las calles por sus esquinas,
a verte mientras caminas,
pero solamente a ver.
He tenido que saber
el ser de cada envoltura
de pan, a ver la frescura
del color y a recordar
las letras de par en par,
de una manera insegura.
He tenido que escuchar
aprendiendo a detenerme,
pa’ que otros pasen sin verme
y no me quieran hablar;
no sabría qué contestar.
Espero el atardecer.
Espero tratar de ser.
Pues no sé cómo decir
que nunca aprendí a escribir
y nunca aprendí a leer.
Glauco
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