no sé cuáles son reales,
vida y quietud son iguales,
también Aquiles y Cristo,
el hado y el imprevisto.
No sé cómo sería ver
y viendo poder saber
lo falso y lo verdadero.
No puedo y tampoco quiero
pues no hay nada que perder.
No me hallo perdido en nada.
De los fantasmas que miro
uno es quien les da respiro:
el del escudo y la espada,
el del amante y la amada.
Es bella esa aparición:
realidad y confusión.
Amor es como le llaman.
Para todos los que aman
es la única visión.
Glauco
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