Presentación

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martes, 18 de agosto de 2026

El murciélago

En un tiempo lejano, ya bastante,
en un concilio eterno, voladores,
de la mano de dios merecedores,
recibieron el vuelo colorante. 

Arroceros, pericos y quetzales…
de sus plumas hicieron presunción.
El murciélago obtuvo la omisión 
del plumaje, asustando a los mortales. 

Piadoso, el dios dador a cada uno
le urgió una pluma para el desvalido 
y así, multicolor, el presumido

se declaró más bello que ninguno. 
Dios hizo de sus plumas llagas graves
y lo alejó del vuelo de las aves. 

Glauco

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