cada vez que no la pienso.
Pero al pensarla comienzo
a ver su furia suicida.
Tras de todo lo vivido
pienso: ¿qué la vida ha sido?
Pienso en el amor y duele,
no pensar ni mucho menos
amar, porque vivir suele
llenarnos de ambos venenos.
La maldición de pensar
es la maldición de amar.
Amo pensar y le temo,
no a pensar ni al amor mismo,
a navegar sin un remo
que reconozca este abismo:
el del verso, el corazón,
lo bello y su maldición.
Glauco
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