Presentación

Presentación

viernes, 12 de junio de 2020

El secreto de las mujeres

Hay algo que saber quiero
como nunca había querido.
Es un saber escondido
entre un sinuoso sendero
y un hermoso invernadero. 
Ocultos allí florecen
mares que van y se mecen
entre mi duda y mi amor. 
El saber es una flor
que sólo en la tierra crece. 

La flor con ese calor
me envuelve y me hace sentir
que sí se puede vivir
sintiendo un inmenso amor
que ignora todo dolor. 
En la flor tengo confianza
y también en su enseñanza.
Mas no creo poder lograr
saber de esa forma amar,
pero queda la esperanza. 

Quiero saber el secreto
del amor de las mujeres,
cómo es que tienen placeres
en amores incompletos,
cómo sus labios abiertos
dicen, palpitan y besan,
maldicen y a veces rezan
por el daño recibido. 
Quiero saber lo sabido
de verdadera belleza. 

Glauco

jueves, 11 de junio de 2020

Sesenta y nueve

Hazme perder la cabeza
con un vaivén de cintura,
contágiame la locura
de ser libre y ser tu presa.

Hazme perder las cadenas
de la ética y la moral.
Líbrame de todo mal,
dame sólo cosas buenas. 

Hagamos una gran tregua
entre tu lengua y mi lengua.
Hagamos que todo viva
en un poco de saliva. 

Hagamos una gran tregua
entre tu lengua y mi lengua.
Hagamos que todo muera
entre cadera y cadera. 

Te haré perderte en el grito,
el espasmo y el araño,
te haré comenzar el rito
que con el gozo hace daño. 

Te haré perder la batalla
entre lo malo y lo bueno.
Serás placer que no calla
y yo seré tu veneno. 

Glauco

miércoles, 10 de junio de 2020

Cuando una mujer se pierde

Cuando una mujer se pierde
los ojos huelen la muerte
y las lágrimas se ocultan
tras impotencia de culpa.

Lloran familia y amigas,
lloran las desconocidas,
llora toda la creación
porque perdió un corazón. 

Se levanta en el recuerdo
un monumento al desierto
que miró venir de frente
a una víctima latente. 

Un hijo perdió a su madre
y un canto perdió la tarde,
un hombre perdió a su esposa
y su vida se destroza. 

Se perdió el calor, la brisa;
ya nada es tierna caricia.
Muy poco vale la pena,
muy poco crece la avena. 

Siempre que una mujer muere
porque un imbécil lo quiere,
muere un poco de los mares
que lavan nuestros pesares. 

Ya no mueran. No nos dejen.
De nuestro amor no se alejen. 
No es que no seamos iguales:
las amamos a raudales. 

Es propio del que desea
ser bueno que el bien lo vea,
y es propio de nuestro amor
cuidarlas como una flor.

No son frágiles, son fuertes,
pero a las fuertes la muerte
les causa el mismo destino
que le causa a todo vivo. 

Terror antinatural
sufrimos con tanto mal.
Mal es sufrir su partida
de nuestra inquietante vida.

Sufren hombres y mujeres,
padecen todos los seres,
con tu desgraciada ausencia, 
que lloran por tu presencia. 

Yo no sé qué está pasando,
sólo sé que estoy llorando
porque mujeres se pierden
y lloran quienes las quieren. 

Cuando una mujer se pierde
la desventura nos muerde.
Cuando cae la desventura
la vida se hace insegura. 

Glauco

martes, 9 de junio de 2020

La culpa

En dos es dividido el corazón,
de uno nace amor, del otro daño.
Dos latidos, una sola pasión. 

La venas llevan un torrente extraño
de fuegos y ventiscas incesantes
que paran al corazón aledaño. 

El hombre no puede ser el de antes
cuando dos corazones en su pecho
se baten en las tierras congelantes.

El hombre en este mundo va maltrecho
sufriendo porque el corazón que quiere
no encuentra en sus latidos el derecho

de palpitar y en la quietud se muere
de pena, de vergüenza y de tristeza.
El corazón de hielo al otro hiere. 

El témpano en el pecho hace proezas
para sobrevivir en este mundo
de bondades vestidas de vilezas. 

Un corazón que llena a un vagabundo
es un corazón lleno de vergüenza,
hediondo, repugnante y nauseabundo. 

En ese corazón el mal comienza
a dar fruto en las almas aledañas
que viven pero en la vida no piensan. 

Se llena el palpitar de mil arañas
que traen, para la vida, su veneno
haciendo en la miseria una campaña

que aleje al hombre de ser hombre bueno
y lo convierta en una marioneta
de su propio dolor y del ajeno. 

Duele vivir una vida incompleta.
Duele saber que ya nada resulta
del corazón que muere en una grieta. 

Toda la acción de nuestro ser insulta
a todo el que se cruza en nuestra senda.
Toda la acción es tierra de la culpa. 

Glauco