abeja, de mis oídos.
¿Acaso eso que musitas
es mucho más que zumbidos?
No sé si el tono alarmante
de tus alas es más mío
o más tuyo; hay un instante
en el que todo es sombrío.
Tal vez no quieres dañarme
y yo dañarte no quiero,
pero si vas a picarme,
déjame sentar primero,
no sea que la anafilaxia
me haga llegar a la asfixia.
De todos modos, abeja,
dime lo que necesitas,
ven y mi duda despeja,
cántame con tus alitas.
Glauco
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