se vuelve distensión de terciopelo.
Al pozo del amor levanta el vuelo
como quien bebe el agua que lo cura.
La tierna voz musita las cuestiones
que el viento le profiere al arrayán.
No sabe los sonidos, dónde van,
ni su partida en las respiraciones.
Palpita un infantil deseo futuro:
poder ver las banquetas y a la gente
que en ellas pasa y sentir el latente
susurro de que existe el amor puro.
Para escuchar se necesitan dos:
potencia de ternura y una voz.
Glauco
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