Presentación

Presentación

viernes, 31 de julio de 2026

He llegado

Recuerdo haber andado las banquetas
al trote del cansancio y el deseo;
recuerdo las banquetas incompletas. 

Recuerdo: me sentí como Odiseo
pidiendo sucumbir a las sirenas,
buscando entre los charcos a Proteo;

atado al eslabón de las cadenas
de aquello que unos llaman el destino
y que otros llaman fuego de las venas:

la vuelta, despedida del camino;
la vuelta, bienvenida de la casa;
la vuelta, conmoción del intestino. 

Entre tanto recuerdo uno me abraza.
Sólo recuerdo que algo es recordado
y no sé qué. Maldito tiempo pasa. 

Hoy vuelvo a casa y sigo atribulado
por lo viajado (fuente del poeta).
Me siento bien de, al fin, haber llegado.

Glauco

jueves, 30 de julio de 2026

El tiempo pasado

Más que el amor, es el miedo. 
Más que el miedo, es el dolor. 
Más que el dolor, el amor. 
Más que el amor, es el credo. 
Más que el credo, es el enredo. 
Todo se encuentra enredado:
lo importante, lo sagrado. 
Nada es todo. Todo es más.
Nada conoce el jamás,
menos el tiempo pasado. 

Glauco

miércoles, 29 de julio de 2026

Paranoico

El jardín de una casa está cerrado. 
En él crecen pequeños remolinos
que levantan las luchas en el prado.

Yo contemplo esos pastos asesinos
y sentir sobre mí el cruzado fuego
deteniendo mi paso y sus caminos. 

Igualmente quisiera ser un ciego 
incapaz de mirar esos ciclones
arrancado a las plantas todo el riego. 

Paranoico, imagino batallones
acercando hacia mí el último aliento,
deteniendo mis muchos corazones. 

Nunca tuve más miedo contra el viento
que el que tengo sentado en esta orilla,
donde todo parece tan violento.

Ha llegado hasta aquí una breve astilla
y en mi pecho inhumano se ha clavado.
Viene y hace las veces de semilla,
germina para mí al hombre espantado. 

Glauco

martes, 28 de julio de 2026

La maldición

Ha sido linda la vida
cada vez que no la pienso. 
Pero al pensarla comienzo
a ver su furia suicida. 
Tras de todo lo vivido
pienso: ¿qué la vida ha sido? 

Pienso en el amor y duele,
no pensar ni mucho menos
amar, porque vivir suele
llenarnos de ambos venenos.
La maldición de pensar
es la maldición de amar. 

Amo pensar y le temo,
no a pensar ni al amor mismo,
a navegar sin un remo
que reconozca este abismo:
el del verso, el corazón,
lo bello y su maldición.  

Glauco