Presentación

Presentación

viernes, 18 de diciembre de 2015

Soledad virtual

Soledad virtual

Sin dedicatorias, que “a mí las moralinas me hacen vomitar”.

Miró su celular, era ella otra vez,

la ansiedad por saber que alguien lo buscaba.

Javel 

jueves, 17 de diciembre de 2015

Necesidad

Durante los últimos años, tuve el hábito de no salir de mi casa el día doce de diciembre. Este año, fue la excepción, aunque no asistí al lugar más visitado en esa fecha, pude percibir algunas situaciones que ese día trae consigo. La opinión pública se reducía a la necesidad de asistir a la iglesia. Por donde quiera había personas ante una capilla esperando que diera comienzo la celebración. He de aceptar que tanto movimiento me impresionó y me pregunté: ¿por qué la necesidad y la prisa de las personas por asistir a la iglesia ese día? La respuesta que lo resume todo pero a la vez es un supuesto más, sería la fe en las personas.
Pero hablar de la fe daría por supuesto que yo comprendo mínimamente qué es ello y, de esa manera tengo la osadía de decir algo al respecto. Sin embargo, no es el caso. Eso es un asunto del que se encargarán los grandes teólogos. Prescindiendo de todo lo que se dice acerca de la fe y, de la concepción religiosa, solamente puedo hablar de lo que percibí en ese momento en las personas. Todas las personas que encontré y, poniendo atención a lo que decían, coincidían en que tenían necesidad. En ese sentido, la necesidad es aquella que mueve y manipula la voluntad.
En ese momento, me pareció que la necesidad es aquel impulso que ocasiona que las personas acudan a celebrar ese día, independientemente de los particulares motivos. Necesidad siempre hay, no es cosa de que exclusivamente el día doce de diciembre haya más, sino que en ese día las personan consideran que es necesario, para su tranquilidad, asistir a una celebración religiosa. Tranquilidad en el sentido de aquellos testimonios que escuché, es decir, se referían a que era necesario dar las gracias por los beneficios recibidos y pedir por las necesidades presentes.

Todo ello que se decía, me condujo a interpretar que mientras los hombres tengan necesidad, ésta exclama y exige que se le atienda. Mueve e influye en la voluntad de cada uno, dejando de lado la religión que se profese, pues los religiosos no son los únicos que tienen necesidades.  En ese caso, la necesidad puedo entenderla como el principio  natural en los hombres, es decir, se nace, se vive y se muere con necesidades. La diferencia radica en el cómo cada uno dirige, atiende o simplemente evade. Y cuando hay ausencia y carencia, esto es el principio, si se me es permito decirlo, de la necesidad de recurrir a lo divino.  

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Arte en venta

Hace algún tiempo conocí a un pintor… no era, desde luego, un pintor famoso ¿dónde podría yo haber conocido a tal persona? No soy afortunado como otras personas; que se encuentran a tal escritor cuando van a almorzar y a tal cantante cuando están en un café. Yo ni frecuento los lugares que frecuentan los artistas, ni, menos aun, los busco. No, el pintor de quien les hablo es, más bien, un pintor humilde… Bueno, humilde no es, acaso, un adjetivo que en general corresponda a los pintores, no les es muy propio. No, éste era un pintor más bien pobre que humilde. Así es, un pintor pobre que se ganaba la vida, más que pintando, dando clases de pintura. El caso es que, profesor y todo, el señor tenía bien marcadas sus ideas respecto del arte.
Él solía decir que no se era buen pintor si no se dominaba cierta técnica, pero no podías adquirir la técnica si no seguías al pie de la letra las indicaciones del maestro. Tendrías que ser muy riguroso para lograrlo: acatar todas las órdenes, trabajar con esmero diario, pagar siempre a tiempo tu cuota… ¡Alguien como yo no podría ser un pintor ni en un millón de años! ¡Si lo que menos se me da es la disciplina! No hubiera seguido el programa ni una semana… En fin, dejemos a un lado mis sueños truncados y continuemos con lo que se decía de aquel maestro.
Algunas veces lo escuché dar consejos sobre cómo lograr una obra más atractiva: usar ciertos temas, preferir ciertos juegos de luces, encuadrar de cierta manera, cosa de profesionales sería pintar cosas que la gente usualmente no cree que se puedan pintar, por ejemplo, cómo se ve el agua en muchas de sus presentaciones posibles.
¿Cómo vas a asegurarte de que tus cuadros se puedan vender? Ésa era una cuestión fundamental, y había muchas maneras de responderla. Por supuesto que estos pintores no eran tan audaces como otros; de ésos que sí llegan a ser famosos. No se atreverían a pintar cosas tan descabelladas como eso de cuatro líneas rectas paralelas trazadas horizontalmente a lápiz sobre un cuadro de papel blanco de un metro por uno punto tres; pero yo creo que ambos compartían la idea de que el arte debe ser vendible. Claro que esos otros grandes artistas seguramente requieren razones y argumentos más elaborados sobre por qué un millonario debería comprar su obra, o darles premios y reconocimientos. Ellos probablemente agregarían a la lista de consejos: que tu obra debe transgredir algo —las convenciones tradicionales, lo que anteriormente era “políticamente correcto”, lo que solía ser tabú—, dar la apariencia de condensar una profundísima e inescrutable reflexión en torno a un tema, presentar una denuncia en contra de todo lo que nos limita o nos somete en la sociedad, o poner en el escenario algo que a nadie se le había ocurrido poner ahí, aun si se trata de algo que, de cualquier modo, todo mundo está acostumbrado a ver en la vida cotidiana o, en fin, presentar cualquier cosa que parezca radicalmente nueva.
Y en otras artes ocurren cosas similares, algunas un tanto descaradas. Para nadie es un secreto, hoy en día, que la televisión ofrece contenidos hechos a modo para vender, por eso todo el que trate de ser intelectual empieza por criticar la tele. Respecto al cine sucede algo similar, aunque las películas tal vez gozan más del beneficio de la duda que los contenidos de T. V., a la hora de ser juzgados. Aun así, casi cualquiera tiene idea de que Hollywood produce mucha basura pensada para atraer y retener a las masas. Aunque tal vez no muchos lleguen a decir que el cine independiente, paladín cultural de varios, quizá hace, en muchos casos, algo similar a lo de Hollywood, sólo que en vez de preguntarse qué es lo que les gusta ver y oír a las masas, se preguntan qué les gusta ver y oír a las masas de intelectuales. Y también suceden cosas similares en la música, el teatro ¡y hasta en la escultura! Pero donde es quizá más importante es en el terreno de la imprenta. Es importante porque muchos productores de letras no sólo escriben para vender, sino que al hacerlo llegan a escudarse en la idea de que las letras siempre son sinónimo de alta cultura, como si uno no pudiese escribir en un libro basura tan baja como la del peor programa de T. V. Y así, para el ver de ellos, imprimir hasta los consejos de cama de cualquier fulano es promover la cultura, construir un mejor futuro.
Pero el aliento que anima a todas estas producciones es la idea de cultura como producto de venta, como industria. Claro que se da en distintas escalas y en modos diversos, desde el pequeño empresario pictórico, hasta el gigante editorial o cinematográfico. Pero el lineamiento que prevalece es el de la obra que vende, que atrae las miradas y que puede ser un fin en sí mismo para el público, aunque no lo haya sido para el autor.
De este modo el poder del capital se sobrepone al del ánimo creativo, cuestión que para muchos no cobra importancia. Por eso es importante el llamado de atención al respecto de estos asuntos. Y no hay que olvidar que, como muchos lo han señalado ya en el pasado, la industria cultural es uno de los principales pilares ordenadores de la sociedad contemporánea… y de sus fallas.
L. Pulpdam

martes, 15 de diciembre de 2015

Un ciclo feliz

Casi siempre la vida la vivimos de manera cíclica, empezamos y tratamos de terminar de la mejor manera cada ciclo que vivimos. Medimos nuestro haber en situaciones que se supone nos hacen ser mejores en cada ámbito de la vida, de manera que procuramos ser buenos en cada campaña que emprendemos para que así al final, al cerrar ese ciclo, podamos continuar con el siguiente satisfechos de nuestro anterior desempeño.Así, vivimos ciclos laborales, escolares, sentimentales y demás, y cada uno va moldeando una parte de nuestro ser.
       Hay sin embargo otro tipo de ciclos que encierra a estos más pequeños, vivimos midiendo nuestro tiempo en ciclos anuales, y el que estamos viviendo está próximo a terminarse; es natural entonces voltear la mirada atrás y hacer un exhaustivo análisis de cómo fue nuestro año. Surgen entonces todo tipo de preguntas acerca de lo que hicimos o no durante este tiempo, los proyectos que emprendimos y los fracasos que tuvimos, básicamente hacemos el balance entre lo que nos propusimos y lo que en verdad obtuvimos.
       Ahora bien, en mi vida, pocas veces logro concluir de manera satisfactoria los propósitos que hago cada nuevo año, a veces ni siquiera los inicio, pues son proyectos casi siempre triviales (o quizá más bien me hace falta voluntad) y termino viviendo cada día como me va viniendo, más bien dejando que la vida me lleve. Sin embargo, este año fue para mí un año de aprendizaje, no fue en absoluto como pensé que sería, pero sin duda fue bueno, y es que me doy cuenta de que lo que nutre la vida no siempre llega cuando lo queremos, pero casi siempre viene cuando lo necesitamos, la amistad y el amor son elementos indispensables en la vida de un hombre y este año para mí estuvo lleno de eso.
       Este ciclo termina dejándome una lección, nada hay más importante que buscar ser feliz y hacer felices a los que amas, por ello, querido lector te hago la siguiente pregunta, ¿Este año fuiste feliz?