al trote del cansancio y el deseo;
recuerdo las banquetas incompletas.
Recuerdo: me sentí como Odiseo
pidiendo sucumbir a las sirenas,
buscando entre los charcos a Proteo;
atado al eslabón de las cadenas
de aquello que unos llaman el destino
y que otros llaman fuego de las venas:
la vuelta, despedida del camino;
la vuelta, bienvenida de la casa;
la vuelta, conmoción del intestino.
Entre tanto recuerdo uno me abraza.
Sólo recuerdo que algo es recordado
y no sé qué. Maldito tiempo pasa.
Hoy vuelvo a casa y sigo atribulado
por lo viajado (fuente del poeta).
Me siento bien de, al fin, haber llegado.
Glauco
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