo veo,
ya que mientras la muerdo todo es bueno,
y en realidad sucumbo a su veneno.

Glauco



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