se abrazan al ingrávido revés
de arriba que es abajo; son los pies
que van hacia el saber de los cansados.
Al paso de las páginas se aferran:
los libros, los instantes, las visiones.
Se aferran desde el antes a prisiones
robadas que de sueño no se cierran.
Nos matan tantas horas sin el grave
momento del descanso. Nos lacera
la angustia, y el saber, de tal manera
Que nada se nos muestra como suave.
Se siente todo y uno en el sopor
del sueño que se abraza en el amor.
Glauco
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