Mi emoción es muda, como
la voz que en mí anida
Justamente no hemos
hablado de dicho tema; tampoco nos sentamos a pensar si acaso queríamos formar
juntos este proyecto; y, quizá, no todos comparten la misma opinión al
respecto. Preguntarse en qué consiste ser un Nombrador mudo resulta pertinente
en este espacio, pero hoy le veo muchas trabas y dificultades. Trabas por los
diversos estilos aquí presentados en tres meses; dificultades por el origen del
blog. Sin embargo, parece que todavía tenemos la piedra en bruto y haría falta,
pues, esculpirla juntos.
Es verdad que a ti te invité a formar
parte del blog, y también es verdad que aceptaste. A otros les propuse que
hiciéramos un blog, ¿para qué? Para continuar el ejercicio de la escritura. Con
mis amigos no discutí el para qué andar escribiendo, pues consideré que, si no
todos, la mayoría convenía en que escribir es una formación del alma, ¿cuál? Me
dirás, pues el ser “un medio para realizar plenamente el sentido humano”,
contestaré. El mayor indicio que se puede tener de lo anterior es darse cuenta
que el escribir se ha vuelto tan indispensable como el comer y beber. Y en las
más de las veces comemos y bebemos en compañía. El talón de Aquiles en la
lectura y escritura es verse impedido a dialogar, es enmudecer por imposición o
censura; o mejor dicho: la piedra fundadora de la lectura y escritura es el
diálogo. Quien censura su diálogo con los demás a su alrededor se halla lejos
de realizarse plenamente como humano, y más todavía, de poder convivir con
otros. Pero todo esto lo creí implícito, ingenuamente, en la pregunta: ¿les parece
si formamos un blog?
Hubo quienes me dijeron que nada de
esto funcionaría, pero hubo quienes, con ideas como salidas del horno, me
decían que podíamos hacer esto y aquello. Y sucede que aquí nadie se gana el
pan con su pluma. Es un hacer libre, pues aquí todos hablan de esto y de lo
otro, y al paso caminamos dialogando con nuestros escritos. De ahí las indirectas, como decimos corrientemente,
en algunas entradas. Dialogar no puede reducirse a los comentarios en las
entradas del blog, pues ya dialogamos desde que me hiciste cuestionar y
preguntar: ¿por qué dices lo que dices? Me puse a pensar al leerte porque tú te
pusiste a pensar al escribirme, he ahí el retoño del diálogo. De vez en cuando
este diálogo nos mueve a reunirnos, a dialogar de frente, a conocernos aún más.
Pero todavía hubo quien dijo: y eso de reunirnos, ¿para qué?
De modo que todos aceptamos, por estas
u otras razones, a escribir. Hemos asumido, queriéndolo o no, el papel de
escritores. Ciertamente no todos gozan del arte de la escritura, pero los hay
quienes todavía nos esforzamos en ello. Mejorar nuestra escritura es el deseo
de dialogar sin una polvareda de obstáculos. (Pues no quiero confundirte si
escribo: ‘si con lo que dices lo veo obtuso’, cuando quería decirte: ‘sí, con
lo que dices lo veo, obtuso’). En efecto, leyéndonos nos damos cuenta que no
coincidimos con el pensamiento del uno o del otro, y a esto los hay quienes quieren
enderezar el pensamiento de los demás, así como los que asienten, desde su
diván, con la cabeza. El Nombrador mudo es un escritor.
Pero aquí escribimos de cosas diversas, algunos con ensayos, poemas, cuentos, meditaciones, críticas, comentarios, aliteraciones
y hasta pensamientos adagio-cuentistas (disculpen, no conozco ese género con
mezcla de anécdota y sentencia breve, tal vez ustedes sean mejores nombradores
que yo). Con esta miscelánea de escritos el blog no tiene patria. No somos un
blog de literatos, pero leemos literatura; tampoco uno de crítica o protesta,
pero algunos son conscientes del estado actual de nuestro país; ni siquiera un
Ateneo de la Juventud cibernético, aunque algunos ofrecen sus creaciones
literarias y guardan, quizás, en sus corazones el deseo de hacer de México un
lugar feliz; tampoco es un blog filosófico, aunque la mayoría sean egresados de
la Licenciatura en Filosofía y guarden en sus escritos el deseo de reflexionar
y dialogar. Y de ahí que el blog, originalmente, nunca tuviera nombre. Y no lo
tuvo por dos buenas razones.
Primero, porque no quise ceñir el blog
a ciertos límites formales, de contenido y de público. Todos son libres de
expresar con su pluma lo que su alma calla en las calles, o lo que quizás tuvo
que callar durante cuatro años en la Facultad. O, mejor dicho, todos somos
libres en dialogar sobre lo que nos interesa y llama nuestra atención. Además,
el blog es de todos, incluso de los que no escriben y nos leen de vez en vez. Si
por mí fuera le hubiera puesto “Los restos de Alejandría”. Pero no es así. Y a
la urgencia de un nombre nos vimos en la necesidad de colocar, querido lector,
el que ves puesto. En efecto, es difícil llegar a un común acuerdo.
Segundo, alguien oportunamente dijo: «somos malos nombradores,
deberíamos llamarnos “Los Nombradores mudos”». ¡Perfecto! Me dije a mí mismo,
es como un nombre vació al cual le puedes dar el contenido que tú desees. Es
una contradicción (o un buen oxímoron, como alguien me dijo), lo sé, pues el
mudo no lo es por saber callar, sino porque no puede hablar. Si no puedes
hablar no puedes nombrar. En cuyo caso debimos llamarnos “Los Nombradores
silenciosos”, pues estar en silencio es no hablar cuando se puede hablar. El silencio,
como diría el Maestro Pancho, es pensar y no hablar cuando se puede hablar. Y,
como debe ser, del silencio han brotado las mejores obras del hombre. Pero aquí
la mayoría somos jóvenes inexpertos, que pasamos juntos cuatro años de nuestras
vidas tras salones pintarrajeados y olor a comida. Luego pasé varios meses sin
su compañía. Extrañaba dialogar con ellos, quise seguir cultivando nuestra
amistad. Entonces me vino la idea de un blog. El Nombrador mudo es, pues, un
escritor que dialoga con sus amigos.
Pero aquí no todos somos amigos, pues los hay quienes ni se
conocen. Y tampoco conocemos a todos nuestros lectores. Pero no importa, pues
como dice Salvador Novo, hay dos maneras de trabar trato con los escritores: “cultivando
su amistad o leyendo sus obras”. Nosotros tenemos la ventaja de hacer las dos,
ya que de Wilde o de Platón sólo nos queda hacer lo segundo, mas no lo primero.
Así, leyendo nuestros escritos podemos dialogar cultivando nuevas amistades y
cosechando de las ya sembradas. Entonces, ¿de dónde nos vino la mudez?
Muchos somos conscientes que hay un Palacio de las Letras y las
Palabras, es decir, de aquellos que de veras han contribuido con su pluma a los
cambios en el mundo, a la cultura del mañana. Las puertas de dicho palacio se
abrieron, a veces con libros, a veces con guerras, y nosotros hemos fisgado al
interior, a través de una ventana, o dicho de otro modo, a través de nuestra
pluma y la lectura, no sin olvidarse de la experiencia. Asomarse al Palacio es
como querer ver al sol de frente, con posibilidad de caer en la ceguera; en
nuestro caso, en la mudez. Habemos quienes tratamos de contar lo que por ahí
vimos, pero también los hay quienes tratan de contarnos lo que oyen desde su
corazón y un tanto del Palacio. En ambos casos el diálogo permanece. Nuestra
mudez no es imposibilidad de expresión, sino la dificultad en poder expresar de
lo que a veces no se puede hablar con los demás: de nuestros gustos e intereses,
de nuestros sueños y anhelos, de la felicidad, la verdad y el conocimiento. La
emoción resultante, de compartir lo que guardamos en el corazón o vimos en el
Palacio de las Letras, la calcamos al papel día con día, y enmudecemos, por
tanto, por alegría. La mudez no es trabazón, es un esfuerzo de la pluma de cada
escritor en querer expresar lo que anida en su alma, o en la voz de su corazón.
Porque muchos nos sabemos nimios ante las autoridades de las letras, de los verdaderos
pensadores o escritores, de aquellos gigantes o colosos. Tras estudiarlos
enmudecemos, no por imposibilidad, sino por asombro. Y aquí, cabe decir, el Nombrador
mudo comparte dicha emoción, es decir, su asombro, alegría o tristeza por medio
de la escritura tras haberse asomado al interior del Palacio de las Letras o a su corazón. Y
puede que con un tropiezo podamos vivir mejor.
Ganarse la vida con la pluma es algo que parece privilegio de unos
cuantos. Los espacios para dicha profesión, si quiere verse así, son pocos y de
difícil acceso. Y henos aquí, abriendo un espacio para pequeños escritores,
deseosos de dialogar, de compartir sus pensamientos y emociones con sus amigos y
un pequeño público a través de su pluma. Es así, querido lector, como se ha
venido tejiendo el blog de “Los Nombradores mudos”.
Considero, bajo mis escasos recursos, que en eso consiste ser un Nombrador
mudo, si acaso les ha parecido a los escritores presentes y nuevos en este
blog. De no ser así también pueden expresarlo, recuerden que tenemos la piedra
en bruto,
porque es mejor verlo juntos que solo.
Y a ti, querido
lector, me detengo a ofrecerte una imagen más clara de lo que puedes toparte al
asomarte aquí, ya que también formas parte de nosotros al leernos. Puedes
compartir con tus amigos lo que aquí encuentres, o puedes guardártelo, como
juguete de colección, en tu alcoba de objetos extraños e inútiles para que te
sirva de entretenimiento en tus horas, privilegiadas, de ocio.
Aurelius