en las líneas del asfalto.
Mirarnos en la distancia
nos abandonó al asalto
del amor y poco queda:
sólo el asfalto y la rueda.
La calle no nos encuentra
ni nosotros encontramos
nada. Está la calle hambrienta
y a veces la alimentamos
de un poquito de consciencia
y otras la hartamos de ausencia.
La calle se queda quieta
porque quieta siempre ha estado.
La mirada está repleta
de lo que hemos olvidado.
Y todo sigue esperando
que el amor al fin estalle;
la esperanza de que un cuándo
nos deje sentir la calle.
Glauco
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