Me urge con impaciencia. No puedo detenerla.
Desde la más intensa, hasta la más temprana,
la lluvia me despierta, la lluvia me urge a verla.
Se escuchan los destellos sonoros de los puntos
acuíferos de arriba pegando contra el suelo:
una marcha de aplausos mojando los asuntos
del hombre y las hormigas, de la danza y el cielo.
Se siente el más terrestre temblor en los oídos,
como un flujo de sangre pegado al corazón;
tormenta de misterios y tic-tac de latidos.
El vidrio y mi mirada derraman la canción
de aquella lluvia urgente gritando sus sonidos.
Me callo al escucharla con su repetición.
Glauco
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