Presentación

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viernes, 4 de marzo de 2016

Sobre los lugares a los que pertenezco

Extraños, últimamente yo también me he parecido extraña. Hace unos días, visité el bachillerato al que fui tres años de mi vida, CCH Naucalpan, y la verdad lo digo con mucho orgullo. Orgullo no porque pertenezca a la "máxima casa de estudios", sino porque en esa escuela viví muchas cosas que me han formado y me han hecho pensar lo que ahora pienso (si, aunque sean puras tonterías y cosas sin sentido). En ese lugar conocí a gente con la que quisiera quedarme toda la vida, también personas con las que tuve malas experiencias que me hicieron aprender y otras con las que ya no tengo contacto pero que igual los abrazo donde quiera que estén. Recuerdo que entre clases me reunía con esa gente en el edificio T, a veces estaba en la explanada con otros de ellos, y también bajaba a PEC a saludar a otros amiguitos. En mi último año en CCH, para ser sincera, me sentía más cómoda en un lugar específico, en ese edificio que olía feo porque estaba cerca de los baños de niños, ese que tenia cactucitos que servían para molestar a los demás, en donde tirábamos las mochilas y nos sentábamos a platicar y a burlarnos de quienes pasaban, donde nos refugiábamos muchas veces de la vida fuera de la escuela, el edificio T.

Pero ¿qué pasa ahora? Es cierto que en mi actual escuela no existe un edificio T, y aunque existiera no sería el mismo. Han pasado los años, "el T" no es el mismo y ni siquiera quienes nos juntábamos ahí lo seguimos siendo, hemos cambiado. Una mañana de esta semana, mientras me dirigía a la escuela en un camión lleno de cansancio, aburrimiento, odio y repugnancia, pensé que ya no sé a qué lugar pertenezco, me sentía perdida. ¿Pertenezco a mi nueva escuela, al salón del que ya no salgo más que cuando se terminan las clases, a la casa a la que regresé después de muchos años?

He de confesarles, que cuando empecé a escribir me sentía perdida aún. Mientras elegía la música que no iba a escuchar realmente y que sólo usaría como fondo para no escuchar pequeños ruidos distractores y mientras respondía los mensajes de aquel que me saca miles de sonrisas terminé respondiéndome. Me encontré en cierto sentido. Me di cuenta que pertenezco a todos los lugares y a ninguno a la vez. Me encuentro en aquellos lugares de los que he aprendido, en los que he reído y en los que he llorado, en los que he jugado, leído, cantado, bailado, olido. Soy más que nunca de un lugar cuando me encuentro con alguien con el que disfruto estar, ya sea en el metro, a lado del árbol más frondoso del parque, en los camiones y en las calles caminadas en las tardes. Hoy, por ejemplo, pertenecí a esa parte del metro que se volvió un laberinto para encontrar a quienes me acompañarían a caminar, también a esa pequeña mesa arrinconada en la que la música no se escuchaba mucho pero eso permitía platicar y carcajearnos, a la calle que nos despertó recuerdos y antojos y tal vez a muchísimos lugares más. Pero esto no me determina (cosa que me emociona mucho) ya que sigo aprendiendo, sigo viviendo y cada vez voy teniendo más experiencias, buenas y malas, que me complementan, me terminan de formar.

Sé que en un escrito anterior escribí algo parecido pero, para mí, recordarlo se me hace fundamental e importantísimo. Me sujeta al suelo que a veces se me pierde por flotar en la nada, me alivia y me ayuda a no sentirme perdida. Y sé que ustedes pensarán que los he hecho perder el tiempo, los he interesando con mis recuerdos que terminaron en una confesión de mis sentimientos pero, ¿qué les puedo decir? Tal vez se desahoguen conmigo. Pero en fin, no me hagan mucho caso, que sólo divago.

La chica entre dos planos

jueves, 3 de marzo de 2016

Encuentro con el Diablo



El Sol resplandecía, naranja y majestuoso como es su costumbre. Ellas apenas cabían de emoción y expectación, cualquier aventura en ese apreciado bosque es bienvenida. Y ahí estaban, las mochilas a la espalda,las sonrisas en los rostros y el monte ante a ellas. El olor a humedad caliente, pino y tierra perfumaba la escena. 

-Estoy emocionada.
-Yo también, ¿crees que logremos subir y bajar antes de qué se ponga el Sol?
-Siempre y cuando nos demos prisa. No creo que tardemos mucho. Anda.
-¿Cómo llegaremos hasta la cima?, ¿realmente crees que este camino nos lleve?
-Mira, lo tomaremos y cuando veamos que el camino se termina o se desvía simplemente empezaremos a subir, ya arriba sabremos que estamos en la cima.
-Mmm... ok.- Sin más se pusieron en marcha.

El monte estaba decorado con un caprichoso bosque de pino, encina, y otros arboles del genero de los quercus. El suelo estaba forrado de hojas secas color rojizo, los arboles hacían todo lo posible por permanecer unidos y la luz apenas entraba. Ellas, sin embargo caminaban riendo a la expectativa de la asombrosa vista que les estaría aguardando al llegar a la cúspide. Habían esperado tanto esa aventura, ese día con clima perfecto, ese bosque, ese monte que en la cima, años atrás, había sido devastado por un incendio y ahora presumía, como una corona, aquella circunferencia despoblada de arboles, pero verde. ¡Oh, ya podían verse sentadas en aquel verdor, sintiendo el Sol y viendo las montañas, el río y los kilómetros de bosque que les fuera permitido ver! ¡Qué delicia! (El lector que ignore lo que es ver un atardecer o un amanecer en el bosque abierto, o que simplemente ignore la pasión que despierta caminar entre el denso follaje oyendo el susurrar de las hojas y del río, difícilmente sabrá la ansiedad que provoca un panorama como el que ellas fantaseaban). 

Caminaban un poco separadas la una de la otra, con unos cien pasos de sana distancia y como cabía esperar el sendero que se abría entre aquella alfombra natural de color rojizo, había desaparecido después de unos metros de haberlo tomado, caminaban cuesta arriba haciéndose camino entre la cerrada vegetación, ambas tenían las manos y la cara arañada pero la excitación seguía ornamentando sus rostros. Llevaban palos a modo de bastón para no caer, la pendiente empezaba a hacerse pronunciada, pronto tendrían que empezar a escalar. En ocasiones los pies se les hundían hasta la espinilla en aquel grueso tapete que había elaborado la naturaleza y el paso del tiempo. Pasaron un par de horas sin grandes pormenores, salvo que por ningún lado lograban ver la cima, los arboles altos y apretados con trabajo permitían ubicar la posición del Sol.

- ¿Y si nos perdemos?
-No lo creo. Si no llegamos a la cima y han dado las cinco de la tarde, entonces comenzaremos a bajar. Seguro encontramos un guardabosque.
-Estás tan segura de que no habrá pormenores en el descenso, ¿verdad?
-Ni siquiera lo había pensado ¡Qué pesimista!

En eso estaban cuando, sin más, se terminaron los arbustos y los arboles, fue como atravesar una pared de hierba y llegaron a un sendero, bello y antiguo, era un sendero de piedra cubierto por pequeñas hierbas rojizas, se semejaban bastante a los tréboles; esas pequeñas "florecillas" adornaban el camino de piedra que tenía unos dos metros de ancho.

-¡Vaya! pero ¿qué hace este camino en medio del bosque?
-Debimos ser arqueólogas.
-Se nota que nadie ha pasado aquí en años.
-¡Qué miedo!
-Jaja ¿por qué miedo? Más bien ¡qué emoción!
-No sé, ¿por qué hay un sendero aquí?
-Vamos, camina. Veamos si nos lleva a la cima.

Caminaron unos trecientos metros hacia donde imaginaban que estaba la cima, sin embargo se encontraron con que no había más camino, así como habían salido de la espesa vegetación, así se toparon con arboles,arbustos y troncos muertos que marcaban el final del camino.

-Bueno, pues demos vuelta y comencemos a descender.
-Guau, realmente quisiera saber que tan antiguo es este camino, ¿crees que lo hayan usado los monjes para ir al convento?
-No lo sé, pero ese convento se me hace muy tétrico.
-¿Sabías que cuando lo re-abrieron encontraron cientos de esqueletos de los bebés que abortaban las monjas?
-No, y eso sólo ayuda a reafirmar mi opinión de que es tétrico.
-Hay que bajar, espero que este camino son lleve a la carretera, ahí podemos pedir un aventón. Estoy cansada.
-Vamos pues.

Caminaron unas dos horas, cuesta abajo y no lograban ver que cambiara la vegetación que les indicara que estaban cerca del punto de partida. Después de dos horas y media el nerviosismo se había apoderado de las dos, pero ninguna rompía el silencio. El cielo comenzaba a pintarse de tonos sanguíneos y magentas, estaba a punto de atardecer y ninguna podía ya disimular su preocupación. Una de ellas, la más valiente, estaba a punto de hablar y proponer algo, pero tuvo que callar y al igual que su compañera detuvo sus pasos en seco. Enfrente de ellas, a unos quince metros, el camino terminaba formando un circulo a modo de claro, y ahí, en medio del circulo, como si fuera una sátira de una glorieta, había una vaca blanca (si así se le puede llamar) musculosa y perfecta, era del alto de un hombre promedio y estaba apacible mirando a aquella pareja de seudo-aventureras. Más tarde, haciendo memoria, no lograron descubrir porque se habían quedado paralizadas con un miedo inexplicable ante ese imponente animal de una blancura abrumadora.

-Retrocedamos lentamente.
-De acuerdo. Metámonos en la yerba espesa, ¡al diablo el camino!

Empezaron a retroceder lentamente cuando de la nada asomaron unos cuernos como de treinta centímetros de largo, perfectamente puntiagudos y blancos; después salió una cabeza negra y posteriormente el cuerpo al que pertenecía. Un toro (o algo muy semejante), de un negro azabache y de  músculos poderosos, dignos de un semental, salió a perturbar más la escena, pues sus proporciones eran escalofriantes, la vaca blanca que antes parecía enorme, al lado de aquella bestia negra se veía pequeña y menuda. El toro se detuvo imponente y digno, miró a aquellas chicas, le miraron, pero sobre todo miraban esos atroces cuernos. Estaba anocheciendo.

-Podría atravesarnos con sus cuernos. -susurró una.
-Correremos hacia la hierba- Contestó también en susurro.
-¿Qué?
-¡Correee!

Gritó eso mientras comenzaba a correr, su amiga tardo cinco segundos en reaccionar y corrió detrás de ella, ninguna volteo jamás pero escuchaban al animal persiguiéndolas, sus pesuñas retumbaban en el camino de piedra y ellas hacían todo lo posible por no desmallarse de terror. Las ramas les rasguñaban con saña la piel y arrancaban algunos de sus cabellos. Sin duda habían salido del camino, ese animal no podía meterse en aquella yerba. Sin embargo escuchaban un bufido salvaje y poderoso a sus espaldas. Ambas corrían con todas sus fuerzas y habilidades para no romperse un tobillo en aquel terreno. El declive comenzó a hacerse más pronunciado y de un momento a otro estaban rodando en aquella alfombra esponjosa y rojiza de hojas rojas. La menos afortunada se encontró con un árbol que paró en seco su descenso, le sacó el aire, pero no había tiempo para sufrir, se incorporó y buscó en todos lados a la bestia, no la encontró. Era difícil que un animal así pudiera andar por aquel terreno, pensó. Se percató que su compañera seguía rodando, pero que la velocidad iba disminuyendo así que corrió hacia ella y la ayudó a incorporarse. Al levantarse miró a todos lados, aún temblando. Al instante vieron unas luces a algunos metros, entonces un claxon sonó.

-Mira, la carretera.
-¡Llegamos!
-¡Vamos! ¡Vamos!

Corrieron entre los arboles, gritando e intentando acortar la distancia con insoportable ansiedad. A veinte metros una Jeep de la seguridad del Bosque Nacional del Desierto de los Leones estaba esperándolas, aparentemente. Las chicas salieron de entre los arboles, tuvieron que saltar unos arboles caídos que separaban la carretera del bosque. Había un guardabosques afuera del vehículo, al mirar a aquellas jóvenes de cabellos despeinados, rostros rasguñados y llenas de hierba y polvo, quedó boquiabierto.

-¡Nos ha perseguido un animal, señor!
-¡Era enorme!
-He escuchado sus gritos y he parado, ¿están bien?- Logró al fin decir el guardabosques.
-¡Sí, sí. Estamos bien, pero fue aterrador. Debió ver el tamaño de ese animal!
-¡Sus cuernos!
-Tranquilas, tranquilas, suban al carro, las llevaré al pueblo.

Las chicas obedecieron. Ya en la Jeep miraron con recelo el bosque que para ese entonces empezaba a sumirse en la oscuridad.

-A ver chicas, cuéntenme ahora sí lo que pasó. No deberían adentrarse al bosque solas, hay muchos animales salvajes. La gente lo ignora pero hay serpientes de cascabel, perros salvajes, arañas venenosas...
- Pues a nosotras nos persiguió un toro gigante.
-¿Qué? ¿Cómo?
-Sí, un toro negro gigante, sus cuernos eran enormes.
-Sí, era muy musculoso, como un semental. Tal vez es un toro salvaje...
-¿Qué? ¿No lo entienden? No son de por aquí, ¿verdad? ¿Sus abuelos no les cuentan historias o qué pasa con ustedes?
-No entiendo señor...
-¡Vieron al Diablo, niñas! La gente de aquí dice que en la noche baja del corazón del bosque el Diablo y tiene forma de toro, es negro profundo y su tamaño es colosal, sus cuernos son de marfil...
-Espere, ¿dice que nos persiguió el Diablo?
-Sí, la gente dice que...
-¿El Diablo? ¡Nos persiguió el Diablo! -Se miraron con aquella mirada de cómplices y ambas comenzaron a reír sin parar- Jajaja el Diablo ¿en serio? jajaja...







miércoles, 2 de marzo de 2016

El trastorno de Linus

Ya se ha tocado el mundo de las historietas en otras ocasiones. Una que otra sección ha referido a ellas de manera mínima o implícita, ahora no será la excepción. Quizá no tenga habilidades fuera de lo humano, ni siquiera la valentía de otros héroes arrojados. Sin embargo sí comparte ese origen en común, incluso el mismo destino al tener presencia en las salas de cine. Su imagen ha sido muy difundida, aunque no acabe por superar al perrito simpático que baila o duerme sobre su casa roja. Muchos reconocemos al niño por tener poco cabellos sobre su cabeza y andar por lo regular con los ojos cerrados, en un estado de sosiego que podría ser la envidia de varios citadinos. Se ve que su serenidad se nutre de un peculiar acto: con una mano sostiene una frazada azul, con la otra succiona su dedo a modo de biberón. Podemos imaginar que la suavidad de la frazada lo reconforta de sus preocupaciones o temores o que su dedo es una reminiscencia a su crianza cuando era un bebé y su madre lo acogía en sus cálidos brazos. Jugar al psicoanálisis puede llevarnos a un lado.

Así como el niño mencionado, deben existir otras personas que necesiten de su frazada para vivir. En numerosas ocasiones vemos cómo este personaje se desquicia cuando no encuentra o le arrebatan su compañero azul. La relación quebrantada con su manta es de pertenencia, como si hubieran desprendido una parte de su cuerpo. En nuestra vida regular podemos parecernos a dicho personajes. Es muy de nosotros atesorar cosas que asumimos especiales, distintas al resto. A veces son juguetes que nos remiten a escenas infantiles o artículos de joyería que nos conquistan con su brillo. Sentimos que hallamos el cofre, pudimos rescatar el oro de las arenas del tiempo, y ahora es nuestro. Lo guardamos en lo profundo de nuestra morada. En ocasiones esta pertenencia nos brinda seguridad, frente a la adversidad seguimos teniendo algo nuestro que nos devuelve la alegría.

Este oro no siempre es material, puede haber otras instancias a la que nos aferramos para reconfortarnos en serenidad. Por ejemplo, en nuestras universidades habitan una variedad de personas que su vida depende del recinto. Entre académicos y estudiantes, al igual que Linus, se desquician cuando les retiran su frazada. Asimismo desprecian con facilidad mientras la mantengan, llegan a exaltar su corazón universitario y creen encontrarse al margen del mundo. ¿Sucederá algo semejante entre las personas? ¿Habrá pertenencia por alguien que nos mantenga contentos y calmados? En ese caso nuestras relaciones amistosas podrían ser como aquella frazada: suaves cuando estamos cerca de los amigos y sollozamos porfiadamente al sabernos necesitados de ellos. 

martes, 1 de marzo de 2016

Dilemas constituyentes

La constitución es un texto fundamental en Estados con tradición de derecho romano, como lo es el mexicano, ya que en ella se dan las prerrogativas mínimas y la forma de organizar una determinación geográfica. Si bien es cierto, la constitución federal es aquella que va a regir sobre las locales, por la importancia de la colectividad (federación) sobre las particularidad (Estatal), también lo es que la constitución local refleja mucho del carácter de una población y más aún, delimita el margen de acción, en terminarnos legales, de la misma; por tanto, no es un tema menor el de la asamblea constituyente. Lo primero que tendríamos que pensar en términos políticos, sería si la misma es producto de una reacción desde arriba, como podría ser un acuerdo entre los partidos para conceder dicha prerrogativa a cambio de estabilidad política; o una presión desde abajo, producto de las movilizaciones de los últimos años, pues dependiendo de lo que creamos es el génesis de la reforma , influirá en las expectativas que tengamos sobre la el constituyente.

Un problema aparte del origen de dicho cambio, es respecto al cambio mismo, quién lo genera, se ha hecho un lista de notables, intelectuales del feminismo  y los derechos humanos, que prometen dar una constitución progresista, pese a que muchos de ellos lo que predican hoy en la practica no sean congruentes con su pensamiento. Así pues nos encontramos ante un viejo problema, la ley la debe redactar un grupo ilustrado que podría dar solución a problemas que ni siquiera hemos pensado, o por el contrario, dado que son personas que no viven las condiciones de los miles de capitalínos no serían los más capacitados de dotar de un marco jurídico a una realidad que les es ajena. Si aceptamos la última proposición, la solución seria algún candidato independiente, por fuera de la ubicación de los intelectuales de los partidos, o por el contrario, reforzando la primera propuesta debe ser necesario que un erudito en cada tema redacte la parte correspondiente a su saber.

otro problema a pensar en torno al cambio administrativo de la capital es respecto a cómo será el final la distribución de los puestos, ya que si se divide el territorio en municipalidades, que como se sabe tiene como cabeza al presidente municipal, no creo que haya cambio sustancial respecto a la figura del jefe delegacional, por otro lado si llega a quedar una distribución por alcaldías, al ser un órgano colegiado, puede que signifique una democratización, al menos en el intento, del Distrito federal, lo que sería un campo de pelea más importante a la hora de las elecciones.

Aquí se han vertido diversos problemas a la hora de pensar el cambio histórico en la administración de la capital, la cual solo la misma historia marcará si fue bueno o malo en función de los intereses de la mayoría o en función de aquellos que configuraron dicho cambio.  Finalmente, lo aquí dicho solo es un marco de reflexión que más que proponer soluciones, plantea dificultades e invita a la profundización de un tema tan relevante como el aquí expuesto.