domado por la alegría,
se llena mi pensamiento
de estrecha sabiduría.
¿Qué sabe el que sufre tanto?
¿El que poco ríe, qué ignora?
No hay distinción para el llanto:
de risa o de pena llora.
Sufrir se ha vuelto mi credo,
mi tótem y mi rosario,
me llama siempre que puedo
la danza del campanario
y me dice que estoy loco,
que no sé ni lo que siento,
que el mundo duele tan poco
aunque crezca el sufrimiento.
Glauco
No hay comentarios:
Publicar un comentario