Presentación
Silencios
lunes, 17 de julio de 2017
Aliosha
De padre vicioso y de madre virgen
resultaste. Cuando murió tu madre
sufriste el abandono de tu padre.
¡Ay, Alexei, eres un héroe, eres bien!
Nunca conociste el amor de hermano,
e incluso sin saberlo siempre armaste,
tanto al patán como al que lleva un lastre
de sabiduría; amor lejano.
Conociste el amor muy de cerquita
por medio del starets venturoso
que en el amor tuyo encontró el precioso
amor divino que todo facilita.
No te aflige la muerte pues compartes
fe, esperanza y amor por todas partes.
Talio
Pretexto texteado: seguimos en las mismas mis buenos amigos. Ya no tengo más que decir. Gracias.
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De chistes malos y bromas pesadas
Yo no soy el tipo más brillante, pero sí, muy seguramente y en mi humilde opinión, el más torpe.
sábado, 15 de julio de 2017
Legión
Legión
"Reconozco que un espíritu impuro debe de
alojarse en mí, pero sin duda es muy modesto. Si fuera más importante, habría
buscado otro alojamiento."
"Ahora me doy cuenta de que, al hablarle de
mi horror por la ingratitud, sólo esperaba sus elogios por mi sinceridad"
El
corazón ansía, pero no a ti. La razón estira las manos esperando alcanzarte,
pero no consigue nada, y es que aún eres ajeno para mí.
¿Por
qué te tomé entre mis lívidas manos? No lo recuerdo, pero se me ocurre que por
algún gusto, o mejor dicho, por algún rencor –Yo diré que por amor a la
elevación. Has de haber caído en el olfato de mi libido que ansía poseer algo. ¡Temeroso
hipócrita de sí mismo!
¡Qué
ingrata es la fama del escritor! Ésta lanza los frutos, las llamas vivas de su
ingenio hacia cualquier par de manos, por ejemplo éstas que avanzan con
lujuria, con orgullo y sin talento por sus pliegos. Deberían escoger bien a sus
invitados. ¿No han escuchado eso de “en manos peligrosas esto sería un arma
mortal”? Imaginen ahora qué sería en manos torpes, inseguras de sí mismas:
frutos secos, esterilidad vanidosa.
¿Por
qué, poetas, sabios, amigos, me hablan? Creo que nunca he podido dejarme llevar
por sus mares de pasión y sabiduría. Soy desconfiado y no me dejo envolver por
ustedes, ¿qué sé entonces? ¿No ven que me atormentan? El ignorante es siempre
más feliz, y sin embargo, esto lo aprendí con ustedes.
No me
queda más que levantarme y creer su piadosa labor.
Veo mi
problema y lo denuncio, pero ¿es, acaso, ésta mi salvación? O ¿sólo me complazco
en el lirismo con que muestro a mi demonio? ¡Absurdo todo esto!
Abro
los ojos y veo que a dentelladas mustias la vanidad se alimenta. Un miserable
eleva la puerta y desde adentro ve tranquilo la tormenta.
Javel
lunes, 10 de julio de 2017
Círculo familiar
Círculo familiar
Se piensa anatómicamente (y mal)
cuando se hacen apologías de las relaciones carnales, como la familia. Lo
llaman núcleo, base de la sociedad, pensando la organización política en capas
o en círculos concéntricos. Pero ahí hay un problema: los círculos concéntricos
no tienen base: el círculo del centro no sostiene a los demás, sino que a lo
mucho está incluido en ellos, como si fuera cubierto, pero los otros son igual
de circulares, sin importar el tamaño. ¿Sostiene a la política, a una nación, e
comportamiento de las familias? ¿Qué círculo es? Si son círculos concéntricos,
a los que no se asciende ni se desciende, como los del infierno, al estar
circundados todos, exceptuando al último, el centro no es tal sino en relación
con lo demás, lo cual quiere decir que la relación entre partes puede ser
dialéctica en esos casos, que es otro modo de mostrar que la familia no puede
pensarse sólo como base social o política sin atreverse a entender lo político
en alguna medida. No hay conocimiento de la familia sino se da en una
investigación en torno a la política. Es cierto que la metáfora del seno
familiar funciona para instruir mínimamente el alma, pero también es cierto que
los hombres pueden aprender mucho más, tanto para su bien como para mal.
Esa relación está presente en las
apologías modernas y falaces de ella. Nadie defiende la familia si no es como
parte de una visión política y de lo natural. La cuestión central (eros y lo
político, en juego con lo privado) hace presencia en los tropiezos de
intolerancia, de desesperación, pesimismo, y falso optimismo. La familia de
padres gay, por ejemplo, sería antinatural si la base sexual de la reproducción
fuera lo definitivo del bienestar familiar, asi como del fin de tener familia,
lo cual ninguno de los defensores “religiosos” de la familia estaría dispuesto
a defender una vez se den cuenta de la contradicción entre el “afecto” natural
y la cuestión reproductiva. Las personas del mismo género no pueden
reproducirse sexualmente, eso es claro; y la familia tampoco es del todo una
reproducción espiritual, al menos no en los términos que se piensa con
comodidad al afirmar que la homosexualidad es algo que se aprende. Aquí debe
ser más evidente la contradicción. Si el amor es una reproducción conductual,
¿dónde se halla el espíritu humano, el amor que debe ser enseñado? Queda la
sexualidad, el pragmatismo. La educación moral es siempre sexual. Pero la
naturaleza es más compleja. Nadie puede ir en contra de ella. Mucho menos el
amor, que es una muestra clara de ella en el caso del hombre.
La utilidad de los hijos no se
puede comparar con la de un contrato. Se pierde paz, sueño, dinero y tiempo. Se
gana satisfacción en la presunción de sus logros, en la confianza de su éxito y
en el logro de él. Sospecho que la utilidad real de la familia no es muy
distinta, agregando los placeres que nacen de la vida conyugal (que para muchos
se pagan con otros inconvenientes). En la posible ambigüedad sobre su
naturaleza entran los argumentos de la dictadura, ilustrados para siempre de
manera exacta por Platón: las familias adoctrinadas, las escuelas públicas
sirven para guiar a Eros a voluntad de la única ley. Es el mismo principio en
contra de la homosexualidad, perseguida por ser una enfermedad, una desviación
del amor. No hay “papeles obligatorios” para la mujer, aunque sí lugares
políticos; los lugares de madre y esposa son elecciones en gran parte (uno
puede ir sin el otro), pero eso no quiere decir que sea lo mejor o lo único que
puedan hacer. Aun el papel de madre
puede -perdiendo mucho de su sentido- referirse sólo a la concepción, sin
acabar con el misterio entero del nacimiento carnal y la vida, es decir, sin
escoger la manipulación de la vida que es el aborto (que nunca es decisión
solamente sobre el cuerpo). Si esos son sus papeles naturales (en el sentido de
estar creadas para ellos), su lugar en la sociedad puede estar determinado por
los mismos, pero no de manera necesaria. El celibato y la soltería son igual de
ponderables que para un hombre, sin dejar de ser elecciones, modos de vivir que
no nos quitan en nada lo político. El hombre o la mujer gay que no puede
procrear no por ello renuncia a la opción de una familia: puede educar como
padre y madre (aunque sea en sentido figurado y limitado, pues no tiene los
dones de la carne femenina o masculina, según sea el caso). El deseo amoroso en
los hijos, digan lo que digan, nunca obedece a los deseos de sus padres.
Eso no mengua la política en
ningún sentido: sociedades sobran (nos consta) en donde se persigue la
homosexualidad al defender lo familiar y se actúa con poco civismo. Por eso es
comodidad y no verdad el sostener a la familia como el núcleo último de lo social.
La evidencia familiar de mando y obediencia es lo que la hace funcionar, así
como al ámbito de la práctica, en donde mando y obediencia se requiere hasta en
las democracias (sobre todo en ellas). La naturalidad de la familia no se basa
en la autoridad de un género: por eso requiere de una pareja, o de la
multiplicación de una persona. No es cierto que la familia sea una costumbre: siempre
es una elección. Incluso las señoritas inglesas (que vemos abnegadas) lo
sabían, emocionándose ante esa noble aspiración; los dramas en torno a la
suerte con los esposos y las proposiciones amorosas tienen parte de su gracia
sutil en eso.
Tacitus
domingo, 9 de julio de 2017
El profeta
A veces podemos creer que
entender la realidad es fácil, que el paso por la vida no tiene grandes
complicaciones y todo lo que afirmemos sobre ella es tan fácil como emitir
palabras. Pero ante un problema, algo cuya resolución exige salir de los
rutinarios clichés, comenzamos a pensar, a intentar comprender nuestra
situación; cómo empezamos a estar así, cómo llegamos al embrollo, nada nos
resulta claro. Leer es algo semejante. Todo resulta confuso cuando no logramos
entender lo escrito. Probamos de una manera, de otra, y el contenido sigue sin
decirnos nada. Si suponemos que lo entendemos, parece que queremos acomodar lo
leído a lo que nosotros queremos pensar sobre ello; es decir, le inventamos un
significado, no pensamos mediante ello. Aceptar que así leemos es aceptar que
nunca podremos interpretar. Por eso ninguna interpretación es infinita. Todo
buen escrito habla de generalidades humanas que pueden hacernos pensar
particularidades. El acto de interpretar es intentar recorrer ambos extremos; clarificarnos
en su recorrido.
El poema El profeta, del autor ruso Alexander Pushkin, requiere de un
tremendo esfuerzo para intentar entenderlo. Pero todos entendemos qué es estar
atormentado por una sed espiritual, vagando sin rumbo, sin encontrar sentido a
nuestras acciones, sin ser felices. El mundo, en sus aparentemente infinitas
posibilidades, no nos llena; nos arrastramos enceguecidos por los destellos del
falso éxito, por desiertos que no saciarán nuestra sed, que no nos darán
felicidad. En tal situación, la aparición de un Serafín es milagrosa, de un ser
bajo cuya presencia no sabemos qué somos. ¿Qué es un Serafín en nuestra
errática vida?, ¿qué significa que tenga seis alas?, ¿simbolizará, cada ala,
los seis días de la creación de Dios? Al menos sabemos que es el primer
contacto del hombre sediento de espiritualidad, sediento de Dios, con Dios
mismo, según el poeta.
La hipótesis de que el Serafín
nos refiere a la creación se refuerza si contemplamos que éste le abre los ojos
al mortal. Desde ahí verá diferente. Ya no ve yermos desiertos; tampoco
escuchará la monótona arena paseando a su lado, escucha el cielo creado en el
primer día, a los ángeles, quizá creados junto con el cielo; escucha las aguas,
hijas del segundo día de la creación y sus naturales creaturas, los peces;
finalmente escucha cómo crecen las viñas en la tierra, las cuales fueron
creadas el tercer día. El Serafín amonesta al mortal, le hace ver la riqueza de
la creación de un modo que él medianamente, en su infinita ignorancia, puede
comprender. El hombre sólo siente lo magnífico de la creación una vez que un
ser divino se lo ha mostrado, una vez que sabe que Dios, en su infinito amor,
ha creado todo eso. ¿Quiere decirnos el poeta que somos incapaces de entender
la creación? O, más bien, ¿que toda comprensión atea de lo creado será siempre
desértica, nunca nos satisfará, siempre nos dejará en el profundo abismo de la
infelicidad? Gracias al Serafín, el hombre mira diferente.
Una vez que el hombre ha
aprendido a contemplar la creación, quizá por primera vez, el Serafín condena
su pecado, le hace ver que su razón era mal utilizada e insuficiente para lo
que le espera. Por ello le da la razón del animal más astuto de la creación: la
serpiente. Que su lengua sea bífida no es únicamente para que encaje
adecuadamente con la descripción de la serpiente; quiere decir que la más
grande inteligencia nos tienta, podemos decir la verdad o encubrirla, aparentar
o ser sinceros, manipular o actuar bien. Intentando aminorar la tentación, le
son arrancados los deseos humanos de manera violenta; ¿o nos querrá decir el
poeta que el dolor de la culpa es tan intenso como si nos arrancarán el corazón
y que sólo lo podemos sentir gracias a una intervención divina?, ¿los deseos,
los malos deseos, tendrán como última parada un terrible y solitario dolor? Lo
que sabemos es que el hombre ha vuelto a tener un cambio. En alguna medida
sigue siendo humano, pero ha tenido un encuentro divino. ¿Ha muerto o ese
encuentro ha dotado a su vida de una responsabilidad?
En lo que parece su peor momento,
el hombre es levantado por Dios, Quien le ordena, pues Dios, así como levanta a
un hombre sin corazón, ordena. El hombre deja de ser únicamente hombre para
volverse un profeta, alguien que se ha vuelto sabio, pues ha mirado y escuchado
a la Divinidad, le ha sido concedido el Don de la inteligencia, ha podido
contemplar buena parte de la creación. Además, Dios lo llena de su voluntad, le
sacia su sed espiritual. Y Dios le encomienda una misión, que el profeta, el
contacto del hombre con la divinidad, vuelva felices a los hombres de la única
manera en la que un hombre puede ser feliz: pensando la palabra de Dios.
"De sed espiritual atormentado
Por yermos desiertos me arrastraba
Hasta que un serafín de seis alas
Apareció ante mí en la encrucijada
Ligeros como un sueño
Sus dedos posó sobre mis ojos
Que se abrieron avizores
Cual los de un águila asustada;
Tocó entonces mis oídos
Colmándolos de sonidos y clamores:
Y escuché a los cielos estremecerse
Y el aleteo de los ángeles en lo alto
Y el discurrir de los peces bajo las aguas
Y el crecer de las viñas en los valles.
Inclinándose entonces sobre mi boca
¡Arrancó mi lengua pecadora, mentirosa y calumniadora
Y su mano ensangrentada
Entre mis labios entumecidos introdujo
Y me embutió la bífida lengua de la serpiente sabia!
¡Y con su espada mi pecho seccionó!
¡Y tras arrancar mi corazón palpitante
Tomó en su mano un ascua ardiente
Y en el espacio hueco la enterró!
Exánime yacía yo sobre la arena
Y Dios con su voz me ordenó:
“Levántate, profeta, mira y escucha
Empápate de mi voluntad,
Recorre los mares y la tierra
y con tu palabra prende los corazones”."
Por yermos desiertos me arrastraba
Hasta que un serafín de seis alas
Apareció ante mí en la encrucijada
Ligeros como un sueño
Sus dedos posó sobre mis ojos
Que se abrieron avizores
Cual los de un águila asustada;
Tocó entonces mis oídos
Colmándolos de sonidos y clamores:
Y escuché a los cielos estremecerse
Y el aleteo de los ángeles en lo alto
Y el discurrir de los peces bajo las aguas
Y el crecer de las viñas en los valles.
Inclinándose entonces sobre mi boca
¡Arrancó mi lengua pecadora, mentirosa y calumniadora
Y su mano ensangrentada
Entre mis labios entumecidos introdujo
Y me embutió la bífida lengua de la serpiente sabia!
¡Y con su espada mi pecho seccionó!
¡Y tras arrancar mi corazón palpitante
Tomó en su mano un ascua ardiente
Y en el espacio hueco la enterró!
Exánime yacía yo sobre la arena
Y Dios con su voz me ordenó:
“Levántate, profeta, mira y escucha
Empápate de mi voluntad,
Recorre los mares y la tierra
y con tu palabra prende los corazones”."
Fulladosa
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