se mueve por todos lados.
Hay un algo en su presencia:
sus latidos ondulados.
Darbukas del crepitar,
entre el humo y el carbón,
marcan sino en el azar:
la fuerza del corazón.
La gama del nuevo día,
de la estufa y el infierno,
define la lozanía
de un caleidoscopio eterno.
Es alimento del mito
maya, quechua, chino, griego,
un invisible infinito:
eterno retorno al fuego.
Glauco
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