Presentación

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sábado, 23 de enero de 2016

Hogar.

¡Hola!, Yo soy Gabriela y esta es mi primera entrada en el blog.
Dejo esta breve poesía como la última que he escrito resultado de mis olas emocionales y demás obviedades. Cualquier comentario es bien recibido y gracias por tomar el tiempo de leer esto. 


HOGAR


Hubo un tiempo en el construí un nuevo hogar

Mi hogar era cálido
suave, dulce 

Mi hogar era increíble
mi paz, mi refugio, mi mundo

Mi hogar era a tu lado
tierno, amoroso, apasionado…

    
        Mi hogar se desmoronaba…

El techo se caía con mis esperanzas, mis miedos y furias

   
     Mi hogar colapsó
ya no aguantaba ese calor sofocante, tempestuoso

……
   Mi hogar se perdió
……..
Huérfano, desahuciado 
Mi hogar se mudó

Y regresa poco a poco de nuevo a mi.

viernes, 22 de enero de 2016

Cordialidades



Seré honesta con ustedes, extraños. En parte porque quiero que si algún día escribo algo horrendo y fuera de línea tengan la confianza para hacérmelo saber, y también porque quiero desahogarme, que es uno de los fines de estas publicaciones. Soy nueva en esto, he escrito pero nunca para mi (o ustedes, si es que acaso les nació el interés por saber que pienso). Por ello tengo muchas cosas guardadas y calladas. Debido al tiempo, algunas ya se me olvidaron, pero otras maduraron, crecieron o cambiaron. Pero ¡esperen! Que todo este lío tiene motivo. Al saber la fecha de mi primera publicación pensé en muchos temas de los cuales hablar. Pensé en cosas filosóficas pero, la verdad, me ganaron las preguntas existenciales. Creí que ustedes, al ver uno de los nuevos integrantes de los nombradores mudos, se preguntarían por su ser y existencia, así que eso es lo que haré. Me presentaré, describiré y todas esas cordialidades. 


Pero, dirán algunos: “chica entre dos planos, ¡este es un lugar de reflexión!” 


Ya sé, ya sé, vamos a las preguntas existenciales y a mi crisis por no saber que escribir en mi primera publicación (aquí todo empieza a tener sentido). Realmente quería presentarme con ustedes, extraños. Pero no sabía como describirme, lo que me llevó a pensar quién soy. Planeaba escribir algo así como una autobiografía pero no sabía que escribir exactamente. En la primaria me enseñaron a hacer esas cosas, les poníamos nuestros nombres y el nombre de nuestros padres, nos hacían describirnos con adjetivos calificativos que únicamente describían nuestro aspecto físico. Incluso en grados más altos, como en el bachillerato o incluso en la universidad, los maestros nos ponían de pie y nos pedían que nos presentáramos, describiéramos y nombráramos nuestros gustos, como si eso fuera lo único interesante que tenemos por decir. Pero llegué a pensar, en estos días de cuestionamientos melancólicos y gracias a mis extraordinarios compañeros de vida, que no me gusta describirme con palabras como gorda o flaca o ñoña o loca, porque no soy completa ni definitivamente esos adjetivos. Creo que describen más las experiencias vividas, el modo en el que reaccionamos ante ellas y también algo místico y raro que tenemos desde el nacimiento, alguna esencia perdida o confundida que no se devela fácilmente. ¡Así es!, todo este choro mareador es para decirles que no sé que es lo que nos hace ser quienes somos. Pero podría pensar que sí tenemos algo que nos define, no completamente ni que nos determina, pero si permanece hagamos lo que hagamos. Llamémosle esencia por ahora y cedamos en que, como dije anteriormente, no se devela fácil y rápidamente. Esta esencia tal vez se devela ante nosotros al momento de tener nuevas experiencias, cuando tomamos decisiones, sean de la magnitud que sean, pues sabemos que muchas cosas que hacemos van encaminadas hacia lo que queremos y deseamos, hacia nuestras metas. Pero tal vez lo que nos hace ser lo que somos es nuestro nombre (definiéndonos por su significado), nuestro signo astral, el día en el que nacimos o el santo celebrado dicho día, las experiencias, el carácter predominante, nuestra esencia, o el conjunto de todas esas opciones. Difícil de definir, ¿no? Pero bueno, para no confundirlos más, y para terminar este escrito me presentaré: 


Hola, soy la chica entre dos planos y me describiré en 5 palabras: mujer defeña estudiante de filosofía. 


Pero también soy aquella que se complica por nada, la responsable que de vez en cuando manda todo al carajo, la que se estremece, la que juega y llora, la sensible e inmadura, la que se cierra o se abre dependiendo de la persona, la rara y vulgar, la niña y la mujer. Tal vez la belleza de ser quienes somos esta en descubrirnos a cada paso, a cada palabra y a cada sentimiento y saber que somos realmente nosotros siempre.
¿Qué es la comida? No es sólo una colección de productos, merecedores de estudios estadísticos o dietéticos. Es también y al mismo tiempo un sistema de comunicación, un cuerpo de imágenes, un protocolo de usos, de situaciones y de conductas. […] Al comprar un alimento, al consumirlo y al darlo a consumir, el hombre moderno no manipula un simple objeto de una manera puramente transitiva; este alimento resume y transmite una situación, constituye una información, es significativo (Barthes 215).

Como sugiere Barthes, la comida constituye una parte fundamental de la cultura, ya que es en sí un sistema de comunicación, un compendio de signos entendidos y reproducidos en una sociedad. Todo puede converger en tan sólo un bocado: “Food touches everything. […] Eating is an endlessly evolving enactment of gender, family, and community relationships (Counihan 1). Comenzando con la selección de ingredientes, pasando por las recetas y preparaciones, y culminando con los platillos y con el acto mismo de comer, cada elemento del proceso culinario está intrínsecamente relacionado con la historia, con lo que somos y a lo que pertenecemos. Además, un amplio repertorio de representaciones culturales y estructuras sociales sostienen y se sostienen por medio de la actividad culinaria, en la que a su vez, circulan, refuerzan y transgreden valores, creencias, ideologías y expectativas acerca del yo y los otros (Golubov 73). En este sentido, la comida puede considerarse como un “entramado de narraciones” (Geertz 24), ya que constantemente se transforma por las prácticas, discursos y representaciones a las que se ve expuesta y que la hacen capaz de posicionarse como un elemento productor de diferencia y pertenencia. Razones por las que no habría de sorprendernos que la comida—en la vida como en la literatura—va más allá de una necesidad fisiológica básica exclusivamente.

                           La alimentación constituye un elemento central de la identidad que, producto de una sedimentación cultural a largo plazo, se materializa en productos, técnicas de cocina, platos y modos de consumo propios de los integrantes de una sociedad en particular. Este fenómeno, definido por Frédéric Duhart como Identidad Cultural Alimentaria (ICA), es capaz de nutrir, lejos de las mesas físicas, un imaginario completo, ya que tiene como base una rica herencia cultural y una serie de representaciones de lo propio y de lo ajeno (Duhart 1).

Precisamente en los ensayos “Real Food” de Chimamanda Ngozi Adichie y “Rice” de Jhumpa Lahiri podemos ver cómo se construye y se destruye, se acentúa y se difumina, se perpetúa y se olvida una identidad dentro de un entorno ajeno a través de la comida. Los platillos tradicionales—el garri en Adichie y el pulao en Lahiri—se convierten en esos “entramados de narraciones” que en ambos casos—aunque desde diferentes enfoques—van forjando una noción de identidad cultural.


Referencias


Adichie, Chimamanda. “Real Food”. The New Yorker 3 sept. 2007: Web. 10 febrero 2015.
< http://www.newyorker.com/magazine/2007/09/03/real-food>

Barthes, Roland. “Por una psico-sociología de la alimentación contemporánea”, trads. Lucía Torres
Salmerón y Luis Enrique Alonso. EMPIRIA. Revista de Metodología de Ciencias Sociales. 11.1
(2006) : 213-222. Web. 10 marzo 2015.
<http://revistas.uned.es/index.php/empiria/article/viewFile/1114/1027>


Counihan, Carole. Food and Culture: A Reader. Nueva York: Routledge, 1997. Impreso.

Duhart, Frédéric. “Consideraciones transcontinentales sobre la identidad cultural alimentaria”.
Sincronía.  9.32 (2004) Web. 10 marzo 2015. < http://sincronia.cucsh.udg.mx/duhartf04.htm >

Geertz, Clifford. The Interpretation of Cultures:Selected Essays. Nueva York: Basic Books, 1973.
Impreso.

Golubov, Nattie. “El consumo de cultura: identidad y comida en los cuentos de Jhumpa Lahiri y
Chitra Banerjee Divakaruni”, Coords. V. Ávila y P. Suárez. Los estudios de género hoy: Debates y
perspectivas. México: UNAM, Facultad de Filosofía y Letras, 2014 66–83. Impreso.

Lahiri, Jhumpa. “Rice”. The New Yorker 23 nov. 2009: Web. 10 febrero 2015.
< http://www.newyorker.com/magazine/2009/11/23/rice-2>



jueves, 21 de enero de 2016

Reformulación de Año Nuevo


Depuración



Estaba arriba, en mi habitación, la puerta cerrada, toda la luz apagada y aún así lograba escuchar el murmullo de sus voces. Todos ahí reunidos, comiendo y bebiendo como si festejaran al santo patrono de la hipocresía. Entonces escuché que alguien brindaba por la familia,  pues nada importa salvo que la familia esté unida. - ¡Por la familia!

No pude evitarlo, maldije y arrojé de mi cama el único objeto ajeno a ella, el libro de Paulo Coelho. Es que este año era mi propósito de vida no criticar nada que no conociera, ni aun porque recibiera las peores criticas de todos los intelectualoides. Por eso decidí darle una oportunidad al tipo y ¡vaya que era malo! Aunque, después de todo, eso no era tan relevante, el tipo hace que la gente se acerque a la lectura, ¿no es eso lo que tanto se promueve? Después de todo, no creo que todos (nadie) nazcan con un gusto irrevocable por la literatura rusa, la "buena poesía" y un amor natural por las paginas de Hegel. En fin, me dejé caer sobre la cama, cerré los ojos y sin querer pensé en el motivo de nuestros propósitos, siempre pensamos que todo va a salir mejor este año, pero algo siempre sale mal. ¿Qué tal si no es la fórmula la que está mal? Tal vez son los elementos equivocados, tal vez somos nosotros los que salimos sobrando, me dormí.

Al abrir los ojos ya no había ningún ruido, mi ventana estaba abierta y entraba un gélido viento. Tuve la intención de levantarme a cerrarla cuando me percaté de que en la oscuridad algo se arrastraba por mi ventana: una sombra espesa, casi solida, entraba y se deslizaba sigilosa por el suelo, se camuflajeaba con las sombras. En un momento estaba en mi cama ¡al lado de mis pies! Aunque no tenía ojos sabía que me miraba. Se arrastró acechante, no hacía ningún sonido y yo por más que lo intentaba no podía moverme, ¡yo no podía moverme!, ni siquiera podía emitir sonido alguno; sólo se me ocurrió llorar, no pude.

¡Esa cosa se arrastró hacia mí y subió en mi cuerpo!, pesaba como el cemento, aunque sólo alcanzaba las dimensiones de un gato grande. Lo vi reptar hasta mi pecho, una desesperación innombrable hacía palpitar todas las venas de mi cuerpo. Sudor frío escurría por mi frente, y sólo deseaba que todo se terminara. La cosa se detuvo en mi pecho y una tenue luz me dejo percibir pelos... como un erizo o tal vez como una bola de espeso y repugnante pelo negro. Sentí el horror mas inverosímil que se pueda describir. Hasta el llanto huía de mí. Desperté. El sudor llenaba mi frente, obviamente no había nada. La ventana estaba cerrada. Todo en orden. Mire el reloj de pulsera que llevaba en la mano derecha: 1:00 am.

Llevaba un segundo enjugandome el sudor del rostro cuando la alerta sísmica se activó, aunque no era la alerta sísmica. Una voz femenina retumbó en los altoparlantes de las escuelas. Todos los demás ruidos se apagaron. La voz sentenció: 

Se pide-e-e su colaboració-o-o-n para enconconcontra-a-ar a una persssso-o-o-na dedesaparecida-a-a hace tre-e-e-s días. Lleva ve-e-e-stimenta-a-a gris y una cajajajajaja-mochila-a-a a la espalda. Si la-a-a llega a ver opripirprima-a-a el botón de emememergencia-a-as más cercano-o-o. Siga la-a-as innnndidi....

Ese era el mensaje, acompañado de un sin fin de ecos. Cuando se interrumpió el mensaje los perros aullaron cinco minutos sin parar, se detuvieron y no se escuchó nada más. Un escalofrío me recorrió. Dudo mucho que cualquiera que haya escuchado ese mensaje no haya tenido una terrible sensación, la que yo tenía. Y es que al instante que la mujer habló su voz estuvo acompañada de ecos y se escuchaba como cuando un disco se raya. Hubo momentos en los que parecía una grabación vieja y dañaba, una broma de muy mal gusto. Muy tétrico para la celebración de año nuevo.

Mis delirios de persona joven/adulta-pesimista me hicieron levantarme enseguida de la cama, bajé corriendo a la sala, no había nadie. Esas horribles personas se habían marchado, no me sentí feliz. Llamé a gritos a mi hermana y a mi madre, nadie contestó. Subí corriendo a la azotea, miré la ciudad que estaba inquietantemente callada. Bajé la vista a las calles y éstas estaban llenas de un tipo de neblina espesa y liquida al mismo tiempo, una neblina gris y repugnante como las ratas, olía a podredumbre, olía a muerte. Desee haber hecho más, haber estudiado astrofísica o biología marina. No debí perder horas de mi vida leyendo ese estúpido libro...

Mi casa estaba colina arriba y podía ver como ese asqueroso lodo flotante se arrastraba, o flotaba, cuesta arriba. Lamía las calles y en las paredes de las casas dejaba un rastro de algo que parecía sangre. Escuche el grito de un niño, como a dos calles de ahí. Un grito gutural y desesperado. Entonces lo entendí todo: todos íbamos a morir. Caí de rodillas y esta vez sí asistieron las lagrimas, escasas y amargas lagrimas.
1:11 am