de vez en cuando, aparece
el madero de lo humano
que crece pero no crece.
Crece a través de la herida,
no crece en la cicatriz;
nos encadena a la vida
envuelta en un cielo gris.
El gris nos viene del fuego
(del saber y del metal)
donde está prohibido el juego
por el madero letal.
El madero pervertido
nos roba la maravilla.
La vida se nos ha ido
en el dolor de la astilla.
Glauco
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