Presentación

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viernes, 12 de mayo de 2017

Paranoia

¿Se puede hablar de sobreinterpretación?
Si todas las interpretaciones son buenas, entonces no hay problema, ¿no? Pero ¿y si sí existen malas interpretaciones?
¿Cómo identificar las buenas de las malas interpretaciones?
¿Cómo saber cuándo se interpreta de más?
¿Cómo saber la verdadera intención detrás de la acción (escrito, obra, etc.)?
¿Se puede interpretar sin meter a colación mis pasiones/deseos/prejuicios? ¿Esas interpretaciones también valen?
¿Cómo saber lo que debo hacer después de interpretar?
¿Comprensión? ¡Bhaa! Si eso se pudiera, yo sabría qué camino tomar o cuándo/cómo caminar…

La chica entre dos planos

viernes, 28 de abril de 2017

Ruina #1

-Las personas siempre dejan algo de ellas mismas en nosotros. Negarlo es necio; olvidarlo es la más grande tontería.

-Una semana es mucho más tiempo del que parece. Los aquelarres y los rituales no sólo se hacen en los bosques o en persona.

-"Come chocolatinas, pequeña, come chocolatinas! Mira que no hay más metafísica en el mundo que las chocolatinas, mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería. ¡Come, pequeña sucia, come! ¡Ojalá comiese yo chocolatinas con la misma verdad con que comes! Pero yo pienso, y al quitarles la platilla, que es de papel de estaño, lo tiro todo al suelo, lo mismo que he tirado la vida." Tabaquería, Álvaro de Campos. 

La chica entre dos planos

viernes, 31 de marzo de 2017

Estela: alma y cuerpo

Cuando Estela despertó, notó que un señor la miraba con extrañeza. No era la primera vez que pasaba eso, últimamente era más frecuente. Le gustaba sentarse del lado de la ventana en el transporte público, así podía dormir tranquilamente, aunque le molestaba que el camión se llenaba rápidamente y esto implicaba más ruido, más distracciones y posibles observadores. Ese día, un señor de chamarra café y con gorra azul iba parado a la izquierda de Estela y le iba prestando atención, notó que reguló su respiración hasta quedarse dormida, después que despertó por un movimiento fuerte de su cuerpo. Ella solía hacer eso como parte de un tipo de entrenamiento. Había leído que, durante el sueño, el cuerpo se relajaba mucho, y llegó a pensar que si se relajaba aún más, podría llegar a una cierta separación entre su alma y su cuerpo. Ese era el motivo por el que intentaba dormir tranquila en cuanto pudiera. Pero conforme fue practicando se dio cuenta de que no era una tarea fácil. La razón, los movimientos bruscos que sucedían en el cuerpo y que despertaban a Estela. Entraba en conflicto cada que sucedía esto, porque su cuerpo mismo no la dejaba tranquilizarse tanto. Ella misma se ponía un límite para evitar que, con un grado muy alto de tranquilidad, su corazón dejara de latir. Parecía que el cuerpo se aferraba a mantener esa dualidad que el alma, por capricho, quería separar. ¿Qué soy entonces, alma o cuerpo o ambos? se preguntaba. ¿Por qué mi alma se empeña en separarse? ¿Por qué razón mi cuerpo se aferra a impedir dicha separación?  
La chica entre dos planos

viernes, 17 de marzo de 2017

Ruina #3

Los problemas en el aula continúan y, sinceramente, estoy cansada y un poco triste. Había pensado escribir sobre eso hoy pero, debido a que no tengo siquiera una propuesta para mejorar la situación, he decidido callar. Intentaré mantenerme al margen de los conflictos, esperando que lo que suceda en un futuro no lo vuelvan a hacer chisme y lo corran por toda la carrera. Más que enorgullecernos deberíamos avergonzarnos. Aunque, ahora que lo pienso, podría sacar provecho de toda esta situación y comenzar a hablar sobre cómo parece que la carrera en sí misma se excluye de las demás, se vuelve extraña y confusa haciendo que los que nos rodean se alejen. Podría volver de esto un ensayo filosófico, sin embargo mi tristeza me lo impide. Prefiero hacerme bolita en mi butaca unas clases más. Tal vez después me salga el coraje para decir algo de verdad importante.

La chica entre dos planos

viernes, 3 de marzo de 2017

A comentarios necios, oídos sordos

"Problema en el diálogo: aferrarse sin escuchar el comentatio del otro" fue lo que escribí esta mañana en mi cuaderno. Esto mientras un compañero nos mostraba su punto de vista sobre un tema, un tanto desviado, del que en realidad nos atañía. Tal vez sea muy tonta o (y) lenta. Tal vez no le entendí porque dejé de tomarlo en serio en cuanto empecé a desesperarme. Tal vez el chavo realmente estaba neceando. No lo sé, pero fuere como fuere la clase se detuvo y dio miles de vueltas sobre temas que ni siquiera los dialogantes tenían claros. Hablabamos de Prometeo encadenado y terminamos hablando de ciencia y leyes morales. Y, en realidad, no es que no quiera hablar sobre ciencia y ética, ni tampoco es sólo el que el compañero no me agrade del todo. Sinceramente me molesta que la clase se desvíe a temas que sólo interesan a una persona en particular, y más me fastidia si se nota que la persona necea, que no sabe lo que dice o si sólo quiere chingar. Esto no sólo pasó hoy, ha pasado varias veces, en varias clases, desde hace ya vario tiempo. ¿Por qué son así? De verdad, ¿no se dan cuenta de que fastidian a los compañeros con sus preguntas y argumentos perdidos y necios? Y es que en realidad éstas son las palabras que definen sus participaciones en clase y hasta sus preguntas en las conferencias a las que asistimos.
   Una vez le plantée este problema a una amiga y ella me dijo: "yo ya aprendí a cerrar mis oídos; cuando escucho que alguien empieza a necear, simplemente dejo de ponerle atención y me distraigo con otra cosa". Confieso que lo intento seguido, algunas veces lo he logrado pero en la mayoría fallo. Hoy, intentando cerrar mis oídos a la explicación que había escuchado tres veces en la última media hora, llegué a pensar: ¿por qué tenemos que escuchar algo que no es claro ni para el que lo dice, o que atiende al interés de uno sólo? No estoy de acuerdo, pero bueno, esto es aceptable en clases (o por lo menos así lo muestran los maestros). ¿Qué hago, someto a todos a mi voluntad?
La chica entre dos planos  

viernes, 3 de febrero de 2017

El extraño en el camión

A Carlota se le había hecho muy tarde esa mañana. Despertó con mucho frío y pocas ganas de ir a la escuela. Sabía que debía ir así que decidió levantarse, aunque ya había perdido media hora pensando en las consecuencias de quedarse hecha bolita debajo de las cobijas. Salió corriendo de su casa y caminó hacia la parada. Ahí pretendía tomar un camión que, según ella, la llevaría rápido. No acostumbraba irse de ese modo, pero se le ocurrió que sería buena opción. Tampoco pensó en que tomando otra ruta tendría más posibilidades de evitar el tráfico, pero el pasaje ya estaba pagado y ella ya se había acomodado en un asiento. Llegó a su primer destino, bajó del camión y se dispuso a tomar el otro que la acercaría más a la escuela. Se formó en la fila de la base, subió, pagó y se sentó junto a la ventana. Éste pequeño camión se llenó rápidamente y arrancó, fue entonces cuando se dio cuenta de un joven que no había pagado y se proponía cantar para pedir una ayuda económica. Aunque con vergüenza, ella lo observó detenidamente: tenía mirada perdida, labios secos, ropa un poco sucia (como la de los jóvenes cuando simplemente no lavan su ropa y se la ponen una y otra vez), en la cabeza tenía algo parecido a un gorro y llevaba un pequeño morral. Pero lo que definitivamente llamó en mayor medida su atención, fueron las cicatrices que él tenía en el cachete derecho: eran algo largas y parecía (por el color y la forma de éstas) que en su momento fueron un poco profundas.  

Sin más, el joven empezó a rapear una canción que era suya. Ésta hablaba sobre su estado actual: mencionaba un perro, un pequeño lugar para dormir donde podía refugiarse del frío, alcoholismo y un barrio algo marginado. Carlota pensó que era cualquier rapero que hablaba sobre lo chido que era, sobre cómo había superado a su competencia del barrio en sus freestyles y cosas por el estilo. Segundos después su impresión cambió, la razón fue un cambio en el tono de voz a media canción. Tal vez inconsciente, pero fue más que evidente, haciendo que Carlota despegara sus ojos del tráfico y volteara a ver al rapero. En este punto de su canción ya no hablaba del barrio ni de su perro, hablaba de él mismo. Se describió y se recordó de más joven, cantó sus sueños y su actual realidad. Se burló de él y dijo que le parecía que todos ahí lo hacían también. Su canción terminó con un silencio total y sus ojos al suelo. El joven así se sentía, vacío y tirado. Poco después, recordó lo que estaba haciendo, reaccionó y después de un “chale” lleno de desánimo empezó a estirar la mano hacia los pasajeros para la cooperación voluntaria. Carlota no sabía qué hacer, quería darle dinero pero no tenía cambio. En eso, recordó que había echado un yogurt de manzana a su mochila y le dijo al joven “¿te sirve un yogurt?” a lo que él le respondió “ahh, ¡sí!” y lo recibió con gesto extraño. Ella no sintió que lo haya ofendido, al contrario, sintió el gesto más como de agradecimiento. Fue lo único que escuchó de él fuera de su canción. Ese día Carlota reflexionó sobre lo que le había pasado. No había llegado a ninguna conclusión, ni siquiera había pensado algo en específico. Sólo se había quedado con una sensación inolvidable, doliente, desanimada y extraña de un extraño.


La chica entre dos planos

viernes, 6 de enero de 2017

Miedos

Recuerdo que hace unos meses iba en el camión (que por cierto estaba llenísimo) repitiendo en mi mente “no tengo miedo” esperando que así, dejara realmente de tenerlo. Ese día llevaba vestido y, para mi, con ese tipo de prendas la paranoia es más grande. Como siempre, estaba escuchando música, pero en mi cabeza sólo retumbaba esa frase que no parecía cumplir su propósito. Así pasaron unos minutos hasta que me pregunté “¿por qué intento convencerme de que no tengo miedo si en verdad lo tengo?” Es algo absurdo, podría decir que hasta me detiene. No voy a dejar de tener miedo con el simple hecho de pensarlo. Aunque me distrajera de verdad, y me ocupara en otra cosa, dejaría de tener miedo. Sólo no pensaría que lo tengo y estaría (tal vez) un poco más tranquila. En ese momento entendí que es inevitable ese sentimiento, importa el cómo se actúa aún con él.
Hoy no estoy pensando en una situación que tenga que ver con vestidos y violadores o acosadores. En estos momentos es casi imposible no pensar, aunque sea un poco, en la situación del país. Y es por eso que les cuento esa anécdota. Ahora no me encuentro en el área metropolitana, entonces es más fácil dudar y hasta creer en las publicaciones y comentarios o rumores que llegan a mi desde allá. Sinceramente estaba preocupada por todos mis seres queridos pero yo me sentía tranquila y hasta un poco segura. No se había escuchado nada por acá hasta el día de ayer, 5 de enero. Resulta que los famosos “saqueadores” se extienden más rápido de lo que pensamos. Justo ésta tarde (se dice) pasaron por la avenida más cercana a la casa y, es tal el miedo, que preferimos no ir a buscar más tortillas para comer porque los pequeños negocios ya estaban cerrados. Al salir a la calle el ambiente huele a psicosis y temor, y sé que es una “estrategia del gobierno”, pero como dije antes, es inevitable sentir miedo.
Es por ello que decidí escribir esto. Confieso que estoy en casa, aplazando mi regreso a la CDMX para evitar los posibles bloqueos de las autopistas, leyendo a Zambrano y con algo de miedo, pero firme, con mi familia observando el panorama para tratar de saber qué es lo que se viene. Sé que una revolución es algo verdaderamente difícil pero quien sabe, es una opción lejana pero no imposible (aunque en lo personal no quiero que pase, no creo que estemos listos). En fin, suerte para todos y cuídense mucho. Mantengámonos unidos, no sólo como estudiantes o universitarios sino como pueblo, y si tenemos miedo, no dejemos que nos frene.

La chica entre dos planos

viernes, 23 de diciembre de 2016

Ruina #2

Extraños, sinceramente no sé qué pasa. Estuve gran parte del día pensando lo que escribiría pero nada me gusta o satisface.(Deben saber que éste también fue el motivo por el que no publiqué hace dos semanas.) En fin, tenía la opción de no postear nada, pero mejor me sincero y de paso les recomiendo unos álbumes buenísimos para estas fechas. Googleen Navidades soleadas de ayer y hoy o Lost en navidad. Sé que existen muchos álbumes de villancicos pero, en lo personal, éstos son de los que más me gustan (además quería presumir que los escucho ahora). Bailen mucho, ¡felices fiestas! Un abrazo. 

Pd. El título se me ocurrió mientras platicaba con Pulpdam hace unas semanas (gracias por la idea jaja). Y sé que antes del 2 va el 1, pero lo nombré así porque ya tengo apartada la primera "ruina". Espero poder publicarla el siguiente año. 

La chica entre dos planos 

viernes, 25 de noviembre de 2016

Aquelarre del 25 de noviembre del 2016

La emoción que sentían crecía conforme aumentaba el número de pasos dados. Pero no crecía por la situación en la que se encontraban, sino porque un sueño de una de ellas estaba cumpliéndose. Siempre se maravillaban cuando les pasaba ese tipo de cosas. Intuir y ser partícipes de la magia de un sueño las llenaba de fe, como cuando pedían un deseo con una pestaña o un diente de león. El sueño, dijo una alguna vez, es como un deseo pero más sincero, porque lo pide directamente el alma.
En ese momento sentían sus sentimientos ensanchándose a cada minuto. Los pasos seguían, pero no como los demás días. Estos iban llenos de ira y fuerza. Las voces, contrarias a los pasos, parecían perdidas. Se escuchaban gritos a diferentes tiempos aunque se expresaba un mismo mensaje, rabia y dolor.
Siento que no encajo, dijo la que había soñado semanas atrás lo que se hizo realidad el 25 de noviembre del 2016. Y entonces, ahí, en medio de un ritual de brujas que no sabían organizarse ni escucharse, hicieron su propio aquelarre. Espontáneo, sincero, alegre; así salió como si lo hubieran planeado con meses de anticipación. Ellas, al llevar a cabo su ritual, llamaron la atención de las brujas que las rodeaban por la fuerza y la unión que mostraban. Algunas intentaron entrar, aunque con poco éxito, pues no entendían la relación y el lenguaje de esas pequeñas brujitas que habían decidido empezar a resurgir de entre las piedras.
Poco después, entendí que su ritual no había acabado completamente, ni que había empezado precisamente ese día en esa zona de la Ciudad de México. Aún les faltaban muchas cosas por sanar, pero sin duda mostraron un gran desahogo al gritar con la amiga y hacer que, juntas, resonaran más sus palabras.
La chica entre dos planos

viernes, 11 de noviembre de 2016

Brevísima divagación sobre el vivir

Sinceramente, no pensé en un tema en específico para abordar en la publicación de hoy. Recuerdo que hace un semanas, platicando con Pulpdam, decíamos que el ideal es que el escrito se escribiera unos días antes de la fecha de entrega-publicación, pero la realidad (o por lo menos la mía) es otra. Como no sé de qué hablarles les contaré lo que pensaba mientras iba en el camión de regreso a casa.

Pensaba narrarles mi día pero no quise hacerlo porque es mío y si se los cuento y se lo imaginan, en algún sentido será suyo (algo que realmente no sé si quiero). Así, llegue a gritar en mi mente: “¡Ya sé qué escribiré! Hablaré sobre cómo a veces, por hacer cosas que requieren un tiempo, como escribir, nos perdemos de otras, como vivir.” Y mientras pensaba esto, recordaba que hace unos meses, me lamentaba de no poder bailar por tener que escribir un ensayo para la clase de Epistemología II que hablaba, curiosamente, sobre la danza. Entonces, quería justificar lo aburrido y no planeado de mi entrada diciendo que no lo pensé porque fui a caminar por el centro de la CDMX a ver las luces y esas cosas del FILUX2016 (que por cierto está bueno, si pueden, ¡asistan!). Pero hace rato, al momento de sentarme y prender la computadora para comenzar a escribir, recordé aquel libro que nos muestra a un señor un tanto loco que le da vida a lo que lee y que, nosotros al leerlo, también cobra vida, Don Quijote de la Mancha. En ese sentido también las cosas que requieren un tiempo, como escribir o leer, nos permiten vivir ¿no?

La verdad no sé, y sinceramente (por hoy) no me interesa saber. Me siento muy contenta y sólo puedo concretar pensamientos bonitos y melosos. Ustedes disculpen si es que acaso ya los desubiqué con tanta vuelta (incompleta, tal vez) o si los aburrí porque no llegué a nada. Espero, por lo menos, haber dibujado un espiral en sus mentes.

La chica entre dos planos

viernes, 28 de octubre de 2016

Abrazos y otros modos de interpretar

Extraños, ¿han notado como a veces nos pasan cosas que nos muestran lo inaccesible del mundo o lo grandes que son algunas personas que nos rodean? Y no sólo eso, ¿que también nos muestran el poder de algo superior que convive con nosotros? Sin querer leerme como libro de superación personal barato, hablo de vibras enormes y muuuy extrañas que no podemos entender. Vibras que se nos manifiestan una o dos veces al año y que nos hacen comprender cosas, nos permiten entrar en catarsis para sanarnos un poco. Sinceramente, a mí me pasó hace unas semanas y sigo confundida. Justamente, ese era el tema del que iba a hablar hace un mes aproximadamente, pero me pasó otra cosa que me dio a entender que no debía hablarlo tan abiertamente (aunque creo que, mejor dicho, la razón por la que no debo hablarlo es porque aún no lo comprendo del todo). Es súper extraño cómo llegamos a vivir este tipo de cosas. No las comprendemos, no sabemos por qué pasan ni quién las provoca (o si alguien las provoca) ni nada, pero entendemos que hay algo en el fondo, algo nos que guía un poco, nos abofetea para regañarnos y hacernos ver cosas que no hemos visto o que ya olvidamos. Como ya lo habrán notado, estoy maravillada y algo intimidada. Temo al abismo (no vacío) enorme que presentí ese día y temo más porque desde ese día he entrado en un conflicto muy intenso sobre lo que soy. Disculpen que hable siempre con yo’s pero no me atrevo a hablarlo de otro modo, cada quién vive y entiende todo de diferente manera y desde su propio punto de vista. Y eso es justamente lo que quiero dar a entender. Me impresiona cómo cada quien interpreta su día a día a su modo o simplemente no lo hacen (aunque esa podría ser una interpretación más rara). Yo, por ejemplo, me considero una supersticiosa que busca “abrazos” de sus seres queridos en las cosas que le ocurren en el transcurso del día. Aunque, ya en confianza, me gusta estar rodeada de personas que hacen más o menos lo mismo (interpretar los números de serie del vagón del metro en el que viajan, acariciar a los cachorros que se acercan en el camino a casa, etc.). Raros que entienden que no todo en este mundo es simple, espirituales y de almas complejas y hermosas. Gente que emana una luz enorme que se ve aun cuando uno está en el fondo. 

Pero, ¡no me hagan mucho caso! Ahora no me concentro por seguir sintiendo (más que pensando) eso. Ni siquiera encuentro las palabras para decir todo lo que se me viene a la mente y puede que hasta esté delirando ahora mismo y lo único que salga de mis dedos sean sinsentido aburridos. En fin, cuídense mucho, extraños, que los transportistas de la CDMX manejan como poseídos por el mismo diablo.


La chica entre dos planos

viernes, 24 de junio de 2016

Sentimiento sobre un México herido


De verdad, sé y confieso que no comprendo nada. No entiendo de qué va la dichosa Reforma Educativa, no sé cual es la verdad con respecto a lo que pasó en Oaxaca. No tengo una teoría súper buena y verdadera sobre lo que pasa actualmente en el país. Tampoco tengo un pensamiento muy crítico que digamos. No he tomado una postura. No me he proclamado a favor o en contra de los maestros de la CNTE. Pero si sé, y siento, que tengo un nudo en el pecho. Por ello, quería escribir sobre lo que ha ocurrido en la última semana en el país, en general. Pero de verdad, ¡no sé que decir! No sabría proponer algo para calmarnos a todos. No sé cual es la solución, no sé si es más factible una lucha armada o una pacífica, ni siquiera sé si estamos listos para una revolución. No sé que hacer, yo como habitante de la capital, llena de recursos y de miedo, con falta de coraje y valentía. Y sí, me adelanté al comentario (que me pone muy de malas) sobre irnos todos con machete en mano en contra del Gobierno Opresor. Aclaro que me pone de malas porque se me hace muy absurdo el ir a matarnos entre nosotros, lucha entre "policías y obreros-campesinos", dejando de lado nuestra condición de seres humanos. De ser así, no quedaría nada. Pero quién sabe, a lo mejor sólo eliminando completamente la raza humana podamos solucionar todos los problemas actuales. Sin embargo, no estoy de acuerdo porque yo, como Talio, elegí la vida, aunque tomaré su frase pasa usarla en otro sentido (espero no te moleste Talio, sino, espero los reclamos en los comentarios).

Digo que elijo la vida porque me duele ver como gente muere por un ideal, y lo pienso por ambos lados. Unos matan y disparan por mandatos teniendo en mente un hueso más grande, otros torturan y humillan a quienes, dicen, son traidores al pueblo. Pienso que el pueblo somos todos, e independientemente de eso, los dos bandos esta formado por seres humanos, hombres errantes y aferrados a lo que más desean. Es cierto que ninguno quiere morir pero si prefieren matar a quién está frente de él. ¿Acaso no les duele? Duele Nochixtlán, Ayotzinapa, Atenco, Juárez, como duelen todas las muertes silenciadas por la impunidad, y peor, por el olvido y la indiferencia. Duele el seguir vivo, no siendo más que espectadores impotentes ante la situación de extrema violencia. Duele el miedo, la angustia, la desesperación. Y estoy segura que no necesito ninguna teoría para padecer de este dolor. No necesito leer o ser una erudita para sufrir la lucha que hombres protagonizan por falta de diálogo. Pero con esto tampoco quiero dar a entender que yo, estudiante de la gloriosa UNAM me digné a bajar de mi nichito para empatizar con el pueblo. ¡Yo también soy parte del pueblo! ¡A mi también me están hiriendo!

¿No se dan cuenta? A nosotros como estudiantes, filósofos (o estudiantes de filosofía), licenciados, maestros, doctores, obreros, campesinos, burgueses, etcétera también nos afecta todo esto. No sólo económicamente, nos afecta en cuanto a que ese que cayó herido de bala es un igual, este vestido con o sin uniforme. Entonces ¿Por qué seguimos haciéndonos de la vista gorda? De verdad no sé si este escrito sirva de algo, como no sé de que sirve voltear la mirada hacia el Otro y acompañarlo en su dolor, pero ahora, con tanta indiferencia y hastío emanado de todo cuerpo, me parece lo mejor que podríamos hacer.

También podemos cantar y bailar esta canción: https://www.youtube.com/watch?v=pt_TDfDzWDc

He aquí algo de la letra, de mano de alguien llamado Sael Bernal:

No abuses más de la fuerza que un uniforme te da. Mira que la dignidad no tiene color de piel, tampoco clase social. La libertad no es metralla, la libertad no es violencia, la libertad es conciencia de derrumba las murallas. No queremos más prisión, no más desaparecidos, queremos pueblos unidos en un solo corazón. Queremos que esta canción vaya trazando un destino, obreros y campesinos, estrechemos nuestra manos, todos juntos como hermanos hagamos la libertad que nos de justicia y paz a todos los mexicanos.

La chica entre dos planos

viernes, 27 de mayo de 2016

Teorías en lo cotidiano

Hace poco tuve un conflicto interior pues mi memoria no es muy buena. Bien dicen que ésta es indispensable para llegar a obtener un verdadero conocimiento y por ello mi ánimo decayó. Estuve meditando sobre esto y observé, gracias a otras personas que me rodean, que existen (por lo menos) dos tipos de reflexiones. La primera es la reflexión que consiste en aprenderse todas las teorías posibles y que las mezcla, haciendo de ellas una mejor. La segunda no va tan enfocada a las teorías, pienso que se centra más en la vida práctica. Por ejemplo, en una discusión sobre el pensamiento de Sor Juana Inés de la Cruz, un sujeto con el primer tipo reflexivo podría decir que es influenciada por Platón, Aristóteles, etc., mientras que el otro podría analizar directamente los problemas que presenta Sor Juana, sobre el método a usar para llegar al conocimiento, sobre las metáforas que usa. Sin embargo, nótese que es los dos tipos de reflexiones se está generando cierto conocimiento.

Ahora, ¿recuerdan cuando, a lo largo de su formación académica, se la pasaban aprendiendo cosas que creían que jamás les servirían para la vida fuera de las escuelas? Cosas como el teorema de Pitágoras, cálculo, o incluso la teoría de la evolución o de la selección natural. Estoy segura de que más de uno lo dijo incluso en el bachillerato o hasta en la carrera, pero ¿porqué decimos esto? ¿acaso no nos tomamos la carrera (pensando específicamente en filosofía) en serio? (Aquí, extraño lector, tiene toda la libertad de acomodar las preguntas para que queden de acuerdo a su licenciatura) ¿Qué estamos haciendo entonces, queremos vivir encerrados en aulas aprendiendo lo que dijo un señor medio loco de hace muchísimos años para darnos cuenta que sólo se burla de nosotros? ¿Acaso no hablamos sobre la vida? Y entonces, ¿por qué no vivimos? ¿Por qué tenemos que separar lo que aprendemos en la academia de lo que aprendemos de la escuela de la calle? Porque hasta donde he notado, ¡tratan sobre lo mismo!

Perdónenme si parece que los acuso a todos. Sé que muchos de ustedes, grandes extraños, ya lo han pensado antes e incluso ya lo ponen en práctica pero a mi, en estas semanas, se me hizo más evidente. Sólo déjenme recordárselo. De verdad es muy emocionante encontrar a Hegel, a Schelling o a Pico della Mirandola en la vida cotidiana. Búsquenlos, y si ya los encontraron recuerden que existen muchas teorías (en general) que faltan por vislumbrar.

¡Suerte!

La chica entre dos planos

viernes, 13 de mayo de 2016

Adopción y orfandad académica

A veces, sin darnos cuenta o con plena conciencia de ello, nos casamos con gente por sus títulos, alguna idea de ellos que escuchamos a medias alguna vez (dicho por ellos mismos o siendo un chisme) o por lo que creemos que son y piensan. Es usual y comprensible que se tenga preferencia de alguna persona sobre otra, sin embargo, me parece peligroso "casarse" o hacer que nos "adopten", pues tapamos nuestros propios ojos y empezamos a necear. Esto lo he visto últimamente en la escuela, con los comentarios que hacemos y los juicios que nos formamos. ¡Lo confieso! Yo también he usado expresiones como "mi papá/mamá" o cosas por el estilo para referirme a algún docente. Pero aunque la mayoría de las veces las uso en son de burla, me parece que si muestran algo más y puede llegar a confundir a mis interlocutores. Realmente muestran un interés y una preferencia tajante sobre esa persona, cosa que puede confundirse con idolatría.

Esperen extraños, este escrito no es para justificarme o defenderme, intento mostrar en lo que hemos caído, dejarnos llevar por los títulos, el reconocimiento, etcétera de nuestros docentes. Si, docentes, no doctores ni maestros ni licenciados. Para serles sincera, me causa conflicto el que alguien se refiera a su docente favorito con su título (el Dr. Fulano o el Maestro Perengano) y a los demás los llame por su nombre de pila. La verdad, algunas veces lo siento brusco, desdeñante. Y quién sabe, a lo mejor esas personas tienen la confianza de hacerlo así pero, hasta donde he notado, si parecen hacerlo despectivamente. Y entristezco porque después ese respeto se convierte en verdadera idolatría. Entonces uno empieza a comprar todo lo que diga aquel, no importa si sean contradicciones o tonterías, no importa si no entendemos un carajo de lo que dice, lo que importa es que lo dijo el Doctor, no cualquier pendejo sin título alto. Aquí comienza a suceder algo parecido a lo que vi hace unos días en unos comentarios de un video en youtube. Estaba escuchando hip hop o trap o lo que sea, específicamente a Adán Cruz y gracias a la reproducción automática se seleccionó una canción que, desde mi gusto y punto de vista, es un asco y no tiene que ver ya con el estilo que traía al comienzo de su carrera. Entonces apareció un comentario de alguien diciendo que era verdadera fan de Adán Cruz y por ello lo apoyaría en cualquier decisión que él tomara. Pero conectando esta anécdota con la escuela, si nosotros nos casamos o nos volvemos hijos de tal o cual persona corremos el riesgo de no pensar claramente, esto debido a la idolatría que tenemos hacia éstas. Empezamos a dar por hecho lo que ellos afirman, seguimos sus ideales, incluso podemos dejar de lado los nuestros. Pero piensen en lo que han estado haciendo y diciendo, yo y en este caso, prefiero ser huérfana.

La chica entre dos planos

viernes, 29 de abril de 2016

Pretexto para invitarlos a bailar

Extraños, me siento muy contenta. Esto debido a que coincidieron fechas muy buenas: la publicación en este lugar y el día internacional de la danza. ¡Sí! Hoy es el día de la danza y me emociona porque justo tengo el pretexto ideal para invitarlos a bailar toda la vida.

¡Anímense, levántense y bailen! No importa si están felices, tristes, melancólicos, ensimismados, fiesteros, enojados, hartos, enamorados, cachondos o lo que sea. Siempre existe algo que se adecua perfectamente a nuestro estado de ánimo. Con esto estoy diciendo que no sólo se baila lo tradicional (folclor, ballet, danza contemporánea, salsa, hawaiano y en general lo que se enseña en academias, talleres, fiestas o hasta tokines y conciertos) sino que se baila todo ritmo que nos produzca un sentimiento que nos impulse a movernos (el cantar de los pájaros, el correr del río, el ritmo de los pies al caminar, incluso el ritmo de las palabras que se muestra en la poesía).

Ya sé, ya sé. Esto último se lee muy "fumado" pero, ¿nunca han sentido la necesidad de moverse con una canción? Aunque sea mover el pie, los hombros o algún dedo de la mano. Es que de verdad pasa y lo he visto con muchas personas a mi alrededor. Pienso que realmente existe la necesidad de moverse al ritmo de una melodía. Entonces, si ampliamos un poco más nuestra idea de melodía, notaremos que en la naturaleza también existe esto. Tan sólo escuchen el corazón de alguien. De verdad lleva un ritmo, mueve algo dentro de nosotros que por lo menos nos hace sonreír y tararear los latidos en la mente. Y es que, para ser sincera, pienso que la danza es fundamental, aunque ya no se practique mucho por pena o por simple creencia a que, si no sabes bailar, no debes hacerlo. Tengo un conflicto con las personas que dicen ser troncos. Para todos ellos: ¡No lo son, sólo déjense llevar, ténganse confianza! No se trata nada más de bailar correctamente (siendo lo correcto lo que enseña una profesora de danza). Pienso que bailar no sólo se trata de acompañar a la música. Bailar es crear una armonía perfecta entre la melodía y tu, como bailarín. Es permitirle a tu cuerpo ser el intermedio entre la melodía y el movimiento físico, es la manifestación de la concordancia entre lo espiritual y lo material.

Pero bueno, tal vez no estén de acuerdo conmigo, tal vez me tiren de loca, y me digan que esa no es la definición de Aristóteles o de quién sea. Pero no me tomen mucho en serio, esto es lo que pienso hoy, en el día de la danza. A lo mejor es sólo emoción, o algo real (no sé si verdadero) que salió a partir de un movimiento físico y espiritual. No lo sé. Sólo los invito a que lo intenten. Un día que tengan la mejor disposición, que sientan que de verdad deban moverse, háganlo sin más. Bailen lo que sea, cualquier canción, cualquier ritmo o armonía, incluso bailen el silencio, háganlo desnudos o vestidos con ropa invernal, mínimo bailen los ojos pero bailen siempre (o por lo menos, siempre que lo necesiten, ¡no se repriman!).

La chica entre dos planos

viernes, 15 de abril de 2016

Decisiones: ¿importantes, necesarias o temporales?

Extraños, ¿ustedes saben por qué, a medida que crecemos, las responsabilidades y las decisiones que debemos tomar se hace más grandes? ¿Se han dado cuenta que lo que decidimos hacer o no influye más directamente en nuestra vida? A mi se me presentó más claro hace no mucho tiempo y les confieso que esto me aterra. De verdad me asusta la idea de tener que decidir por y para mí. De repente te das cuenta de que dejas de decidir entre leche de chocolate y café para decidir entre filosofía o alguna otra carrera que te brinde un "buen estilo de vida". Y la verdad no sé porqué llegué pensar esto. Desde hace unos meses he estado dudando sobre esto y me espanta el pensar que las decisiones se tornarán más y más importantes conforme pasa el tiempo. Primero es sobre la formación educativa, después sobre la formación personal (planificación familiar), luego sobre la formación profesional (¿o esto es antes de la planificación familiar?). Y aquí hemos dado justamente en el clavo, ¿realmente tenemos los elementos necesarios para tomar una decisión de tal magnitud? ¿Qué nos hace estar listos para decidir correctamente?

Ahora que lo escribo, se me viene a la mente que tal vez sólo sea falta de determinación, de no saber qué es lo que se quiere a futuro, confusión o inmadurez. Pero yo, como adolescente errante, procuro tomar siempre la mejor decisión, siendo ésta la mejor en el tiempo actual y no necesariamente la mejor en el futuro. Les voy a recordar la frase que tal vez a muchos les guste y a otros les moleste, frase que también he dicho pero que ahora pienso en serio: "YOLO" Independientemente de lo burdo de la frase, quiero hacer notar que muchas veces no tomamos seriamente las consecuencias de nuestras decisiones y actos. No nos importa errar y "desperdiciar" años de nuestra vida, no nos importa el afectar a otros con tal que de nos sintamos bien en el momento. O tal vez sólo me estoy ahogando en un charco de alguna banqueta. Se dice que de los errores se aprende y que por lo menos habrás hecho lo que querías aunque después te hayas arrepentido terriblemente sin poder cambiar el pasado. No lo sé extraños, creo que ya me perdí y sólo estoy divagando. Ustedes disculpen, la etiqueta lo dice. Aquí vengo a desahogar los pensamientos incompletos que necesito sacar.

Lo único que puedo decir ahora es que aún no me siento preparada para esto.

La chica entre dos planos

viernes, 1 de abril de 2016

Sentimientos de un 12 de marzo

Hace un par de semanas me sucedió algo extraño. Y es más extraño porque, en parte, queríamos que sucediera algo chido, pero pasó mejor de lo que esperábamos. Con el "queríamos" me refiero, específicamente, a dos de mis personas favoritas. Pero en fin, les contaré lo que sucedió ese día porque muestra lo que he estado escribiendo para este blog, pero también me afirma lo que he sentido y pensado.
Resulta que ese día planeábamos ir a la Cineteca a ver El abrazo de la serpiente, pero no recuerdo por qué razón se nos hizo tarde y no llegamos a la función. Entonces, decidimos entrar a ver El niño y el mundo. Si no la han visto, extraños, corran a verla. Es una película extraordinaria porque nos mostró que somos más cercanos de lo que creemos, esto porque los tres lloramos. Pero el punto no es el llanto, esperen que ya les cuento. Después de esto fuimos a Balderas a encontrarnos con otra persona que nos guiaría en el misterioso camino, ese camino místico donde todo se une y se entrelaza. Así, seguimos en el metro hasta llegar a donde debíamos. Sabíamos que resignificaríamos tal camino, pero resulta que éste se resignificó sólo. Nosotros fuimos tan espectadores como hojas secas en un riachuelo. Empezamos a caminar e íbamos platicando, a veces se escapaban unas carcajadas, unos gestos de admiración, pero, en sí, no habíamos visto algo nuevo. Todo lo místico empezó (según recuerdo) cuando alguien subió la mirada hacia la nomenclatura de la calle y vio el nombre ésta, ¡resulta que eran números! Aquí les seré sincera, no recuerdo exactamente que números eran, pero el hecho de que sean números implica: 1. el significado de su simbología y 2. que existía una secuencia (esto lo veo como una evolución, un avance). Pero eso no es todo, resulta que después de caminar un poco más, yo empecé a tener un tipo Deja vú. En realidad yo había soñado la esquina en la que nos encontrábamos. Esto es raro porque el sueño no tenía nada que ver con lo que en esta realidad hacíamos ahí. Sin embargo nos encontrábamos en ese punto, y yo sabía que nos encontraríamos ahí, por medio del sueño. Tampoco sabría decir si alguien o algo llamado destino nos ubico en ese lugar para que nos diéramos cuenta realmente de lo que hacíamos juntos. En lo personal (espero no comprometer a nadie), sentí que nos quería mostrar que no somos simplemente unos amigos de la escuela, que se pasan la tarea o que sirven para salir por cerveza. Sino que somos personas que, aunque no estemos juntas diario, están más unidos de lo creen, por su ideología o por su contexto, pero que tienen mucho en común. Esas personas (nosotros) deben estar juntos.
En este punto, sé que usted como lector dirá "¿para qué abrí la página? Esta niña que mejor duerma ya, está demasiado cansada y no piensa correctamente. Dice puras incoherencias" Pero déjeme decirle, extraño, que tiene usted toda la razón. Confieso que estoy hablando de cosas que no comprendo y tenía miedo de escribir esto y decir alguna burrada. Pero es que de verdad necesito expresarlo. Tampoco es que necesite comprenderlo, quiero quedarme con lo que siento y eso es más que suficiente. Siento que en esa tarde crecimos y nos juntamos aún más. Ese día encontré más razones por las que me quiero quedar con esas personas. Me siento realmente feliz de estar a su lado y de poder vivir nuevas experiencias con ellos. Me siento alagada por que nos invitaron a caminar por ahí, y ya. Lo demás que siento no lo quiero publicar. Es más, no sé si lo podría decir algún día o siquiera si sé exactamente lo que siento. Por ahora sólo me queda decir que realmente me siento plena. Gracias a los dos. <3


Pd. Como usted, extraño, se habrá dado cuenta ya, este escrito es específicamente para dos personas. Usted puede hacer caso omiso de la publicación, tomarme como loca o acompañarme silenciosamente en mi delirio. Y ustedes, dos bellas almas, no me vean feo. De verdad sigo en shock por ese día. Los quiero.

La chica entre dos planos

viernes, 4 de marzo de 2016

Sobre los lugares a los que pertenezco

Extraños, últimamente yo también me he parecido extraña. Hace unos días, visité el bachillerato al que fui tres años de mi vida, CCH Naucalpan, y la verdad lo digo con mucho orgullo. Orgullo no porque pertenezca a la "máxima casa de estudios", sino porque en esa escuela viví muchas cosas que me han formado y me han hecho pensar lo que ahora pienso (si, aunque sean puras tonterías y cosas sin sentido). En ese lugar conocí a gente con la que quisiera quedarme toda la vida, también personas con las que tuve malas experiencias que me hicieron aprender y otras con las que ya no tengo contacto pero que igual los abrazo donde quiera que estén. Recuerdo que entre clases me reunía con esa gente en el edificio T, a veces estaba en la explanada con otros de ellos, y también bajaba a PEC a saludar a otros amiguitos. En mi último año en CCH, para ser sincera, me sentía más cómoda en un lugar específico, en ese edificio que olía feo porque estaba cerca de los baños de niños, ese que tenia cactucitos que servían para molestar a los demás, en donde tirábamos las mochilas y nos sentábamos a platicar y a burlarnos de quienes pasaban, donde nos refugiábamos muchas veces de la vida fuera de la escuela, el edificio T.

Pero ¿qué pasa ahora? Es cierto que en mi actual escuela no existe un edificio T, y aunque existiera no sería el mismo. Han pasado los años, "el T" no es el mismo y ni siquiera quienes nos juntábamos ahí lo seguimos siendo, hemos cambiado. Una mañana de esta semana, mientras me dirigía a la escuela en un camión lleno de cansancio, aburrimiento, odio y repugnancia, pensé que ya no sé a qué lugar pertenezco, me sentía perdida. ¿Pertenezco a mi nueva escuela, al salón del que ya no salgo más que cuando se terminan las clases, a la casa a la que regresé después de muchos años?

He de confesarles, que cuando empecé a escribir me sentía perdida aún. Mientras elegía la música que no iba a escuchar realmente y que sólo usaría como fondo para no escuchar pequeños ruidos distractores y mientras respondía los mensajes de aquel que me saca miles de sonrisas terminé respondiéndome. Me encontré en cierto sentido. Me di cuenta que pertenezco a todos los lugares y a ninguno a la vez. Me encuentro en aquellos lugares de los que he aprendido, en los que he reído y en los que he llorado, en los que he jugado, leído, cantado, bailado, olido. Soy más que nunca de un lugar cuando me encuentro con alguien con el que disfruto estar, ya sea en el metro, a lado del árbol más frondoso del parque, en los camiones y en las calles caminadas en las tardes. Hoy, por ejemplo, pertenecí a esa parte del metro que se volvió un laberinto para encontrar a quienes me acompañarían a caminar, también a esa pequeña mesa arrinconada en la que la música no se escuchaba mucho pero eso permitía platicar y carcajearnos, a la calle que nos despertó recuerdos y antojos y tal vez a muchísimos lugares más. Pero esto no me determina (cosa que me emociona mucho) ya que sigo aprendiendo, sigo viviendo y cada vez voy teniendo más experiencias, buenas y malas, que me complementan, me terminan de formar.

Sé que en un escrito anterior escribí algo parecido pero, para mí, recordarlo se me hace fundamental e importantísimo. Me sujeta al suelo que a veces se me pierde por flotar en la nada, me alivia y me ayuda a no sentirme perdida. Y sé que ustedes pensarán que los he hecho perder el tiempo, los he interesando con mis recuerdos que terminaron en una confesión de mis sentimientos pero, ¿qué les puedo decir? Tal vez se desahoguen conmigo. Pero en fin, no me hagan mucho caso, que sólo divago.

La chica entre dos planos

viernes, 19 de febrero de 2016

Reflexiones (inútiles) sobre la música

Es increíble todo lo que la música es capaz de hacernos sentir y pensar. En lo personal, creo que Nach, el rapero, hace bien al decir que es el idioma de los dioses. Me refiero a que es sorprendente el modo en el que se mueve y nos hace movernos. Es tan libre que cada que escuchamos una canción le podemos dar una interpretación diferente, y aunque sea la misma manera de percibirla y ni siquiera la escuchemos como si fuera la primera vez, siempre nos afecta, ya sea para emocionarnos, alegrarnos, ensimismarnos o entristecernos. La verdad, lo que estoy a punto de escribir no es algo nuevo ni es el descubrimiento del siglo (ya Spotify y los reproductores de algunos móviles lo notaron), es un secreto a voces. Lo sabemos pero tal vez no tenemos conciencia de ello siempre, o tal vez si, pero realmente me emocionó tanto esta idea en la semana que sentí la necesidad de escribirlo.

Les contaré mi anécdota: resulta que esta semana estaba escuchando canciones que hacia tiempo no elegía pues en una primera impresión no me parecieron tan buenas. Entonces, de repente me atrapó una canción en especial. Me atrapó completamente y toda ella lo hizo, el modo en el que se tocaba la guitarra, el sentimiento que expresaba la voz, la armonía que formaban todos los instrumentos. Decidí repetirla para escucharla completa, y me gustó aún más. Pero como hasta ese momento no le había dedicado toda mi atención, decidí ponerla otra vez y sentarme a verla y escucharla. Fue cuando escuché con tremenda atención la letra y la melodía. Para ser sincera, en ese momento entendí la canción a mi manera, me la apropié y vi a dos personas que realmente han marcado mi vida en esa canción. Después de unos días la escuché de nuevo y noté que la canción no se refería a lo que yo entendía de ella, pero me encantó mi interpretación, tanto que aún la tomo como la verdadera. Y quién sabe, a lo mejor en un golpe de suerte lo es, pero eso es lo de menos.

Lo que intento mostrar es esa conexión (podría decir mística) que tenemos con la música. A veces entendemos una canción de la manera que queremos por nuestro estado anímico o puede que la canción, por ella misma, afecte nuestro estado. O puede suceder que en un día, en el que nos encontremos alegres, una canción nos parezca graciosa, siendo que otro día se nos muestre súper triste porque hemos tenido un mal día. En la música encontramos refugio, fuerza, consejos, esas palabras que no te atrevías a escuchar. Tal vez es nuestro subconsciente hablando, pero no pudo haber elegido forma más bella de expresarse.

Como última confesión, iba a adjuntar el link de la canción que me movió a escribir este post, pero, mejor piensen en esa canción que los traumó últimamente, extraños. Esa que no pueden parar de escuchar porque los mueve y hace vibrar. Escuchen, canten y bailen. Es más, ¡hagámoslo juntos, que las penas con música son menos!

La chica entre dos planos

viernes, 5 de febrero de 2016

Intento de no ahogarse en el mar de la maldad del hombre



Hace ya un buen rato me decepcioné de la política. Para ser precisa, me decepcioné de lo que la gente entendía por política, de la manera en la que la abordaban, de cómo hablaban de eso y qué proclamaban al pensar sobre ella. Gran parte de esa decepción era por los movimientos que se levantaban en pos de algo y lo defendían a capa y espada, olvidando otros acontecimientos igual de impactantes y horribles. Me molesta que se encapsulen en un sólo caso y marginen a los demás como si no tuvieran importancia. Pero también me decepcioné porque, al estudiar un poco de teoría política, llegaba a pensar en la naturaleza del hombre. La decepción es porque no veo algo claro. Se describe al hombre con adjetivos, pero a veces se olvida que el hombre no es un sólo adjetivo, es un ser complejo, por lo tanto no es nada sencillo definirlo de una sola manera y con una sola palabra. Me parece que es un error hacerlo así. Sin embargo sucede, y lo veo día con día (se me mostró varias veces en estas semanas). Se dice del hombre que es bueno o malo por naturaleza, pero ¿cuál es, entonces, la definición correcta? En las siguientes líneas no pretendo responder tajantemente esta pregunta debido a mi inexperiencia y a que aún me falta muchísimo por pensar y tomar en cuenta. Simplemente quiero desahogarme y espero me entiendan porque me parte el alma pensar que el hombre es malo por naturaleza. Necesito refutarlo. 


En la pregunta antes planteada existen únicamente dos posibilidades, que el hombre sea bueno o malo. Me parece que esto se dice en base a la experiencia, a lo que se ve en la cotidianidad, en las acciones que realizamos. Con todas las noticias amarillistas en los periódicos, los robos, los secuestros, las torturas y demás barbaries que no sólo se presentan en la actualidad, sino en muchas más épocas a lo largo de la historia, podría pensarse, debido a que es lo que más se muestra y lo que más polémica causa, que el hombre tiene malicia, incluso se dice que lo natural en el hombre es la maldad. En este punto no entiendo por maldad lo que se piensa en ciertas posturas ideológicas que dicen que el alma es superior y por tanto mejor y más bueno que el cuerpo, debido a su posibilidad de alcanzar la plenitud y por ser metafísica y esas cosas. Aquí veo maldad como ese rechazo, y a veces imposibilidad, de sentir lo que le pasa al otro. Me refiero a voltear la mirada e ignorar a la persona que llora, burlarse de alguien que tiene algún problema mental, envidiar (con envidia de la mala) a aquellos que sonríen e incluso insultarlos y tacharlos de locos, sin mencionar casos más extremos como el llegar a torturar y matar a otro animal (racional o no) y, peor aún, para satisfacer deseos siniestros y perversos. Viendo todo esto fácilmente puede concluirse que la maldad es natural en el hombre, diciendo con esto que es lo que más nos mueve. Por ello debemos educar a los niños desde pequeños y enseñarles 'a hacer el bien' y también éste podría ser el motivo de la creación del estado. Pero, ¿realmente es así? Es claro que las cosas malas que hace el hombre, o mejor dicho, algunos hombres, existen, pero no me parece que sea porque nuestra naturaleza humana sea mala. Tal vez en este punto me gana más el corazón que la razón, pero me niego rotundamente a pensar que somos malos por naturaleza, si realmente fuera así sería muchísimo peor la situación en la que vivimos. Para decir esto me refugio en el hecho de que sentimos empatía y (al menos que se tenga alguna enfermedad mental) todos sentimos algo, aunque sea mínimo, al ver una situación que involucre sentimientos fuertes. Además tenemos la capacidad de amar, podemos imaginar el estado del otro en tal o cual situación, lo que nos hace entender el sentimiento del otro, su preocupación, su temor o lo que lo emociona. Pero, las cosas malas siguen pasando, incluso parece ser que se agranda el problema pues cada vez se hace más común, ¿Por qué? 


Pero para expresar racionalmente lo que mi corazón quiere decir y para concluir, quisiera recordar a alguien que una vez me dijo que nadie es bueno o malo. Somos una mezcla de los dos, somos nosotros quienes decidimos actuar de tal o cual manera dependiendo de la situación y la mayoría de estas acciones son producto de nuestros sentimientos. Puede que alguien viva honradamente, sea trabajador y tenga una familia a la que le dedica todo su tiempo, y a pesar de esto -debido a un arrebato de furia- esté en la cárcel por haber asesinado a un asaltante: también puede que dicho asaltante -debido a la pobreza y a la mala educación- se haya visto en la necesidad de asaltar a alguien para comprarle sus medicinas a su hijo enfermo. Intento no menospreciar ni defender a nadie, intento demostrar que lo que hacemos tiene una razón y a veces esa razón nos salva de ser los animales racionales malvados por naturaleza. 


La chica entre dos planos