Presentación

Presentación

sábado, 8 de febrero de 2025

El hambre de silencio

Hay un hambre de silencio
en las calles de mi barrio.
Las llantas contra el asfalto
y las aves contra el sueño;
canciones cuentan el tiempo
de la gente caminando. 
Mientras tanto sólo canto
en el cefálico eco. 

Ando buscando un momento
pa’ gritar intensamente
entre el sonido que crece
como ahuehuete en el cuerpo.
Todo es siempre muy intenso,
igual que un dios indigente. 
Hay algo que se padece:
es el hambre de silencio. 

Glauco

viernes, 7 de febrero de 2025

Delante del espejo

Detrás del radiante espejo 
está la inmóvil pared 
y tú te paras enfrente
pensando que saber ver. 

¿Qué miras cuando te miras?
¿Miras el follaje suave
de tu piel o tal vez ves
un campo yermo que arde? 

Tus ojos afelinados 
te revelan femenina,
son la fe y felicidad
de ver y su maravilla. 

El camino de los vientos
de la vida traza en ti 
un ángulo que refleja
la luz tras del organdí. 

Hay un solar en tus labios
dando forma a tu expresión:
triste, alegre y enfadada,
palabrándole al vapor. 

Y debajo está un pequeño 
y resistente obelisco
sosteniendo tu belleza 
seductora de felino. 

Pero yo no sé qué miras,
si ves la tierra o el cielo 
cuando te paras de frente
al inaccesible espejo. 

Glauco

jueves, 6 de febrero de 2025

El manto

El manto del paso humano
por el mundo, por la vida,
deja en la senda una herida
que convierte lo lejano
en parte de un rito arcano. 
En este rito se reza
por dominar la sorpresa,
con la voz del adivino
domar al fiero destino.
El hombre a morir empieza. 

Con el paso de los pies
el tiempo somete al niño
a los dardos del cariño,
para volverlo después 
retablo de la avidez. 
Por eso el humano pasa
por el mundo. Hace su casa
basándose en una cruz
y aun así apaga la luz 
que bajo el manto es escasa. 

Glauco

miércoles, 5 de febrero de 2025

Las oraciones

Aún oro entre las risas cuando lloro,
entre la brisa cuando tengo sed;
a la virgen de bulto en La Merced 
a la que en un lejano tiempo le oro. 

Aún corro por las calles sin socorro,
sin voz, sin alimento, sin placer;
aún viajo por las sendas de querer
y, urgido por amor, yo siempre corro. 

Ansioso de vivir, de paz y agua,
no ceso de soñar con el desierto,
donde se baña el corazón abierto 

de una generación, donde la fragua
del tiempo devanea los corazones
y siembra en la razón las oraciones. 

Glauco