albina y nebulosa, desdibuja
su forma, semejante a la burbuja,
mas deja un rastro turbio, incandescente.
Incendia en el aroma la dulzura;
resguarda tras su velo rostro y voz;
desaparece tímido y veloz
haciéndole un conjuro a la espesura.
Conjura en ocultismo los respiros:
adentro, más adentro, luego afuera,
donde calla el rugido de la fiera.
Penetra en el sentir de los suspiros
y va con ellos hasta el firmamento…
Serpiente que se arrastra en el aliento.
Glauco
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