Presentación

Presentación

martes, 4 de noviembre de 2025

La neblina

Alguna vez miré por la ventana
y no vi nada más que la neblina,
noté que sobre el viento va y camina
como si fabricara la mañana. 

Alguna vez miré hacia el interior
y no vi nada más que el nebuloso
contorno de mi pecho; es asombroso
mirar que la neblina es un fulgor. 

Entre adentro y afuera hay un consenso:
a veces es visible lo invisible
y a veces no se ve lo que es visible. 

Miro tras la ventana mientras pienso
¿qué tiene el corazón de luz albina?,
¿es viento, es pecho abierto o es neblina?

Glauco  

lunes, 3 de noviembre de 2025

Las manos

Se dice: robó el fuego Prometeo;
luz leve que en el hombre se enfurece;
se dice es la metáfora que crece
en ese don oscuro y cefaleo.  

Se dice que es el don de conocer,
en donde imaginar es ser creativo,
en donde comprender es estar vivo,
en donde está el misterio del saber. 

El fuego no se ubica en la cabeza,
en ella está la sombra de los dioses:
reminiscencia, necedad y voces… 

El fuego es labrador de la sorpresa
bendita que sostienen los humanos. 
El fuego se concentra en nuestras manos. 

Glauco

domingo, 2 de noviembre de 2025

Metacalavera

Por fin es dos de noviembre,
todo se viste de fiesta,
pues todos saben que esta 
fecha es mejor que septiembre;
quieren que La Muerte siembre
el espíritu festivo.
¡Se celebra el estar vivo!
La Muerte viene a decir 
que todos han de morir
en este lírico estribo.  

Sin embargo, La calaca
se le aparece a La Muerte
y le dice “Mala suerte”
mientras con vida le ataca. 
La huesuda, con su estaca, 
a La Calaca destapa.
A ésta última la atrapa
La Huesuda y todas van
derechito pa'l Mictlan;
ni de sí misma se escapa. 

Qué curiosa circunstancia
en que la muerte se encuentra,
en sí misma no se centra,
no sabe de su distancia;
es una sola sustancia
que a veces ves y no ves
y también es y no es
(una túnica, una hoz).
Tal vez y sea como dios,
que es uno y también es tres.

Glauco

sábado, 1 de noviembre de 2025

El Marcos

Sentado junto a los vagos
Marcos no sólo platica, 
les pregunta, les replica,
en el calor de unos tragos. 
Ser así le causó estragos
y la de la panza llena
se le apareció con pena,
le dijo que ése era el día 
en que por fin moriría 
su pregunta que envenena. 

El Marcos ni perezoso
le preguntó a la osamenta:
—¿Acaso te has dado cuenta
que no quiero ser castroso?
—Mentirme así no es honroso.—
contestó —No les escupas
a otros, tú los ocupas.  
Marcos, cínico, maldito,
le respondió con un grito
descarado y burlón: “¡Chupas!”.

Glauco