el soplo que devana al rehilete,
que baila con la luz del monasterio
y al indeciso beso dice: vete.
Hace mucho que el soplo se deshace
y ya no toca a quien lo recibía.
En gases invisibles ahora yace,
dejando al gas perenne en agonía.
Y, sin embargo, el soplo se rehúsa
a ser puente entre amor y cementerio,
él quiere ser pasión bella y difusa
que espera, con la luz del monasterio,
henchirse y encontrar la llave intrusa
que lo ayude a salir del cautiverio.
Glauco
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