Presentación

Presentación

sábado, 8 de julio de 2017

Caminos incompletos

A la luz del alba, despuntando los primeros rayos del sol, lo primero que veo es tu rostro. Tu sonrisa, una clara divisa. Cuando despierto, sueño contigo; cuando sueño, vivo contigo. Si la luz del sol pudiera contenerse en un vaso, entonces podría describir mi amor por ti; si mis manos pudieran tomar una estrella del cielo, entonces ya no podría vivir sin ti. 

Vales tanto que no quiero tasarte; Aprendo tanto cuando intento acercarme; Loco de vida por tu amor quedarme; Encontré abrigo cuando quería soltarme; Reí tanto cuando pude hallarte; Intenté dejarte pero fallé al instante; Amor de vida, si pretendes quedarte.


Aurelius

lunes, 3 de julio de 2017

La cena de los enamorados




Comes mi amor de noche, comes mi amor de día;
te nutres de mis besos, luceros de alegría,
de granate inundados por el sol que respira
su aliento incandescente  sobre el mundo que gira.

Yo como de tu pecho, llanura de mis besos,
el resplandor moreno que recubre tus huesos,
espejo de tu amor que de hambre me ha llenado:
hambre de tus amores, hambre de enamorado.

Amo la lluvia nueva y a los lagos antiguos
que la reciben siempre como buenos amigos.
Y así amando en el mundo, dejo mis sentimientos,
sobre tu tersa alma, todos al descubierto.

Te he visto amar la tierra donde pones tus pasos.
Dónde nunca has pisado te he visto atar los lazos
del amor al futuro al que el viento te lleva
donde seré presente y seré tierra nueva.

Amor de mis amores. Dolor de mis dolores.
Ternez de mi ternura. Furor de mis furores.
Figura de mis dedos. Mirada de mis ojos.
Aroma de mi aliento. Vida de mis hinojos.

Pesar de tus pesares. Verdad de tus verdades.
Guerrero de tu guerra. Comida que te comes.
Sirena de tus lagos. Albor de tus albores.
Eternidad eterna. Amor de tus amores.

Comemos y comemos de nuestros cuerpos bellos.
Son el reflejo cierto de nuestras almas bellas.
Se mezclan en un baile de vívidos destellos
tocando una armonía de rayos y centellas.



Talio



Pretexto texteado: sigo sin computadora y bendigo del alto cielo tener este aparatucho que me deja seguirles leyendo. Gracias.

viernes, 30 de junio de 2017

Gracias a ti

Gracias a ti

Caía el sol tan pesado en la espalda y la cabeza de Joaquín, que lo mejor que se podía hacer era refugiarse en las sombras frescas de los árboles o edificios, ya no valía la pena quedarse a ver cómo se mojaban las escuinclas con los enormes chorros de agua fría. Ni su cuerpo excitado se sentía como el calor de fuera, ni el calor de fuera seducía tanto como los pechos humedecidos y tibios. –Quizá bajo el monumento a la revolución esté mejor, se dijo, -pero ahí hay manifestantes, y frunció el ceño de tal manera que más bien parecía que el sol se lo estaba deformando. Le empezó a doler la cabeza, así que decidió ir por unas aspirinas al seven de la esquina. Compró sus pastillas, un refresco y salió rumbo a la calle de Vallarta. El calor en verdad era insoportable. ¿Por qué salí a caminar?, se reprochó en tanto se sentaba frente a la estatua del presidente de la Comisión Mexicana de Trabajadores. ¿Para qué salí?, se volvió a preguntar. Porque no tienes nada que hacer; hoy uno sale por nada y para nada, dijo al fin. Divertirse, trabajar o estudiar ya vienen a ser la misma cosa: inversión de tiempo, habilidades, emociones. No –se detuvo riendo- el derroche es más atractivo, el chiste es vivir por vivir y que todo se acabe. Suspiró aliviado.
Y de buena manera se habría quedado ahí encorvado mirando sus zapatos ir y venir contra la banqueta, si no hubiera sido porque el dolor se calló como si se hubiera dormido. Además una de las muchachas que se refrescaban en las fuentes le sonrió al pasar, y esto fue todo lo que necesitó para seguirla de lejos hasta que ella se detuvo. Ella lo esperaba, lo miró, se sacó la camiseta frente a él para exprimirla, y dejó que a Joaquín se le humedeciera el alma con la vista de su piel blanca, su brasier azul repleto de lunas llenas y sus ojos a medio amanecer. Él sentía como si la línea de agua que se estrellaba contra el piso le perforara los oídos. Ella arqueó la ceja del ojo derecho, lo miró otra vez y se dijo: –Flaquísimo, altísimo, inocentísimo, -y sonrió maliciosamente.
-Oye, -¿Sí? -¿Cómo te llamas? –Joaquín –¿Y vives por aquí? –Sí, por ahí. -¿Y tú? -¿Qué cosa? -¿Cómo te llamas? –Adivina – ¿Fernanda? –No. –¿Dulce? –Tampoco. –No, pues no sé. Me doy. –Me llamo Yaz, y sonrió. –¿Jazmín? –Sí  –¿Y-y-y-y vienes muy seguido? –A veces. Cuando no tengo nada que hacer. –¿Trabajas? –No. –¿Estudias? –Menos. No pasé los exámenes para la UNAM. Así que como quién dice, no tengo nada que hacer. –Entonces vienes diario. –Sonrieron los dos. –Tampoco. Me gusta andar por aquí, por allá. En todas partes me acomodo, menos en la contemplación. No que no sea pacífica, pero no me gusta estar de aburrida en mi casa, pensando y así. No me gusta no hacer nada. –¿Y ahorita a dónde vas? – Yaz subió desenfadadamente ambas cejas al mismo tiempo que subió los hombros como diciendo “no sé a dónde”, “no me importa”. -¿Tú? –No sé.
Y así, sin acordarlo, siguieron caminando. Ella de vez en cuando lo miraba y le sonreía provocativamente. Él se estremecía, pero no por mucho tiempo, porque, según él, ya sabía a qué quería jugar Jazmín, así que también le sonreía inocentemente. Que se confié –se decía.
El calor ya está bajando, ¿verdad?, dijo Joaquín. –Sí, respondió ella arrastrando con sus risueños ojos los labios de Joaquín hasta sus labios, ya está bajando. También arrastró las palabras. –¡Mira!, dijo ella, ya se secó mi ropa. Para demostrárselo, tomó la mano flaca y grande del inocente, y la arrojó como al conejo a mitad de su pecho. También el pantalón, y dejó que le tocara las nalgas. Entonces él la abrazó, y ella no se resistió. La besó tan rápida y ligeramente que parecía no tocarla. La vida se consumía por la vida. Sus sexos se tocaron. Sus respiraciones agitadas revolvíanse cual cenizas. “Como dos estudiantes en celo”, escuchó a lo lejos Joaquín. Cuando por fin terminó, ella le besó la mejilla, mientras al oído le decía –Gracias. –¿De qué?, dijo él sorprendido y aún excitado. –Por nada, sonreía ella irónica. Risa tan hiriente que quebró los ojos de Joaquín.
-Por nada y el derroche, ‘para hacerlo más atractivo’ ¿Recuerdas?, más risas.
Joaquín se puso tan pálido y triste que sintió como si un frío sepulcral le aguijoneara todo el cuerpo. Frunció el ceño y… al fin despertó. Comenzaba a llover. ¡No pasó nada!, se dijo melancólico. Ensimismado caminó hacia el metro mientras la gente corría escapando de la lluvia. Él era el único que disfrutaba de la lluvia.
–Al fin el insoportable sopor de la ciudad comienza a evaporarse, se dijo mientras respiraba aliviado el aroma a tierra húmeda, que aún en la ciudad es refrescante, al menos de principio, porque después todo se vuelve hastío, exceso, derroche. Al llegar al metro, escuchó que alguien gritó “¡Yaz!, no te vayas sola, déjame acompañarte.” La carita angelical de la muchacha se sonrojó, pero sonriendo agradecida dijo, “Gracias”.
Joaquín susurró desde los torniquetes: –No. Gracias a ti.  

Javel

   

jueves, 29 de junio de 2017

Despedida a Sarasvati

¡Adiós!
El acto de despedirse exige recordar y con ello es inevitable contener la humedad en los ojos. Alguna vez escuché decir a Javel no extrañamos a las personas sino lo que nos entristece es la ausencia que dejan, y me parece que ha acertado al decir eso. Si bien es cierto que la convivencia forja lazos fuertemente fraternales, quien se queda en el presente y no se olvida es el recuerdo de las personas con las que se convive. Es decir, se puede olvidar la imagen de la persona, aquélla se puede alejar o perecer, pero la impresión que deja en el alma es imborrable. No pude evitar contener las lágrimas al escuchar: me iré. Varios momentos traje al presente y, confirmé las palabras que había dicho Javel, recordando incluso a él. Las despedidas son letales, pero necesarias para ver la utilidad de los recuerdos y, comprobar fácticamente la existencia del alma. Tal vez la ausencia sea la Niebla de la vida en el sentido en que Unamuno lo dice en su nivola.  
         Hoy toca despedirme de Sarasvati y, a la vez informarles a todos Los Nombradores Mudos que ella tendrá que salir de viaje y, por ello le resultará complicado regresar a colaborar en este espacio. En este viaje espero que lleves contigo tus recuerdos, la impresión de este blog y de cada uno de los que aquí colaboramos. Enseñanzas, reflexiones, críticas, observaciones y demás actividades intelectuales que se realizan en este espacio, espero que las lleves contigo, en tu memoria, en tu presente. ¿Te extrañaré? No, porque has dejado una impresión en mi alma. Pero es inevitable no sucumbir ante la nostalgia que dejará tu ausencia. Solamente me queda agradecerte porque a tu lado comprendí el concepto de amistad, eso que todos denominan con el nombre de amigos.
         Se aleja tu presencia, amiga, pero me quedaré con tu recuerdo y, cada que te extrañe releeré las publicaciones que nos dejas. También haré lo mismo con las pequeñas correspondencias que hemos tenido. Sinceramente sé que te irá bien donde quiera que te alojes. Sé que el cambio te sorprenderá, quizá te traerá incertidumbre, pero sabrás conducirte por el mejor destino. Ojalá encuentres regocijo en tu corazón y tranquilidad en tu alma en aquel sito.

Te quiero, amiga.