Presentación

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lunes, 6 de marzo de 2017

Ley de los cuerpos

Ley de los cuerpos
El cuerpo nunca va a dejar de ser racional. Ni siquiera los detractores del materialismo, los que se obstinan en hablar en que el alma es la realidad del hombre. Porque, sobre todo, la oposición entre alma y cuerpo es una apreciación moderna de la vida, en una dialéctica que termina haciendo del alma más un sinónimo de lo inmaterial de la consciencia moral, y del cuerpo el tácito vencedor de todas las voluntades. Tendríamos que aceptar que en algún grado la verdad en torno a lo vivo se reduce a una dialéctica entre lo orgánico y la felicidad. El problema moderno, por todas partes insinuado vaga entre decidirse por la manera en que la materia pueda ser mejor gobernada. La oposición alma cuerpo nos persigue ahí hasta donde creemos que hay pruebas irrefutables de la verdad de la palabra alma.
El alma es lo vivo al grado de que nada puede decirse vivo sin ella. Ni un solo movimiento puede ser explicado sin ese principio inteligible y presente en nosotros y todo ente vivo. Las diferencias ontológicas no son de grado, pues entonces no serían ontológicas. No hay “mayor desarrollo” entre nosotros y los animales domésticos, sino que nos distinguimos en el ser. Hay diferencias que pueden ser comparadas sólo con el afán de entender lo que se ve. Porque entre ver y explicar lo que se ve está toda la diferencia que permite el conocimiento. Somos cosas distintas de otros seres vivos, pero no por ello dejamos de estarlo y, por ello, de compartir algo con ellos a través de las funciones vitales. La interpretación moderna de la semejanza del hombre con el Creador requiere que hagamos de la inteligencia el significado de dicha idea. Requiere que creamos que esa inteligencia residente en la materia sea lo definitivo del hombre. La razón moderna está basada en una interpretación religiosa, sin ser ella misma cristiana.
El alma no puede ser una abstracción sobre la evidencia de lo vivo. Lo cual quiere decir que el cuerpo es un nombre que se omite en dicha abstracción. El cuerpo es usado para referirse a la materialidad del ser en tanto identificación de una constitución orgánica. Si el alma se ve como alternativa, ha de ser en la lógica de que lo importante no es la materialidad. Lo vivo es materia y forma, no una de las dos. La materia no es cuerpo. Cuerpo es nombre que se la da la materialidad con una lógica determinada de unidad y partes que, según nosotros, está presente como una exterioridad de algo que funciona internamente. Pero la vida, sabemos, no la entendemos de un vistazo. Se nos escapa su significado y su importancia. Ni siquiera su carácter milagroso es asequible por imaginación cotidiana.

La semejanza del hombre con Dios lo distingue bíblicamente, es cierto. Pero no conocemos a Dios directamente. La semejanza es limitada, por eso no es igualdad. Dios no está vivo como los entes de la tierra, porque lo vivo no crea la vida, a lo mucho la engendra. El hombre genera hombres, y nada más. El fruto de las palabras es creación de una manera también indirecta. No hace el mundo de su palabra, sino que su palabra atiende al mundo relacionando, predicando, nombrando accidentes, siempre en torno al ser y lo que de él ve y siente. En esa apertura está también la vida, de donde brota la palabra. Una apertura vista hasta en el trabajo de los intestinos y el crecimiento de los miembros todos. Una vida que nunca podrá ser independiente de la creación, por ser creado con todo y semejanza. Racionalizar a Dios no es lo mismo que entender su obra e intentar conocerlo. Razón es palabra, voluntad, apertura, inteligencia, sentido práctico, vida con el ser y los semejantes. Se dice que la Ley es una razón en tanto por ella muestra cómo lo causal, el principio eterno. La ley humana rige una comunidad porque sin la justicia la vida humana decae. Por eso la virtud es el sentido de las comunidades justas, y no sólo la supervivencia, como en las modernas.


Tacitus

domingo, 5 de marzo de 2017

En la corriente



La corriente de la historia guía nuestros pasos. Incansables, caminamos por donde vemos que se camina. Nos acomodamos y desdeñamos posibles desacomodos y reacomodos. ¿Nuestro contexto es tan poderoso que empuja nuestra voluntad hacia donde quiere?, ¿vamos bebiendo vaso tras vaso de nuestra vida y no sabemos quién nos sirve? Tal vez podamos detenernos y mirar a nuestro alrededor, buscar dónde estamos parados, cómo hemos llegado ahí y qué camino es bueno seguir. 

¿Hay hombres que hacen la historia, hombres que participan en ella, y quienes sólo son guiados por ella? La primera idea nos remite comúnmente a aquellos héroes que debido a sus acciones glorificaron un país o lo mancharon y serán recordados, observados a lo lejos, admirados y repudiados. Los segundos son aquellos que apoyan a los anteriores. Y los terceros parecería que se encuentran entre los afectados, pero los que no pueden hacer nada ante los primeros dos tipos. Aunque, ¿la división es cierta?, ¿todos nos vemos movidos por las grandes figuras? No me refiero a un posible apoyo que podamos otorgarle a los personajes que consideremos que harán algún bien por el lugar donde vivimos, sino a que si sus acciones, por más alejados que queramos encontrarnos de la abundancia o de la explosión, nos afectarán en la toma de nuestras propias decisiones. Tal vez nuestra reflexión sí pueda estar libre de las influencias políticas; aunque para eso debamos de deshacernos de nuestros prejuicios.

Otra manera de explicar lo anterior es pensar en el ánimo que impera en la época. Uno de los dos filósofos del siglo XX decía que actualmente tenemos sensibilidad para que nos guste Dostoyevski, pero no para que nos guste Jane Austen. Nos gusta leer la podredumbre humana porque no creemos en la posibilidad de los caballeros; no distinguimos caballeros de burgueses. Nuestro ánimo nos avienta a seguir ideologías, a carcomer nuestra sensibilidad reflexiva. Sentimos que la filosofía es imposible. Caminamos en la noche del ser.

Fulladosa

viernes, 3 de marzo de 2017

A comentarios necios, oídos sordos

"Problema en el diálogo: aferrarse sin escuchar el comentatio del otro" fue lo que escribí esta mañana en mi cuaderno. Esto mientras un compañero nos mostraba su punto de vista sobre un tema, un tanto desviado, del que en realidad nos atañía. Tal vez sea muy tonta o (y) lenta. Tal vez no le entendí porque dejé de tomarlo en serio en cuanto empecé a desesperarme. Tal vez el chavo realmente estaba neceando. No lo sé, pero fuere como fuere la clase se detuvo y dio miles de vueltas sobre temas que ni siquiera los dialogantes tenían claros. Hablabamos de Prometeo encadenado y terminamos hablando de ciencia y leyes morales. Y, en realidad, no es que no quiera hablar sobre ciencia y ética, ni tampoco es sólo el que el compañero no me agrade del todo. Sinceramente me molesta que la clase se desvíe a temas que sólo interesan a una persona en particular, y más me fastidia si se nota que la persona necea, que no sabe lo que dice o si sólo quiere chingar. Esto no sólo pasó hoy, ha pasado varias veces, en varias clases, desde hace ya vario tiempo. ¿Por qué son así? De verdad, ¿no se dan cuenta de que fastidian a los compañeros con sus preguntas y argumentos perdidos y necios? Y es que en realidad éstas son las palabras que definen sus participaciones en clase y hasta sus preguntas en las conferencias a las que asistimos.
   Una vez le plantée este problema a una amiga y ella me dijo: "yo ya aprendí a cerrar mis oídos; cuando escucho que alguien empieza a necear, simplemente dejo de ponerle atención y me distraigo con otra cosa". Confieso que lo intento seguido, algunas veces lo he logrado pero en la mayoría fallo. Hoy, intentando cerrar mis oídos a la explicación que había escuchado tres veces en la última media hora, llegué a pensar: ¿por qué tenemos que escuchar algo que no es claro ni para el que lo dice, o que atiende al interés de uno sólo? No estoy de acuerdo, pero bueno, esto es aceptable en clases (o por lo menos así lo muestran los maestros). ¿Qué hago, someto a todos a mi voluntad?
La chica entre dos planos  

jueves, 2 de marzo de 2017

Comentario a la película "Fragmentado"

(Alerta de Spoiler)


Resulta bastante funesto apreciar los alcances de un acto humano. Es decir, la vileza y la enfermedad de un individuo puede arrastrar a varias personas en una corriente de interminable caos. Somos seres sociales que a lo largo de la vida vamos creando un tejido de relaciones, somos las maneras en que nos han tocado y las maneras en que hemos tocado a los miembros de ese tejido.

Más allá de lo interesantes que son las películas que tratan el tema de las enfermedades mentales y que los actores que protagonizan al enfermo suelen ser aclamados y muy seguramente merecedores (o al menos nominados) al Oscar. Más allá de las asombrosas actuaciones y lo entretenido de la historia, hay un trasfondo tristísimo dentro de la trama de este tipo de películas: nuestra capacidad para romper a otro ser humano. 

El trastorno de personalidad múltiple  suele ser el resultado de una experiencia traumática en la niñez (y una predisposición genética); en este caso, el protagonista de "Fragmentado", Kevin,  no puede afrontar el abuso de su madre -evidentemente trastornada también- y su cerebro activa un mecanismo de defensa para <<hacerle frente>> a esa situación y sobrevivir. Francamente esa es la parte de la película que más aterradora y conmovedora me pareció, es decir, un niño que no puede con el dolor que vive, y que éste lo fragmenta sólo porque el muy desgraciado tuvo la mala fortuna de nacer en un pésimo lugar...es devastador. 

Es cierto que los alcances de la mente humana resultan verdaderamente increíbles. Tal vez no está tan errada la Dra. Fletcher cuando supone que aquellas personas lastimadas no son inferiores si no superiores al resto de personas, pues el dolor los ha llevado a una especie de evolución donde tienen el poder de cambiar la química e incluso la fisiología de su cuerpo con el poder se su mente. Tal vez visto desde una perspectiva muy fría todo sigue obedeciendo al orden de la naturaleza y a la supervivencia del más apto. Sin embargo, ese es el punto que la mayoría que ha visto la película destacan, yo quiero hacer énfasis no en esta capacidad creativa, si no en la capacidad de destruir.

Si bien Casey logró sobrevivir porque su mente era más hábil para reaccionar a las situaciones de riesgo, eso no deja de lado que había llevado una vida miserable todos esos años, siendo violada desde los cinco años (aproximadamente) por su tío. Que Casey sobreviva por estar rota no es un final feliz. Es terrible si tenemos en cuenta que simplemente en México sucede una violación cada cuatro minutos (sin contar los casos que no se denuncian) y que en la mayoría de los casos es un familiar, ¿de cuántos niños y personas fragmentadas estamos hablando? 

"Fragmentado" es una película que sin ser explícita es basta abrumadora, es aterradora, pero no por las características que estamos acostumbrados a ver en el cine de terror, es aterradora porque dibuja asombrosamente algunos de los rincones más oscuros de la condición humana. Y en efecto, la Bestia existe, y es el propio hombre, emergiendo de un hombre roto para devorar las entrañas de los que se crucen en su camino.


Fuentes:
- Los hechos de violencia que ocurren en México
http://www.animalpolitico.com/2016/11/mexico/


- México es el primer lugar en violencia sexual: ONU en http://www.excelsior.com.mx/2011/12/25/nacional/797160

-Desorden de personalidad múltiple en https://psicologiaymente.net/