se resisten al no y al abandono,
se encargan a la ira y al encono
como lazos que han sido deshilados.
Esos besos, en sí, son todo junto:
la niñez, las aceras, los fracasos,
los insultos, las risas, los ocasos;
¿qué fue de ellos?, a veces me pregunto.
En saber cómo fui me desconcentro.
¿Tú te evocas, también, para saber?
Es el hombre, al igual que una mujer,
una vida plagada del encuentro
que no llega, no sigue, no se lía,
sin embargo, sabe a melancolía.
Glauco
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