puedo ver entre mis dedos
cuando se derrite el humo
que no pudo ir a mi pecho.
Lo alcanzo con un soplido
y todo se vuelve uno:
mis deseos, mis enemigos…
Todo se va con el humo.
Vuela el ruido y el pasado,
las diez, la televisión,
las víctimas, los muchachos,
los cabellos y el sabor;
el gas licuado a presión,
los pedazos de metralla,
la voz que dice que no,
la vida de las muchachas.
Mientras el humo se escapa
nuestras ganas no se van.
Si la palabra se calla,
el corazón hablará..
Somos un pozo de sed
seca a treinta y nueve grados
de dolor, pasión y fe
que sabe a humo de cigarro.
Glauco
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