y se aprestan a hablar por el desprecio,
¿en dónde quedarán los labios rojos
que vuelven al amor un don sin precio?
No se trata de ver, eso es pasivo,
se trata de mirar, de dar al hombre
una comprobación de que estar vivo
es una obligación de nuestro nombre.
¿Y qué si en el amor va la dolencia?
¿Y qué si en la dolencia van horrores?
Tenemos en los ojos la potencia
de ser condensación de los amores.
Podemos ser el sol y hablar bonito.
Podemos ser virtud y ser mirada;
los labios que en el beso alzan el grito
y dicen que el amor no vale nada.
Glauco
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