no solamente hace daño,
pues, aunque parezca extraño,
éstas le son más dañinas
a ella; ni te imaginas.
Desgarra la vanidosa
carne que la vuelve hermosa,
se envuelve de cicatrices.
Las espinas infelices,
en verdad, dañan la rosa.
Pero la rosa tolera
de las espinas la herida
porque no tiene otra vida
que ser de la primavera
metáfora verdadera.
No sé si será consciente
o más bien impertinente
la rosa con su dolencia,
sólo sé que con su ciencia
me enseña a ser congruente.
Glauco
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