Presentación

Presentación

sábado, 21 de julio de 2018

Bonita alma

Mis brazos te hablan
y mi boca te abraza.
Dime qué se siente
un abrazo simiente
que te habla de amores.

Mis ojos son soles
extintos y muy pobres.
Se llenan del alba
con sólo una mirada
acariciadora.

Acaricias toda
la escena que se forma
cuando te apareces,
la realidad fallece
y el sueño comienza.

Morfeo me pasea
de tu pie a tu cadera,
de tu ombligo al cuello:
un horizonte nuevo
El dios me ha mostrado.

Y así embelesado
voy de este a otro lado:
a un lugar de vuelo
que de hecho no es el cielo,
es tu bella alma.



Talio




viernes, 20 de julio de 2018

Soñé con Dios

Tus labios me dijeron
en un sueño sombreado
que todos los humanos
en desgracia cayeron,
que rezara por ellos
y por sus tristes manos.
Mis párpados sinceros
querían estar cerrados,
para que en ese sueño
me siguieras hablando,
para que con tu ruego
transformara mis actos:
rezar no es sólo un juego,
es profundo contacto
entre el hombre y el cielo,
entre el hombre y su hermano.



Talio




Soldadito eterno

Un soldado fue a la guerra
y su pistola perdió:
se disfrazó de enemigo
y así pudo comprender
que para ser ganador
se debe ser otro ser,
y que eso solo se logra
sintiendo sincero amor.
—¿Qué ha sido de ese soldado?
Se preguntará el lector:
ha hecho hogar en el combate
y de pelear su pasión.



Talio




jueves, 19 de julio de 2018

El palomo volador

Había una vez un palomo
volando por la ciudad,
¿se paraba en una estatua
o en un hombre de verdad?
La estatua resplandecía
y el hombre brillaba más,
el palomo no sabía
lo que en verdad es brillar.
Confundido por el brillo
intentó volar al sol,
pensando que cuando niño
aquel brillo descubrió.
Más confundido y más ciego
se decidió a descubrir
si el fulgor viene del cielo
o vive dentro de sí.
Se paró sobre un sombrero
esperando conocer
un poco sobre su dueño:
el dueño es cobre café.
Un hombre le alzó la mano
dándole un poco de amor
así supo qué es un hombre
y qué obra de un escultor.
Alzando de nuevo el vuelo,
el palomo se alejó,
sabía que el brillo del cielo
es de quien lo alimentó;
que el fulgor de todo humano
es el mismo que el del sol.



Talio