se hallaba la muerte anciana.
Se escuchaba una campana
como diciéndole algo.
—¡Ay, yo que casi ni salgo
—se dijo a sí la huesuda—
—ora me piden ayuda,
como pidiendo de prisa,
que coopere pa’ la misa
de un wey llamado San Judas.
—Las misas bían de ser mías—
—repetía la calavera
mientras a esa pordiosera
muchedumbre respondía
con el final de sus días.
Limpia quedó la explanada
de ese templo. Una empanada,
también quizá una tlayuda
se zambutió la huesuda
después de esa ardua jornada.
Glauco
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