me dijo alguien una vez que en cada cama
encontraba algo que dar y sin dar nada
me dejaba ver que su decir volaba.
Yo no sé de amor que no sea un amor necio,
ése que acaricia la fe y el desprecio.
No me justifico, sólo así es el rezo
de la vida ingrata y su dar en silencio.
Es posible dar la vida sin dar muerte;
ser lo mismo que en lo mismo se convierte;
amor que se ha ido y que por eso vuelve
a ser eso que nos falta y no se pierde.
He podido dar y amar sin ser la rama
de olivo que no atraviesa el mar del drama,
porque amar es maldición de la palabra
infame que nos grita y nos declara
“Nadie puede dar amor si no se ama.”.
Glauco
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