Presentación

Presentación

miércoles, 23 de mayo de 2018

Miedo mío

Nunca se ve a la flor
temblar ante la tromba
pues conoce el rocío.
El rocío le dio amor
estallando una bomba
en la  hoja, en el pistilo.

Cuando sopla el viento
el fuego no se esconde,
se vuelve más intenso.
Encuentra el momento
para volar por donde
su ser es menos denso.

Hay agua y hay fuego
que dan miedo y no tienen
miedo de estarlo dando.
El hombre está en juego:
cuando el fuego le encienden,
el agua lo va ahogando.

(Vive hermano,
vive amigo,
sin el miedo
siendo abrigo
de tus manos,
de tus actos.
El miedo es perdición,
sustituye al corazón.)



Talio




martes, 22 de mayo de 2018

De invierno a primavera

Envuelta en primavera
me bañas de verano.
Me lavas con la cera
de abeja, y el rebaño
de huellas de tus manos
se pierde en la ladera
del monte en luna llena;
paisaje bello y llano.

Lleno de calentura
yo busco entre tus labios
que tras tu dentadura
tu lengua y sus espasmos
bailaran unos pasos,
una canción tan pura,
tan tenue, tan esquiva,
que esté por todos lados.

Lleno de agua de lluvia
tengo piel de tormenta
(torrente: sangre y furia),
y alma que se apacienta.
El arcoiris se encuentra
tras la grieta escondida,
no en el cuerpo, en la vida,
en el pueblo, en la selva.

Descubierta en invierno,
cómo el otoño soplas
el canto de un cuaderno
de versos y de coplas
surgidas tras las copas
del manantial eterno,
del hielo frío interno;
paisaje que provoca.

Sin la temperatura
qué apacienta mi fuego,
yo busco una llanura
para enterrar mi ego.
Sin ayer y sin luego
me miras a la altura,
viendo así la llanura
cómo añejo andariego.

Sin abrigo y sin ropa
arde en mi ser la nieve,
arde mi alma en tu boca,
tu garganta se muere
y habla lo que no puede.
La nieve no derrocha
ni apaga las antorchas,
espera lo que viene.




Talio





lunes, 21 de mayo de 2018

Al falso vuelo verdadero

Abre las puertas de tu laberinto:
un nuevo mundo, un nuevo derrotero;
abre para mis pasos el sendero
de la carne, del amor, piel e instinto.

Atrápame en el centro de tus garras,
con la fuerza descomunal de un oso
apriétame en el seno poderoso
de tu mano: amarra entre las amarras.

Abre la mano y suelta al Minotauro,
que con su bestial furia me consuma
entre saliva y sangre, entre la espuma

rosada, hirviente —salvajismo raudo—
y tierna, bañadora de deseos,
de ser del laberinto de tus reos.


Cierra mis ojos con dulzura buena.
No me dejes temerte ni me dejes
sufrir por tus labios cuando te alejes.
No me dejes a la de la cena.

Libérame cuando el no derrita
las alas que de cera has inventado
para dejarme volar a tu lado
en un sueño que para mí fue cita.

Cierra tu corazón conmigo dentro,
qué mi respiración bombee por siempre,
qué le dé vida a tu cuerpo inerte,

apasionado tu ser desde el centro.
Sé mi amor libre y sé también custodio,
sé mi bien, sé mi amor y sé mi odio.



Abre el pecho como se abre el pétalo
liberando el polen, también la sangre
rociando al colibrí en la flor que se abre,
colibrí que se abre como Dédalo

en el cielo, en la planta, en el mundo,
en todo aquello cuanto está existiendo
y no mira el espacio ni el tiempo,
no mira que es superfluo lo profundo.

Abre el mar en un buen aterrizaje,
qué el calor de las alas no te frene
y que tú corazón frío no se llene,

no se quede solo ni se relaje.
Siempre activo, siempre en un alto vuelo,
ábreme tu ser para ser yo nuevo.



Cierra la boca y besa mi mejilla,
adórnala de amor ruborizante,
cálido, sincero, inolvidable;
amor, amor, amor, de una chiquilla

con semblante tierno, a veces pícaro,
con juventud, con sueños y añoranza;
contagia el corazón de una esperanza
falsa y verdadera, tal cual Ícaro

volando por un cielo verdadero
con el ingenio que creó las alas
de cera y de alambre pero falsas.

Sin vuelos y sin sueños yo te quiero.
Se abre y cierra mi boca al pronunciarlo,
abro por ti el pecho para cerrarlo.



Talio




miércoles, 16 de mayo de 2018

Madrigal cazador

Siento cosquillas en el cuerpo
y no es un movimiento eléctrico
ni un movimiento muy nuevo
el que me convierte en colérico.
Eso que yo estoy sintiendo
no sé qué es pero lo estoy viendo.

Más que buscarte yo busco
la manera de mirarte tanto,
tanto que se vuelva mucho
y al ser mucho no se sepa cuánto;
no te busco a ti pues antes
te he encontrado entre los caminantes.

Quiero tener buen aroma
para que respires en conjunto
cada acorde, cada nota:
aroma de Dios y el hombre juntos.
Quiero ofrecerte mis manos,
qué al chocar sudan perfume humano.

Tu cabello: la tormenta
de rayos negros y lluvia helada
me evapora, me calienta,
me seca, me inspira, me descarga.
Tus labios se han convertido
en refugio de mi ser de niño.

He perdido la mirada;
no me atrevo siquiera a mirarte,
no me atrevo pues no hay nada
que con mirarte pueda decirte.
Temo que me veas impuro,
que me mires y me encuentres duro.

Prefiero creerte diáfana,
tal como la Diana Cazadora,
que con arco y flecha ufanas
anda desnuda y encantadora
llevándose animales
para cuidarles de los pesares.

Miro y miro tu camino
oscuro, misterioso, intacto,
estrecho, delgado, fino
y sé que no puedo caminarlo.
Iría gustoso a tu lado
aunque con otro vayas andando.

Soñaré con serte digno,
soñaré con seguirte mirando,
seguiré viendo tu signo,
seguiré, al mirarte, soñando.
Aunque te miro y te pienso,
me niego a mí mismo lo que siento.



Talio