Yo no sé y no sé cómo es que digo
que no sé, pues si acaso no supiera
nada más, en las letras, contuviera
que el silencio impedido del testigo.
Sin saber, por las calles, es que sigo:
confundiendo el adentro y el afuera,
el saber y el sabor, y la manera
en que el otro confúndese conmigo.
La prisión, el retiro, el monasterio,
el estudio, la escuela y el taller,
son la mítica imagen del saber
y en sus muros contienen el misterio
que construye la prueba de la fe
donde sé y reconozco que no sé.
Glauco
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