por la playa, en sí mismo, fue labrado.
El cristal por la arena deformado
no tiene otro destino que estar muerto.
El cristal permanece, al cielo, abierto
(ese cielo que tantos han buscado).
Las arenas del mar lo han rechazado
en un mundo terreno siempre incierto.
No hay cristal, hay un príncipe bendito,
un piadoso y honrado, e inocente,
que, por mal, erosiona con la gente.
Descubrir sus virtudes necesito,
no me importa sufrir esa derrota
de ser bueno y por eso ser idiota.
Glauco
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